El Magisterio Pontificio es la expresión más autoritativa del magisterio eclesiástico1. Su misión principal es anunciar y difundir el mensaje cristiano, dando a conocer la doctrina auténtica del Evangelio y respondiendo a las preguntas de los hombres sobre los problemas fundamentales de la vida con las palabras eternas de la revelación2. No se limita solo a la condena de errores contra la fe, aunque esta función es necesaria para defenderla de desviaciones2. El Papa, en el ejercicio de su magisterio, actúa como supremo maestro de la Iglesia universal2.
La autoridad del Magisterio Pontificio deriva de la institución de Pedro por Cristo y de la convicción, madurada en la tradición cristiana, de que el obispo de Roma es el heredero de Pedro en los carismas de asistencia especial que Jesús le aseguró, como cuando le dijo: «Yo he orado por ti» (Lc 22, 32)3. Esto implica una ayuda continua del Espíritu Santo en todo el ejercicio de la misión doctrinal, para comprender la verdad revelada y sus consecuencias en la vida humana3.
El Papa como Sucesor de Pedro
Jesús instituyó a Pedro y a los Apóstoles con el mandato de transmitir con autoridad y seguridad su pensamiento y voluntad1. El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, tiene la misión de enseñar, confirmar a los hermanos en la fe y garantizar la conformidad de la predicación de la Iglesia con el «depósito de la fe» de los Apóstoles y la doctrina de Cristo3. Esta misión doctrinal se lleva a cabo mediante una serie continua de intervenciones, tanto orales como escritas4.
Asistencia del Espíritu Santo
El Magisterio Pontificio no está por encima de la Palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solo lo que ha sido transmitido, escuchándola devotamente, custodiándola escrupulosamente y explicándola fielmente con una comisión divina y con la ayuda del Espíritu Santo5. Cristo dotó a los pastores de la Iglesia con el carisma de la infalibilidad en materia de fe y moral para preservar al pueblo de Dios de desviaciones y garantizar la posibilidad objetiva de profesar la verdadera fe sin error6. Este carisma de asistencia del Espíritu Santo no se limita a casos excepcionales, sino que abarca en diversas medidas todo el ejercicio del magisterio7.
