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Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Los cuatro jinetes del Apocalipsis son las figuras que aparecen cuando el Cordero abre los cuatro primeros sellos del libro sellado contemplado por san Juan en el capítulo sexto del Apocalipsis. Montados sobre caballos blanco, rojo, negro y pálido, representan -en la interpretación cristiana tradicional- la conquista, la guerra, el hambre y la muerte. La visión no pretende alimentar una curiosidad sobre el futuro, sino revelar el sentido religioso de la historia bajo el señorío de Cristo, el Cordero inmolado y resucitado.

Four Horsemen of the Apocalypse
Ver información de la imagenLos cuatro jinetes del Apocalipsis, por Viktor Vasnetsov. Pintado en 1887., c. 1887. http://lj.rossia.org/users/john_petrov/166993.html, Viktor Vasnetsov, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLos cuatro jinetes del Apocalipsis
CategoríaPersona
DescripciónFiguras que aparecen al abrir los cuatro primeros sellos del libro sellado en el Apocalipsis, simbolizando conquista, guerra, hambre y muerte. Caballo blanco: conquista o victoria de Cristo; caballo rojo: guerra; caballo negro: hambre y escasez; caballo pálido: muerte y pestes
Referencias
Contexto BíblicoApocalipsis capítulo 6, visión de San Juan donde el Cordero abre los sellos.
Enseñanzas
Impacto HistóricoInfluencia profunda en pintura, escultura, literatura, cine y lenguaje cotidiano como símbolo de catástrofes.
InterpretaciónVictorino de Poetovio asocia el caballo blanco a la predicación apostólica; Benedicto XVI lo interpreta como victoria de Cristo; Hildegarda de Bingen relaciona el caballo pálido con la decadencia moral y la muerte.
Personas RelacionadasCordero (Jesucristo), San Juan, Papa Benedicto XVI, Juan Pablo II, Victorino de Poetovio, Hildegarda de Bingen
TipoFigura bíblica, Jinetes apocalípticos, Visión profética

Tabla de contenido

Contexto bíblico

El libro sellado y el Cordero

La visión de los jinetes forma parte de una amplia escena celestial que ocupa los capítulos cuarto y quinto del Apocalipsis. San Juan contempla a Dios sentado en su trono y, en su mano derecha, un libro cerrado con siete sellos. Nadie parece digno de abrirlo, hasta que aparece el Cordero degollado, figura de Jesucristo muerto y resucitado.

El Cordero posee la dignidad necesaria para abrir los sellos porque su sacrificio redentor ha vencido el pecado y la muerte. La apertura del libro no expresa una simple revelación de acontecimientos futuros: manifiesta que Cristo tiene autoridad sobre el desarrollo de la historia y sobre su desenlace definitivo. El papa Benedicto XVI explicó que el Cordero, muerto y resucitado, abre los sellos y revela «el plan de Dios, el sentido profundo de la historia».1

La escena establece una clave decisiva para interpretar a los jinetes: las fuerzas de la violencia, la injusticia, el hambre y la muerte no poseen la última palabra. Todas actúan dentro de una historia que permanece bajo la soberanía de Dios y que avanza hacia el juicio y la victoria final de Cristo.

Los cuatro seres vivientes

Cada jinete aparece después de que uno de los cuatro seres vivientes invita a contemplar la escena con el grito: «¡Ven!». Estos seres vivientes forman parte de la liturgia celestial que rodea el trono divino. Su imagen recuerda especialmente la visión de Ezequiel, cuyos seres alados tenían rasgos de león, toro, hombre y águila. La tradición cristiana ha relacionado también estos cuatro seres con los cuatro evangelistas, aunque esa identificación no constituye el tema central del capítulo sexto.2

La repetición de la llamada introduce una estructura ordenada: cuatro sellos, cuatro caballos y cuatro jinetes. El número cuatro evoca frecuentemente la totalidad del mundo creado -los cuatro puntos cardinales, por ejemplo-, por lo que la acción de los jinetes alcanza a la humanidad entera.

Descripción de los cuatro jinetes

El jinete del caballo blanco

El primer sello muestra un caballo blanco. Su jinete lleva un arco, recibe una corona y sale «venciendo y para vencer». El Apocalipsis no proporciona un nombre propio para esta figura, y su interpretación ha sido objeto de debate desde la Antigüedad.

