La lujuria es un deseo desordenado o un goce inmoderado del placer sexual1. Se considera desordenada moralmente cuando el placer sexual se busca por sí mismo, separado de sus fines propios: la procreación y la unión de los cónyuges1. Esta pasión se caracteriza por una búsqueda desenfrenada e inmoderada de gratificación corporal, impulsada por el amor propio y el deseo de complacerse a uno mismo, a menudo a expensas de la dignidad propia y ajena2.
La lujuria es uno de los pecados capitales3. La razón de su clasificación como pecado capital radica en que el placer que este vicio persigue es tan atractivo y connatural a la naturaleza humana que agudiza intensamente el deseo del hombre, llevándolo a cometer muchos otros desórdenes en su búsqueda3.
Origen de la Lujuria
La entrada de la lujuria en la experiencia humana está ligada a la ruptura de la unidad original entre el cuerpo y el alma, y entre el hombre y Dios, causada por el pecado original4. Antes de la Caída, existía una unidad psicosomática en la persona humana, donde el cuerpo manifestaba plenamente la realidad de toda la persona4. Sin la sumisión del cuerpo al alma y del alma a Dios, los deseos humanos se desordenaron, dando lugar a la concupiscencia o lujuria4. Esta concupiscencia invade los sentidos, excita el cuerpo, involucra los sentimientos y puede sofocar la voz de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios4.

