Primeras apariciones del título
El Papa León XIII ya en 1892 describía a María como la Madre de la misericordia, resaltando su disposición a acudir al creyente sin necesidad de invocación previa y a dispensar gracia con generosidad1. Este reconocimiento temprano sentó las bases para una devoción que se expandiría en los siglos siguientes.
Desarrollo en el magisterio del siglo XX
El Concilio Vaticano II y los documentos posteriores profundizaron la comprensión de María como Madre de la misericordia. El Papa Juan Pablo II, en su encíclica Dives in Misericordia, explica que este título refleja la preparación única del alma de María para percibir y compartir la misericordia divina con toda la humanidad2. Asimismo, el Papa Pío XII, en Mediator Dei, la describe como «Madre de misericordia, nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza»3.
