Mal moral
En la doctrina católica, el mal moral se entiende como la desviación voluntaria de la voluntad humana respecto al orden moral establecido por Dios, manifestándose principalmente en el pecado. Este mal no es una entidad positiva ni subsistente por sí mismo, sino una privación del bien debido en las acciones y hábitos humanos, originada en el abuso del libre albedrío. La teología católica, desde los Padres de la Iglesia hasta el Magisterio contemporáneo, lo distingue del mal físico y metafísico, atribuyéndolo a la elección libre de criaturas racionales como ángeles y hombres, y lo considera compatible con la bondad y omnipotencia divinas, ya que contribuye al mayor bien del universo al permitir la virtud y la redención.1,2
Tabla de contenido
Definición teológica
El mal moral se define en la tradición católica como la falta de conformidad de un acto humano con la razón recta y la ley eterna de Dios. No se trata de una sustancia o esencia independiente, sino de una privationem boni debiti (privación del bien debido), que afecta específicamente a seres dotados de libertad.1 Según la Catholic Encyclopedia, por mal moral se entiende «la desviación de la volición humana de las prescripciones del orden moral y la acción que resulta de esa desviación».1
Esta noción se enraíza en la antropología cristiana, donde el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, posee inteligencia y voluntad libres. El mal moral surge cuando la voluntad se aparta deliberadamente del fin último, que es el bien supremo: Dios mismo. Santo Tomás de Aquino precisa que el mal moral consiste en elegir «algún aspecto de bondad que se cree hallar en el acto malo», siempre sub specie boni (bajo apariencia de bien), ya que la voluntad solo tiende al bien aparente.2,3
Distinción con otros tipos de mal
La teología católica clasifica el mal en tres categorías principales para mayor claridad:
Mal físico: Todo aquello que causa daño al hombre, como enfermedades, accidentes o muerte, ya sea por causas naturales o sociales imperfectas.1
Mal moral: Exclusivo de actos voluntarios, opuesto al bien moral.1
Mal metafísico: La mera posibilidad de defecto en las criaturas finitas, inherente a su contingencia y mutabilidad.1
Esta distinción subraya que el mal moral no es necesario en el diseño divino, sino consecuencia de la libertad creada.1,4
Causas del mal moral
El papel del libre albedrío
La causa radical del mal moral radica en el abuso del libre albedrío por parte de ángeles y hombres. Dios, en su providencia, otorga la libertad para que las criaturas puedan amar y adherirse voluntariamente al bien, pero esta misma libertad permite la elección del mal.1,2 Santo Tomás afirma que «solo un ser finito puede elegir algo opuesto al Bien Supremo», pues Dios, siendo el Bien puro, no puede desear el mal.2
San Agustín ilustra esta doctrina al explicar que Dios no manda imposibles, sino que exhorta al hombre a hacer lo que puede por sí mismo y pedir ayuda divina para lo que no puede.5 El mal no proviene de la naturaleza humana, creada buena, sino de la voluntad que se desvía: «El hombre fue hecho íntegro y sin defecto, dotado de libre albedrío y capacidad para una vida santa».5
Ignorancia y error en la conciencia
No todo error moral excusa al agente. Aquino distingue entre ignorancia involuntaria, que puede atenuar la culpabilidad, e ignorancia voluntaria (por negligencia o deliberación), que agrava el mal.3 Por ejemplo, si la razón yerra por ignorancia de la ley divina (que todos deben conocer), la voluntad que sigue esa razón errónea es mala.3 En cambio, un error sobre circunstancias factuales puede excusar si es involuntario.3
Doctrina en los grandes teólogos
San Agustín de Hippo
San Agustín enfatiza que todo error es en sí un mal, aunque varíe en gravedad según sus efectos. Distingue entre errores que llevan a la muerte eterna (rechazar la fe) y otros menores que la paciencia del creyente puede transformar en bien.6 En su Enquiridión, afirma: «Dios juzgó mejor sacar bien del mal que permitir que no existiera mal alguno».1 Así, el mal moral, aunque originado en la transgresión humana, es permitido para un bien mayor.1
Santo Tomás de Aquino