La interpretación victoriana, recogida por Victorino de Poetovio, identifica al jinete con Cristo o con la predicación apostólica impulsada por el Espíritu Santo. Para Victorino, las flechas del arco representan la palabra predicada, que alcanza el corazón humano, mientras que la corona simboliza la recompensa concedida a los predicadores. El caballo blanco expresa así la expansión victoriosa del Evangelio después de la ascensión del Señor.3

La interpretación del papa Benedicto XVI sigue una línea semejante, aunque con una formulación más cristológica. El color blanco remite a la resurrección y a la victoria de Dios sobre el mal. Cristo entra en la historia, carga con el mal del mundo y lo transforma mediante el fuego de su amor. Desde esta perspectiva, el primer jinete no representa una calamidad, sino la victoria salvadora de Cristo, que precede y vence finalmente a las fuerzas destructoras.1

Otros intérpretes han identificado al primer jinete con la conquista militar, especialmente porque el arco y la fórmula «venciendo y para vencer» pueden sugerir una potencia imperial. La antigua tradición cristiana, sin embargo, no ha mantenido una interpretación única. La lectura que lo relaciona con Cristo o con la proclamación del Evangelio posee una especial importancia dentro de la tradición católica, porque sitúa la visión bajo el signo de la victoria de la gracia y no bajo el simple predominio de la violencia.

El jinete del caballo rojo

El segundo sello hace aparecer un caballo rojo, de color asociado a la sangre y al fuego. Su jinete recibe poder para quitar la paz de la tierra y provoca que los hombres se maten entre sí. También recibe una gran espada.4

El segundo jinete representa la guerra, la violencia organizada y la ruptura de la paz. El texto no presenta la guerra como un fenómeno aislado, sino como una consecuencia de la descomposición de las relaciones humanas. La espada no aparece solo como instrumento de combate entre ejércitos: simboliza la violencia que invade la sociedad y enfrenta a los hombres unos contra otros.

La visión posee una dimensión moral. La violencia nace del deseo de dominar, poseer y someter. Benedicto XVI relacionó el segundo sello con los actos violentos originados por la voluntad humana de imponer el propio poder, incluso hasta la autodestrucción.1

La interpretación católica no permite utilizar este pasaje para justificar una guerra concreta ni para identificar automáticamente al jinete con un Estado, un gobernante o un acontecimiento político determinado. El símbolo tiene un alcance más amplio: denuncia la realidad permanente de la guerra y exhorta a reconocer la paz como un don de Dios y una tarea moral de la humanidad.

El jinete del caballo negro

El tercer sello presenta un caballo negro. Su jinete sostiene una balanza, instrumento que alude al comercio, a la distribución de alimentos y a la medida de las raciones. Una voz anuncia precios extraordinariamente elevados para el trigo y la cebada, mientras ordena no dañar el aceite ni el vino.5

El tercer jinete representa el hambre, la carestía y la injusticia económica. La balanza no comunica equilibrio social, sino la necesidad de medir y racionar alimentos en un contexto de escasez. El precio indicado equivale prácticamente al jornal de un trabajador, de modo que una persona pobre tendría que emplear todo su salario diario para conseguir una cantidad mínima de alimento.

La referencia al aceite y al vino introduce una posible dimensión de desigualdad: los bienes de primera necesidad escasean y encarecen, mientras otros productos permanecen disponibles. El texto permite contemplar así la tragedia del hambre no solo como una desgracia natural, sino también como una experiencia agravada por la injusticia y la desigual distribución de los bienes.

Juan Pablo II empleó la imagen del jinete con la balanza para describir la pobreza y el hambre que atraviesan la historia humana. La visión conserva, por tanto, una dimensión contemporánea: interpela a las sociedades que toleran la miseria, la explotación y la indiferencia ante quienes carecen de alimento.6

El jinete del caballo pálido

El cuarto sello muestra un caballo de color pálido o verde amarillento. El color original griego, chlorós, puede evocar la palidez de un cadáver o el tono enfermizo de una persona agonizante. El jinete recibe el nombre de Muerte, y el infierno -o Hades, morada de los muertos- lo sigue. Ambos reciben autoridad sobre una cuarta parte de la tierra para matar mediante la espada, el hambre, la peste y las fieras.4

