La expresión «Madre de la Eucaristía» no significa que María sea causa de la presencia real de Cristo ni que posea poder sacerdotal para consagrar el pan y el vino. La Eucaristía hace presente sacramentalmente al mismo Jesucristo, único Salvador y mediador, mediante la acción del sacerdote ordenado, que celebra in persona Christi.1
El título indica, más bien, que María es:
- Madre del Hijo de Dios hecho hombre, cuyo cuerpo y cuya sangre están presentes en la Eucaristía.
- Figura y modelo de la Iglesia, que acoge a Cristo con fe.
- Mujer unida al sacrificio redentor de su Hijo.
- Madre espiritual de los fieles, recibida como tal al pie de la cruz.
- Intercesora y acompañante de la Iglesia que celebra y adora la Eucaristía.
La maternidad eucarística de María pertenece, por tanto, al orden de la Encarnación, de la cooperación en la obra de la salvación y de la intercesión maternal. No pertenece al orden de la eficacia sacramental, que procede exclusivamente de Cristo y se actualiza en la liturgia por el ministerio sacerdotal.



