La parte principal de la Liturgia de la Palabra está compuesta por las lecturas de la Sagrada Escritura, junto con los cantos que se intercalan entre ellas,. La homilía, la profesión de fe y la oración universal (o de los fieles) desarrollan y concluyen esta parte de la Misa,.
Las Lecturas Bíblicas
La Sagrada Escritura tiene la máxima importancia en la celebración litúrgica, de modo que las lecturas bíblicas no pueden ser sustituidas por otras, por venerables que sean,. El Concilio Vaticano II, a través de Sacrosanctum Concilium, impulsó una reforma del leccionario para ofrecer una provisión más rica, variada y adecuada de textos bíblicos a los fieles,,,. Esta reforma ha dado como resultado un acceso más abundante a la Escritura, especialmente en la Misa dominical.
La estructura actual del leccionario presenta los textos más importantes de la Escritura con cierta frecuencia y ayuda a comprender la unidad del plan de Dios gracias a la interrelación de las lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento, donde Cristo es la figura central, conmemorada en su misterio pascual,.
Generalmente, las lecturas en la Misa dominical y festiva son las siguientes:
Primera Lectura: Tomada del Antiguo Testamento (o de los Hechos de los Apóstoles en el Tiempo Pascual), seleccionada para armonizar con el Evangelio del día.
Salmo Responsorial: Un salmo que sigue a la primera lectura, meditado y cantado como respuesta a la Palabra de Dios,.
Segunda Lectura: Generalmente de una de las cartas de los Apóstoles o del Apocalipsis. En las celebraciones dominicales, suele ser una lectura semicontinua de las Cartas y no siempre está explícitamente relacionada con las otras lecturas, aunque siempre es posible encontrar conexiones en virtud de la unidad de toda la Escritura.
Aclamación al Evangelio: Generalmente el Aleluya, que prepara a los fieles para la proclamación del Evangelio.
Evangelio: La lectura principal, tomada de uno de los cuatro Evangelios, ocupa el lugar preeminente. Durante la lectura del Evangelio, la asamblea permanece de pie en señal de reverencia a Cristo que habla.
En algunas celebraciones, como en las Misas de los días feriales, puede haber solo dos lecturas: una del Antiguo o Nuevo Testamento y el Evangelio, precedidas por un salmo responsorial.
La Homilía
Después de las lecturas, el celebrante pronuncia la homilía,,. La homilía es una parte integral de la liturgia y es de gran estima. Su propósito es explicar la Palabra de Dios anunciada a los fieles y adaptarla al sentido de la época actual. No se trata de hacer que las lecturas de la Misa se ajusten a un esquema temático predefinido, sino de invitar a los oyentes a reflexionar sobre la fe de la Iglesia tal como emerge naturalmente de las Escrituras en el contexto de la celebración litúrgica,.
La homilía debe nutrirse principalmente de fuentes escriturísticas y litúrgicas, proclamando las maravillosas obras de Dios en la historia de la salvación y el misterio de Cristo, siempre presente y activo entre nosotros. En las Misas con participación del pueblo los domingos y fiestas de precepto, la homilía no debe omitirse, salvo por una causa grave.
Profesión de Fe (Credo)
Si se considera oportuno, después de la homilía se puede recitar o cantar el Símbolo de la Fe (Credo),,. A través de la profesión de fe, el pueblo afirma su adhesión a la Palabra de Dios que ha escuchado.
Oración Universal (Oración de los Fieles)
Finalmente, habiendo sido alimentados por la Palabra, los fieles elevan sus peticiones en la Oración Universal por las necesidades de toda la Iglesia y por la salvación del mundo entero,,.