El cuarto jinete reúne y consuma los efectos de los tres anteriores. La guerra mata con la espada; la carestía destruye mediante el hambre; las epidemias y otras amenazas conducen a la muerte. Victorino de Poetovio identifica directamente al jinete con la Muerte y relaciona su aparición con las grandes pestes y mortandades anunciadas por Cristo.7

La autoridad limitada a «una cuarta parte» impide interpretar la escena como una destrucción absoluta e inmediata de la humanidad. El poder de la Muerte es real y aterrador, pero permanece limitado. El Apocalipsis conserva así una tensión característica: el mal causa sufrimiento verdadero, aunque no actúa como una fuerza ilimitada ni autónoma frente a Dios.

Significado simbólico de los cuatro jinetes

Conquista, guerra, hambre y muerte

La interpretación más extendida relaciona los cuatro jinetes con:

  • El caballo blanco: la conquista, la victoria o, en una lectura cristológica, la victoria de Cristo y la expansión del Evangelio.
  • El caballo rojo: la guerra y la violencia.
  • El caballo negro: el hambre, la carestía y la injusticia económica.
  • El caballo pálido: la peste, la mortalidad y la muerte.

Una síntesis tradicional de la visión identifica los colores blanco, rojo, negro y pálido con la conquista, la matanza, la escasez y la muerte, y relaciona la escena con la visión de los carros y caballos de Zacarías 6,1-8.2

La secuencia puede interpretarse como una progresión: la conquista y la dominación desencadenan la guerra; la guerra y la inestabilidad producen hambre; el hambre, las epidemias y la violencia multiplican la muerte. El texto, sin embargo, no ofrece una explicación causal sistemática. Su lenguaje simbólico presenta la realidad humana bajo diversos aspectos relacionados entre sí.

El carácter limitado de la calamidad

El Apocalipsis no describe a los jinetes como divinidades rivales ni como poderes independientes. El Cordero abre los sellos, y los jinetes actúan dentro de un ámbito de autoridad concedida y limitada. Esta estructura protege la fe bíblica en la soberanía de Dios: el mal existe y provoca sufrimiento, pero no constituye un principio eterno opuesto a Dios.

La visión tampoco afirma que cada guerra, epidemia o hambruna permita calcular automáticamente la proximidad del fin del mundo. El lenguaje apocalíptico utiliza imágenes universales para revelar una verdad teológica: la historia humana permanece herida por el pecado, necesita conversión y espera el juicio definitivo de Dios.

Los mártires y la esperanza

Después de los cuatro jinetes, el quinto sello presenta las almas de los mártires bajo el altar. Ellos claman por la justicia de Dios y reciben una vestidura blanca. La conexión resulta fundamental: la violencia y la muerte no terminan en el triunfo del verdugo. Dios conoce el sufrimiento de sus testigos y promete la victoria final.

Los mártires no representan solo a un grupo restringido a una persecución concreta. La visión puede abarcar a todos los que sufren y mueren por su fidelidad a Dios y por el testimonio cristiano. El estudio de la estructura de los capítulos sexto y séptimo contempla esta escena como parte de una visión amplia de la historia humana, no como una referencia exclusiva a las víctimas de una persecución determinada.8

El trasfondo del Antiguo Testamento

La visión de Zacarías

El relato de los jinetes recoge elementos de Zacarías 1 y 6. En el libro profético aparecen caballos de distintos colores y carros que recorren la tierra como instrumentos de la acción divina. El Apocalipsis transforma ese trasfondo y lo incorpora a una visión cristológica centrada en el Cordero.

La relación con Zacarías muestra que san Juan no inventa un lenguaje aislado, sino que utiliza imágenes proféticas reconocibles para sus lectores. El caballo expresa movimiento y poder; el jinete representa una fuerza que entra en la escena histórica; los colores ayudan a diferenciar los aspectos de esa acción.

Daniel, Ezequiel y los profetas

El Apocalipsis también comparte rasgos con Daniel y Ezequiel: el trono celestial, los seres vivientes, los libros, los sellos, las catástrofes cósmicas y la manifestación del juicio divino. Estas conexiones impiden leer los cuatro jinetes como una narración periodística o como una predicción cifrada de acontecimientos concretos.

