La persecución de la Iglesia en la Polonia ocupada
Durante la ocupación alemana (1939‑1945) la Iglesia católica polaca sufrió una represión sistemática: sacerdotes, obispos y laicos fueron arrestados, deportados a campos de concentración y exterminio, y muchos fueron ejecutados por negarse a renunciar a su fe1. En los campos de concentración, como Dachau, se reunieron miles de clérigos de toda Europa; entre ellos se encontraban numerosos sacerdotes y religiosos polacos que mantuvieron su ministerio clandestino y atendieron a sus compañeros presos, aun a riesgo de muerte1.
El surgimiento de la causa de los 108 mártires
A raíz de estos hechos, la Santa Sede abrió la causa de canonización de un conjunto representativo de los fieles que habían sido martirizados. El Papa Juan Pablo II, nacido en Polonia, subrayó la importancia de reconocer a estos «soldados desconocidos» de la causa de Dios y los incluyó en su apostólica Tertio Millennio Adveniente (n.º 37)1.