Aquino desarrolla una antropología moral profunda. En la Suma Teológica, explica que en materias morales, el bien y el mal actúan como diferencias específicas porque los actos se especifican por su fin, que debe alinearse con la razón.7 El mal moral no es un ser positivo, sino privación: «La recepción de una forma que implica la privación de la forma debida es un mal».4 En hábitos morales, el vicio es un hábito malo que priva la perfección virtuosa.7
Además, Aquino responde a objeciones: el mal no es esencia natural, sino desorden en lo que es bueno en sí (placer sensible moderado por razón).7
En el Magisterio de la Iglesia
El Magisterio ha condenado visiones que relativizan el mal moral, como el socialismo ateo o el liberalismo que lo fomenta.8 El Catecismo de la Iglesia Católica integra esta doctrina en su síntesis de fe y moral, basada en Escritura, Padres, liturgia y Magisterio.9 Respecto al pecado mortal no arrepentido, el mal moral lleva al estado eterno de condenación, revelado por Cristo como solución al problema del mal.10
Pío XI advierte contra males sociales que pervierten la moral, como el cine mal usado o el divorcio, que socavan la familia.11,12
Consecuencias y solución divina
El mal moral genera sufrimiento personal y social, pero Dios lo permite para el bien universal: «El mal contribuye a la perfección del universo, como las sombras a un cuadro».1 La redención por Cristo transforma el mal en gracia: la cruz, aparente derrota, es victoria sobre el mal.13
La Iglesia exhorta a la conversión: seguir los Diez Mandamientos como camino materno trazado por Dios para la vida recta.14 El mal moral se vence por la gracia, que restaura la capacidad para el bien.5
Relación con el problema del mal
La teología católica resuelve el teodicea: Dios permite el mal moral por respeto a la libertad, sin menoscabo de su bondad u omnipotencia. Crear seres libres implica el riesgo del pecado, pero es preferible a no crearlos.2 Otras soluciones (aniquilación, universalismo) son rechazadas.10
En resumen, el mal moral es privación voluntaria del bien en la criatura libre, causa de pecado pero vencida por la cruz. La doctrina católica invita a la vigilancia moral y confianza en la providencia divina.
Citas
Maldad, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Maldad (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10 ↩11
La naturaleza y los atributos de Dios, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §La naturaleza y los atributos de Dios (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Primera parte de la segunda parte - De la bondad y malicia del acto interior de la voluntad - ¿Es buena la voluntad cuando se rige por una razón errónea? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, § I‑II, Q. 19, A. 6, co. (1274). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Maldad - De qué manera el bien y el mal son diferencias del ser, contrarios y géneros de contrarios, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendium Theologiae), §Parte I - Capítulo 116. ↩ ↩2
Capítulo 50 [XLIII.]— Dios no manda imposibilidades, San Agustín de Hipona. Sobre la naturaleza y la gracia, § 50 (415). ↩ ↩2 ↩3
Fe - Capítulo 19. Los errores de los hombres varían mucho en la magnitud de los males que producen; pero, sin embargo, todo error es en sí mismo un mal, San Agustín de Hipona. Manual de fe, esperanza y amor, § 19 (420). ↩
Libro III: Dios el fin de las criaturas - Capítulo 8 - Argumentos contra la conclusión aforesaid, con respuestas a la misma, Tomás de Aquino. Summa Contra Gentiles, §Libro III. Cap. 8. ↩ ↩2 ↩3
Papa Pío XI. Quadragesimo Anno, § 122. ↩
III. El objetivo y el público destinatario del catecismo, Catecismo de la Iglesia Católica, § 11 (1992). ↩
Eschatología, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Eschatología (1913). ↩ ↩2
I. Previa advertencia recordada, Pío XI. Vigilanti Cura, § I. (1936). ↩
Papa Pío XII. Sertum Laetitiae, § 25 (1939). ↩
Misa solemne en la plaza de San Francisco de Asís, Papa Francisco. 4 de octubre de 2013: Misa solemne en la plaza de San Francisco de Asís, § 1 (2013). ↩
La Iglesia como madre, Papa Francisco. Audiencia general del 18 de septiembre de 2013, § 1 (2013). ↩
