Unidad entre dimensión visible y realidad espiritual
Lumen gentium rechaza una comprensión dualista entre «lo visible» y «lo espiritual». La Iglesia, fundada y sostenida por Cristo, existe con elementos externos y con vida interior; ambos aspectos forman una sola realidad compleja en la que el elemento humano y el elemento divino se entrelazan. El texto compara esta unidad con la del Verbo encarnado: la estructura visible de la Iglesia sirve al Espíritu de Cristo, que la vivifica.
Esta misma clave explica por qué la Iglesia permanece en la historia como sociedad organizada y, a la vez, como comunión espiritual. Además, el Concilio enseña que existen elementos de santificación y de verdad más allá de los límites visibles de la Iglesia, y esos dones empujan hacia la unidad católica.
La Trinidad y la acción del Espíritu
El documento sitúa a la Iglesia en el marco trinitario: el Padre crea y dispone la historia con vistas a la participación en la vida divina; tras la caída, ofrece auxilios de salvación en orden a Cristo. Ese plan incluye la prefiguración de la Iglesia a lo largo de Israel y el Antiguo Testamento, culminando en la constitución de la Iglesia en la era presente y en su consumación al final.
El Espíritu Santo, enviado en Pentecostés, continúa santificando la Iglesia y da acceso al Padre mediante Cristo en una única comunión. El Espíritu habita en la Iglesia como en un templo y conduce al Pueblo de Dios hacia la verdad; también impulsa la comunión y la acción ministerial mediante dones jerárquicos y carismáticos.