Discernimiento antes que activismo
El magis no equivale a estar permanentemente ocupado ni a considerar que la opción más exigente es siempre la mejor. Una persona puede hacer muchas cosas sin que todas respondan a una misma finalidad; por eso, la espiritualidad ignaciana concede importancia a examinar la vida y discernir qué servicio conviene prestar. Una decisión puede implicar empezar una iniciativa, acompañarla y valorar después su efecto en la vida de las personas.,
La búsqueda tampoco consiste en escoger de forma automática lo que parece más novedoso o ambicioso. El criterio es el servicio evangélico, discernido en circunstancias concretas y con atención a las propias capacidades y a las necesidades ajenas. La tradición ignaciana procura evitar tanto la autosatisfacción espiritual como una actividad que pierde de vista a quién sirve y para qué.,
Universalidad y atención a lo concreto
El magis no es elitista ni queda reservado a tareas consideradas extraordinarias. La tradición ignaciana contempla tanto formas de misión organizadas como acciones ordinarias de misericordia, entre ellas cuidar a los enfermos, enseñar a los pequeños y atender a quienes sufren. La búsqueda de un bien mayor no debe convertirse en una excusa para despreciar los servicios modestos ni para dejar de atender necesidades inmediatas.
La elección de una tarea depende también de los lugares, los tiempos y las personas. Una misma respuesta no resulta adecuada en toda situación: discernir el magis exige considerar qué necesita realmente cada comunidad y qué contribución puede ofrecer la persona o institución. La disponibilidad para cambiar de tarea puede formar parte de ese servicio, cuando el cambio ayuda a responder mejor a la misión.
Una disposición para progresar
El magis expresa una vida espiritual dinámica, orientada a avanzar en el seguimiento de Cristo y en el servicio. En los Ejercicios, el progreso espiritual se asocia al aumento de la fe, la esperanza y la caridad, así como a una alegría interior que no depende de un efecto pasajero. La alegría duradera puede ayudar a reconocer una orientación espiritual, aunque el discernimiento no se reduce a perseguir sensaciones agradables.
Esta disposición implica revisar y mejorar la manera de hacer el bien. La tradición ignaciana distingue entre realizar una obra buena y realizarla con un espíritu adecuado: la intención, el modo de proceder y la relación con la comunidad eclesial también importan. El servicio exige discernir no solo qué se hace, sino cómo se hace.,