El lenguaje profético comunica la acción de Dios mediante símbolos. El sol oscurecido, las estrellas que caen, los terremotos y los caballos no funcionan como datos cronológicos ordinarios, sino como imágenes de la conmoción universal que provoca el juicio divino.

Interpretación histórica y profética

La interpretación histórica: el contexto del siglo I

La interpretación histórica sitúa el Apocalipsis en el mundo de las primeras comunidades cristianas. El libro habla a creyentes que afrontaban presiones políticas, violencia, injusticia y hostilidad religiosa dentro del Imperio romano. Desde esta perspectiva, los jinetes expresan realidades que los cristianos del siglo I conocían directamente: campañas militares, inseguridad, pobreza, hambre, enfermedades y muerte.

El primer jinete puede leerse, en este marco, como imagen de la conquista imperial o de las potencias que someten pueblos. El segundo representa la guerra; el tercero, la inflación y la carestía; el cuarto, las epidemias y la mortalidad. Esta lectura ayuda a comprender la fuerza inmediata del mensaje: el autor no habla desde una distancia abstracta, sino a comunidades heridas por la historia.

La interpretación histórica no agota el sentido del texto. El simbolismo del Apocalipsis supera una circunstancia política particular y alcanza a todas las épocas. El hambre, la guerra y la muerte no pertenecen solo al siglo I; continúan manifestándose bajo formas nuevas.

La interpretación profética o escatológica

La interpretación profética o escatológica contempla los cuatro jinetes como figuras relacionadas con el juicio final y con los acontecimientos que preceden al desenlace de la historia. El sexto sello, con el terremoto, el oscurecimiento del sol, la caída de las estrellas y el temor universal ante «el gran día» de la ira, intensifica esta perspectiva.4

Esta lectura reconoce que el Apocalipsis orienta la historia hacia una consumación definitiva. El séptimo sello abre una nueva serie de visiones, y la sucesión de sellos, trompetas y copas conduce progresivamente hacia el juicio de Dios y la manifestación plena de su Reino.

La escatología cristiana no equivale a la predicción de fechas ni a la identificación de titulares de prensa con símbolos bíblicos. El Apocalipsis llama a la vigilancia, la conversión y la perseverancia. Su finalidad principal consiste en fortalecer la esperanza de la Iglesia, no en proporcionar un calendario del fin del mundo.

Una lectura histórica y escatológica a la vez

La tradición católica puede integrar ambas perspectivas. Los jinetes actúan en la historia concreta y, al mismo tiempo, apuntan hacia su desenlace definitivo. Las calamidades que describe el capítulo sexto son acontecimientos reales y también signos de una realidad más profunda: el mundo herido por el pecado necesita redención y espera la victoria final de Cristo.

Una interpretación equilibrada evita dos extremos:

  • Reducir la visión al siglo I, como si nada tuviera que decir a las generaciones posteriores.
  • Convertirla en un código cronológico, como si cada caballo correspondiera a una figura política o a una crisis contemporánea perfectamente identificable.

La exégesis de los capítulos cuarto a undécimo contempla los sellos y las trompetas como dos series que pueden presentar acontecimientos semejantes desde perspectivas distintas: una visión celestial y su desarrollo histórico. Esta lectura invita a no localizar cada imagen en un único episodio, sino a reconocer la representación global de la historia humana hasta su consumación.8

Interpretaciones en la tradición cristiana

Victorino de Poetovio

Victorino de Poetovio, uno de los primeros comentaristas cristianos del Apocalipsis, interpreta el caballo blanco de modo positivo. Para él, el jinete representa la predicación apostólica y la acción del Espíritu Santo. Las palabras de los predicadores son como flechas que atraviesan el corazón y vencen la incredulidad. Los otros tres caballos simbolizan claramente la guerra, el hambre y las pestes anunciadas por el Señor.3

Su lectura ofrece una clave importante: el comienzo de la serie no introduce necesariamente otra calamidad, sino la acción victoriosa de Dios que acompaña a la Iglesia en medio de las tribulaciones.

