Primeras menciones
El título Madre de la Iglesia tiene antecedentes en la tradición mariana. En 1748 el Papa Benedicto XIV ya hablaba de la Virgen como «madre del pueblo de Dios», anticipando la formulación conciliar1.
Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II reconoce la maternidad de María en la Constitución Lumen gentium, número 53, al afirmar que la Iglesia «la honra con afecto filial como madre muy amada»1. El documento también señala que, por su divina maternidad, María está «íntimamente unida a la Iglesia» (n.º 63)2, presentándola como modelo de virginidad y maternidad para la comunidad eclesial2.
Proclamación de San Pablo VI
En la tercera sesión del Concilio (21 noviembre 1964), San Pablo VI declaró que María debía ser invocada con el título Madre de la Iglesia por todo el Pueblo de Dios3. En su Credo de la Población de Dios (1968) reiteró esta verdad, describiendo a María como «Madre de la Iglesia, que continúa en el cielo su papel materno a favor de los miembros de Cristo»4.
Desarrollo posterior
San Juan Pablo II reforzó el título en sus audiencias generales (1997) y en la encíclica Redemptoris Mater (1987), señalando que María «abraza a cada uno en la Iglesia y a través de ella» y que su maternidad es una «fuente de gracia y modelo de perfección cristiana»5. En sus discursos de 1998 y 1999, el pontífice destacó que la Virgen es «modelo de ese amor materno con que todos los que se unen a la misión apostólica de la Iglesia deben estar animados»6 y que su intercesión «acompaña a los fieles en su compromiso para la gloria de Dios»6.

