Primer sello – El caballo blanco
Al abrir el primer sello surge un caballo blanco cuyo jinete lleva un arco y una corona; se le describe como aquel que viene a conquistar. La tradición católica interpreta este sello como la expansión del Evangelio, la victoria espiritual de Cristo y la justicia que precede a los demás juicios.
Segundo sello – El caballo rojo
El segundo sello revela un caballo rojo y su jinete recibe una gran espada, con la autoridad de quitar la paz de la tierra y provocar guerras entre los pueblos. Este símbolo alude a la violencia y a los conflictos que surgen cuando la humanidad se aleja de la voluntad de Dios.
Tercer sello – El caballo negro
Con el tercer sello se muestra un caballo negro cuyo jinete lleva una balanza y anuncia precios inflados de trigo y cebada, mientras protege el aceite y el vino. La interpretación clásica señala la escasez y la injusticia económica que caracterizan los últimos tiempos.
Cuarto sello – El caballo pálido
El cuarto sello desata un caballo pálido (a veces llamado «gris») cuyo jinete es Muerte, acompañado por el Hades. Este sello representa la inevitabilidad de la muerte, la peste y la destrucción que, aunque presentes, están bajo la soberanía de la gracia divina.
Quinto sello – Los mártires
Al abrir el quinto sello aparecen las almas de los mártires que dieron su vida por la palabra de Dios; claman al Señor pidiendo justicia y se les concede una capa blanca mientras esperan el cumplimiento del número de los fieles. El sello subraya la perseverancia del testimonio cristiano y la promesa de vida eterna.
Sexto sello – La gran conmoción
El sexto sello produce catástrofes naturales: terremotos, eclipses, caída de estrellas y el oscurecimiento del sol y la luna. Estas señales simbolizan el desorden del mundo antes del juicio final y la necesidad de una profunda conversión.
Séptimo sello – El silencio y la preparación
Cuando se abre el séptimo sello, reina un silencio en el cielo durante aproximadamente media hora. Este silencio marca una pausa de contemplación y oración antes de que los siete ángeles toquen las trompetas que seguirán, indicando la transición a la fase final del juicio.