Hildegarda de Bingen

Hildegarda de Bingen interpreta el caballo pálido en un sentido moral y escatológico. Relaciona su palidez con un tiempo en que los hombres desprecian la justicia divina, pierden la orientación moral y actúan bajo la persuasión del mal. La espada, el hambre, la muerte y las fieras expresan las consecuencias de una humanidad que abandona el orden de la justicia y se entrega a la violencia.9

Su interpretación no se limita a describir desastres externos. Para Hildegarda, la raíz de la catástrofe está también en la corrupción interior y en el rechazo de la ley de Dios.

Interpretaciones modernas

Los estudios modernos han ofrecido diversas posibilidades para el primer jinete. Algunos lo identifican con la conquista, la dominación imperial o una fuerza militar; otros lo relacionan con Cristo, el Evangelio o la victoria de Dios. La ambigüedad procede del propio texto: el jinete lleva corona y arco, pero el capítulo no le atribuye expresamente el nombre de Cristo.

Los tres últimos jinetes presentan una convergencia mayor entre las interpretaciones: guerra, carestía y muerte. La discusión no suele centrarse en su significado fundamental, sino en la relación exacta que mantienen con acontecimientos del siglo I, con la historia universal y con el juicio final.

La diversidad de interpretaciones no elimina la unidad doctrinal básica del pasaje. Todas las lecturas católicas deben respetar el lugar central del Cordero, la limitación del poder del mal, la realidad del juicio divino y la esperanza en la victoria de Dios.

El mensaje teológico del Apocalipsis

Cristo gobierna el sentido de la historia

La visión no comienza con los caballos, sino con el Cordero. Este orden resulta teológicamente decisivo. Cristo abre los sellos; por tanto, solo desde Él puede interpretarse correctamente la historia.

La existencia de guerras, hambres, enfermedades y muertes no significa que Dios haya abandonado el mundo. El Apocalipsis muestra una historia dramática, pero no carente de dirección. La cruz y la resurrección de Cristo constituyen la clave de lectura: el Cordero aparece inmolado y, sin embargo, permanece vivo y victorioso.1

El mal no tiene la última palabra

Los jinetes expresan el poder destructivo del pecado en la vida personal y social. La violencia, la explotación, la injusticia y la indiferencia producen sufrimiento. La visión no trivializa esas tragedias ni las transforma en una explicación simplista del dolor humano.

A la vez, el Apocalipsis rechaza el pesimismo absoluto. Benedicto XVI enseñó que la Iglesia debe afrontar con realismo la violencia, la falsedad, el odio y la persecución, pero sin concluir que el mal vencerá. La oración permite contemplar los acontecimientos desde Dios y fortalece la capacidad de vencer el mal con el bien.1

Llamada a la conversión

Las calamidades del Apocalipsis poseen también un carácter de advertencia. No invitan a la desesperación, sino a la conversión. La humanidad debe abandonar la idolatría, la violencia, la injusticia y la confianza absoluta en el poder económico o militar.

La tradición cristiana ha leído las catástrofes apocalípticas como llamadas de la misericordia divina. Las visiones muestran las consecuencias del pecado y orientan al arrepentimiento, a la fidelidad y a la esperanza.8

Recepción en la cultura cristiana

La imagen de los cuatro jinetes ha influido profundamente en la pintura, la escultura, la literatura, el cine y el lenguaje cotidiano. La cultura occidental utiliza con frecuencia la expresión «los cuatro jinetes del Apocalipsis» para describir la convergencia de grandes catástrofes: guerra, hambre, epidemia y muerte.

La tradición artística suele representar al primer jinete como conquistador y a los otros tres como figuras inequívocamente destructoras. Sin embargo, la interpretación cristiana del caballo blanco también permite representarlo como símbolo de Cristo resucitado, de la predicación del Evangelio o de la victoria de la gracia.

La popularidad de la imagen ha producido en ocasiones una lectura separada de su contexto bíblico. El jinete del caballo pálido, por ejemplo, suele aparecer como una personificación aislada de la muerte. En el Apocalipsis, sin embargo, forma parte de una secuencia gobernada por el Cordero y acompañada por la visión de los mártires, el juicio y la esperanza final.

