Las liturgias orientales tienen sus raíces en las antiguas comunidades cristianas de Oriente, con sus orígenes que se remontan a los apóstoles y los Padres de la Iglesia1. Desde el siglo IV, el rito cristiano, que inicialmente era más fluido y se basaba en el relato de la Última Cena combinado con un servicio de sinagoga cristianizado, comenzó a cristalizar en cuatro grandes liturgias principales de las cuales todas las demás se derivan2.
Estas cuatro grandes liturgias son:
Antioquía: Originaria de Antioquía, se modificó en Jerusalén en la Liturgia de Santiago. De esta se derivan la Liturgia Siríaca de Santiago (utilizada por jacobitas y sirios uniatos), el Rito Maronita (en siríaco), el Rito Caldeo (utilizado por nestorianos y caldeos uniatos en siríaco), el Rito Malabar (empleado por uniatos y cismáticos en la India en siríaco), el Rito Bizantino (usado por ortodoxos y bizantinos uniatos en varias lenguas), y el Rito Armenio (utilizado por gregorianos y uniatos en armenio)2.
Alejandría: Esta tradición incluye la Liturgia Griega de San Marcos (ya no en uso) y las Liturgias Coptas (empleadas por coptos uniatos y cismáticos), así como las Liturgias Etíopes (utilizadas por la Iglesia de Abisinia)2.
Roma: Aunque este artículo se centra en las liturgias orientales, es importante mencionar que el rito romano original, junto con el rito africano, ha evolucionado hacia el Rito Romano con adiciones galicanas, que es el más extendido en la Iglesia Latina2.
Galia: Este rito se usó en el noroeste de Europa y España, incluyendo el Rito Ambrosiano en Milán y el Rito Mozárabe en Toledo y Salamanca2.
En los primeros tres siglos, el rito era más fluido, pero gradualmente se fue formalizando en las estructuras que conocemos hoy2. La Iglesia Católica valora enormemente las instituciones, ritos litúrgicos, tradiciones eclesiásticas y el ordenamiento de la vida cristiana de las Iglesias Orientales, considerándolas de igual rango que las Iglesias occidentales3.
