La intervención papal contra los jansenistas (1794)
Una de las referencias magisteriales más relevantes en la historia del término «limbo» es el toro Auctorem fidei (1794), citado en el marco del examen de la doctrina por la Comisión Teológica Internacional.
En ese documento, se condena como «falsa, imprudente y perjudicial para las escuelas católicas» la enseñanza jansenista que rechazaba como fábula pelagiana el «lugar de las regiones inferiores» —al que los fieles llamaban «limbo de los niños»— donde las almas con solo culpa de pecado original serían castigadas con el castigo de los condenados, sin el castigo del fuego.
La Comisión Teológica Internacional subraya un punto crucial para el estatuto doctrinal de la hipótesis:
las intervenciones papales «protegieron la libertad de las escuelas católicas para afrontar esta cuestión»;
“no respaldaron la teoría del limbo como doctrina de fe»;
sin embargo, el limbo permaneció como enseñanza católica común hasta mediados del siglo XX.
De este modo, el magisterio no se presenta como una aprobación plena y dogmática de una teoría cerrada, sino como una intervención correctiva frente a un error acusado de asociar el tema al pelagianismo.
El papel del Concilio de Florencia y el significado de «infierno» con castigos diversos
En el análisis histórico citado, se menciona que el Concilio de Florencia (1439–1445) formula una definición que vincula la suerte de quienes mueren:
afirmando que «descienden inmediatamente al infierno, pero para sufrir castigos de una clase distinta».
Este lenguaje ha sido interpretado de diversas maneras por la teología: si todos los que mueren en pecado original «solamente» descendieran inmediatamente al infierno, la hipótesis del limbo existiría precisamente para explicar que el «infierno» puede implicar distintos modos de castigo, no idénticos en sentido estricto.
En el mismo marco se recuerda que, si el limbo fuese solo una opinión sin peso interpretativo, quedaría todavía la tarea de explicar el sentido del «infierno» en Florencia. La discusión, por tanto, no es meramente terminológica: toca cómo entender la noción de «infierno» y sus grados o modos de castigo.