Madeleine Delbrêl nació en Francia en 1904 y murió en 1964. Su vida transcurrió durante un periodo marcado por la secularización de la sociedad francesa, la expansión del comunismo, las guerras mundiales y la crisis de las formas tradicionales de presencia cristiana en el mundo obrero.
Francia conservaba numerosas estructuras católicas, pero amplios sectores de la población, especialmente entre los trabajadores industriales, vivían alejados de la Iglesia. Durante el siglo XX, la descristianización dejó de percibirse solo como un fenómeno propio de territorios no cristianos: también afectaba a ciudades y ambientes que históricamente habían formado parte de una cultura cristiana. Esta transformación impulsó nuevas iniciativas misioneras, entre ellas la Mission de France, fundada en 1941 para responder al alejamiento religioso y a la miseria material de amplios sectores de la población.3,4
Ivry-sur-Seine, en las proximidades de París, constituía uno de esos espacios. La ciudad estaba profundamente marcada por el movimiento obrero y por la influencia comunista. Delbrêl no contempló aquella realidad desde fuera: eligió vivir y trabajar en medio de sus habitantes, compartiendo la vida cotidiana de personas que, en muchos casos, no creían en Dios o desconfiaban de la Iglesia.1,2





