La historia de los Reyes Magos se encuentra exclusivamente en el Evangelio según San Mateo (Mt 2,1-12), que describe su llegada a Jerusalén en tiempos del rey Herodes, tras el nacimiento de Jesús en Belén. Estos magos, término que en la lengua persa designa a filósofos y sabios, representan los primeros gentiles en reconocer al Mesías.1,3
El viaje de los Magos y la estrella
Los magos parten del Oriente al observar una estrella en su salida, interpretándola como signo del nacimiento del rey de los judíos. Preguntan en Jerusalén: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Esta estrella, que no era un fenómeno astronómico común sino un signo divino, los guía hasta la casa donde encuentran al Niño con María, su madre. Allí, se postran en adoración y le ofrecen sus dones.1,4,5
Herodes, alarmado, consulta a los escribas y sacerdotes, quienes citan al profeta Miqueas: el Mesías nacerá en Belén. Engaña a los magos para que le informen del hallazgo, pero un sueño divino les advierte que regresen por otro camino, evitando así la amenaza del tirano.1
Lecturas complementarias en la liturgia
La Solemnidad de la Epifanía integra esta narración con el profeta Isaías (Is 60,1-6), que evoca la luz de Dios atrayendo a naciones y reyes con oro e incienso, prefigurando la llegada de los gentiles. El Salmo 72 invoca justicia y dominio universal para el rey mesiánico, con tributos de reyes de Saba y Tarsis. San Pablo, en Efesios 3,2-6, revela el misterio: los gentiles son coherederos de la promesa en Cristo.6,7,8,9
Estas lecturas subrayan la dimensión poética, teológica y narrativa de la fiesta, culminando en la epifanía como revelación plena del nacimiento de Jesús.9

