La Iglesia recibió de Cristo la misión de custodiar, interpretar y transmitir fielmente el depósito de la fe. Dentro de esa misión, el magisterio extraordinario interviene cuando una cuestión doctrinal requiere una decisión solemne, universal y definitiva.
La teología denomina magisterio extraordinario a la enseñanza infalible expresada mediante:
- Una definición ex cathedra del papa.
- Una definición dogmática de un concilio ecuménico, aprobada por el Romano Pontífice.
Este magisterio no constituye la actividad habitual de la Iglesia. El magisterio ordinario acompaña de manera permanente la vida cristiana, mientras que el extraordinario aparece en circunstancias particulares, especialmente cuando una controversia doctrinal exige una formulación definitiva.2,3
La palabra extraordinario describe principalmente el modo solemne de proponer una doctrina, no una supuesta importancia mayor de la verdad enseñada. Una doctrina enseñada infaliblemente por el magisterio ordinario y universal posee la misma certeza propia de la enseñanza infalible, aunque carezca de una definición solemne.4,2
