Fidelidad al texto latino
El principio fundamental de Liturgiam authenticam afirma que la traducción litúrgica debe trasladar el texto original de manera íntegra y exacta, sin omisiones, añadidos, paráfrasis o comentarios explicativos incorporados al texto. La lengua de llegada puede adaptar el orden de las palabras, la sintaxis y el estilo, pero debe conservar el contenido del original.
La fidelidad no exige reproducir artificialmente cada palabra o construcción latina. El traductor puede reorganizar una frase para que resulte comprensible y apta para la proclamación y la oración en la lengua vernácula. Sin embargo, esa adaptación formal no puede alterar el sentido teológico, espiritual o litúrgico de la oración.
El criterio puede resumirse en tres exigencias:
- Integridad: no eliminar elementos significativos del original.
- Exactitud: expresar correctamente su contenido doctrinal y literario.
- Dignidad litúrgica: producir un texto apropiado para la celebración pública.
La traducción dinámica y la traducción fiel
La discusión sobre Liturgiam authenticam suele referirse a dos modelos de traducción: la equivalencia dinámica y la correspondencia formal o traducción fiel.
La equivalencia dinámica intenta comunicar el efecto o significado global del texto mediante expresiones naturales para los hablantes de la lengua receptora. En este modelo, el traductor puede alejarse considerablemente de la forma original cuando considera que esa modificación facilita la comprensión. Su ventaja consiste en una mayor fluidez pastoral; su riesgo aparece cuando la interpretación del traductor sustituye contenidos teológicos presentes en el original.
La correspondencia formal procura mantener más estrechamente las palabras, imágenes, estructuras y relaciones conceptuales del texto de partida. Una aplicación extrema puede producir una traducción rígida o poco natural, pero también protege mejor la continuidad terminológica y la precisión doctrinal. La literatura litúrgica ha advertido que una correspondencia formal reducida a reproducir mecánicamente cada palabra puede resultar incomprensible y empobrecer la participación de la asamblea.
Liturgiam authenticam no propone un calco palabra por palabra. Su orientación exige una fidelidad inteligente, capaz de respetar simultáneamente el contenido del original y las características propias de la lengua de llegada. La instrucción permite modificar la sintaxis y el estilo para obtener un texto fluido, pero rechaza la omisión, la adición y la paráfrasis doctrinal.
La fidelidad como realidad teológica
La traducción litúrgica no transmite únicamente información. El texto traducido forma parte de la oración oficial de la Iglesia y participa de su expresión de la fe. Por ello, la fidelidad no puede reducirse a una cuestión técnica o filológica.
El principio de fidelidad debe considerar:
- El contenido doctrinal.
- El género literario.
- El carácter ritual del texto.
- La continuidad con la tradición litúrgica.
- La comprensión real de la asamblea.
- La unidad de la fe católica.
El papa Francisco recordó en 2017 que la fidelidad no siempre puede juzgarse palabra por palabra, sino dentro del conjunto del acto comunicativo y de su género literario. Al mismo tiempo, ciertos términos deben interpretarse en el contexto de toda la fe católica, porque cada traducción litúrgica tiene que concordar con la doctrina sana.