Un signo religioso es una realidad visible que remite a una verdad, una comunidad o una práctica de carácter religioso. Puede consistir en un objeto -como una cruz, una medalla o un icono-, una vestimenta, una imagen, una celebración, un edificio, una procesión o una manifestación pública de culto.
El signo no funciona solo como adorno. Expresa una realidad que lo supera y puede hacerla presente simbólicamente. En el cristianismo, esta relación entre lo visible y lo invisible posee una importancia especial por el misterio de la Encarnación: Dios se ha manifestado de forma visible en Jesucristo. Por ello, la tradición católica concede un valor propio a las imágenes, los espacios sagrados y los signos litúrgicos.1
Entre los signos religiosos católicos más reconocibles figuran:
- La cruz.
- El crucifijo.
- Las imágenes de Jesucristo y de la Virgen María.
- Los iconos.
- El belén.
- Las vidrieras y pinturas de las iglesias.
- El hábito religioso.
- El templo y sus elementos arquitectónicos.
- Las procesiones y peregrinaciones.
- Las campanas y otros signos vinculados al culto.
Estos signos transmiten contenidos de fe, memoria histórica y pertenencia comunitaria. Una parte considerable del patrimonio artístico universal nació del deseo de expresar las verdades cristianas mediante la arquitectura, la pintura, la escultura y la música.2