Errores frecuentes de interpretación

Confundir los cuatro jinetes con las siete trompetas

Los cuatro jinetes aparecen al abrirse los cuatro primeros sellos, en Apocalipsis 6. Las siete trompetas pertenecen a una serie posterior, que comienza después de la apertura del séptimo sello. Ambas series contienen calamidades y juicios, pero no forman una única escena ni presentan los mismos personajes.2

Identificar automáticamente al primer jinete con el Anticristo

El Apocalipsis no llama Anticristo al jinete blanco. La identificación con el Anticristo pertenece a determinadas interpretaciones posteriores, pero no constituye una conclusión necesaria del texto. La tradición de Victorino y la interpretación de Benedicto XVI lo relacionan con la victoria de Cristo y la predicación del Evangelio.3,1

Utilizar los jinetes para fechar el fin del mundo

El capítulo sexto no ofrece una cronología que permita fijar la fecha de la parusía. La Iglesia enseña la realidad del juicio final y la segunda venida de Cristo, pero la lectura responsable del Apocalipsis no convierte sus símbolos en una tabla de fechas ni en un método de adivinación histórica.

Interpretar el Apocalipsis como fatalismo

Los jinetes no justifican la pasividad. La Iglesia vive dentro de la historia y tiene la misión de combatir la injusticia, socorrer a los pobres, trabajar por la paz, atender a los enfermos y anunciar el Evangelio. La visión revela el alcance del mal precisamente para llamar a la fidelidad y al testimonio.

Valor espiritual para los cristianos

Los cuatro jinetes invitan a mirar la realidad con lucidez. La fe cristiana no niega la guerra, el hambre, las epidemias ni la muerte. Tampoco reduce esos males a simples accidentes sin significado. El Apocalipsis los contempla a la luz del pecado, del juicio y de la redención.

La respuesta cristiana comprende varias actitudes:

  • Vigilancia, porque la historia exige discernimiento.
  • Conversión, porque la violencia y la injusticia también pueden arraigar en el corazón humano.
  • Compasión, porque el hambre, la enfermedad y la muerte afectan a personas concretas.
  • Responsabilidad, porque la sociedad debe trabajar por la paz y la justicia.
  • Perseverancia, porque los discípulos pueden sufrir por su fidelidad.
  • Esperanza, porque el Cordero resucitado conduce la historia hacia la victoria definitiva.

La visión del Apocalipsis no termina en los caballos ni en la muerte. El libro culmina con la derrota del mal, la renovación de la creación y la comunión eterna con Dios. Por eso, los cuatro jinetes deben interpretarse dentro del conjunto del libro: representan la gravedad de la historia herida, pero también muestran que ninguna calamidad puede frustrar el designio salvador de Cristo.

Conclusión

Los cuatro jinetes del Apocalipsis simbolizan las grandes fuerzas de destrucción que atraviesan la historia humana: conquista o victoria, guerra, hambre y muerte. Su significado exacto, especialmente el del jinete blanco, ha recibido interpretaciones diversas entre los Padres de la Iglesia, los autores medievales y los exegetas modernos. La interpretación católica reconoce esa complejidad sin perder el centro del relato: el Cordero es quien abre los sellos y Cristo posee la última palabra sobre la historia.

La visión puede referirse a la experiencia concreta de las comunidades del siglo I, representar calamidades presentes en todas las épocas y orientar la mirada hacia el juicio final. Estas dimensiones no se excluyen. El Apocalipsis denuncia el pecado, consuela a los que sufren, llama a la conversión y proclama que la victoria definitiva pertenece a Dios.

Citas y referencias

  1. Audiencia general del 12 de septiembre de 2012, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 12 de septiembre de 2012, 1 (2012). 2 3 4 5 6
  2. Apocalipsis. Enciclopedia Católica, Apocalipsis (1913). 2 3
  3. Del sexto capítulo, Victorino de Poetovio. Comentario al Apocalipsis, 46. 2 3
  4. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Apocalipsis 6 (1993). 2 3
  5. La Santa Biblia, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Apocalipsis 6:1-6:8 (1993).
  6. Un futuro más digno de la persona humana, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 24 de enero de 2001, 1 (2001).
  7. Del sexto capítulo, Victorino de Poetovio. Comentario al Apocalipsis, 50.
  8. A. Feuillet. Visión de conjunto de la mística nupcial en el Apocalipsis, 13 (1986). 2 3
  9. Hildegarda de Bingen. Libro de las obras divinas, 378 (2009).
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