Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, mediante los cuales se nos dispensa la vida divina1. Son encuentros con Cristo mismo, quien opera en ellos para comunicar la gracia que cada sacramento significa2,3. La vida litúrgica de la Iglesia gira en torno al sacrificio eucarístico y los siete sacramentos4: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los Enfermos, Orden Sacerdotal y Matrimonio4,5,6,7,8,9. Estos sacramentos abarcan todas las etapas importantes de la vida cristiana, desde el nacimiento y crecimiento hasta la sanación y la misión5.
Los sacramentos son necesarios para la salvación de los creyentes10. La gracia sacramental es la gracia del Espíritu Santo, dada por Cristo y propia de cada sacramento, que sana y transforma a quienes la reciben, conformándolos al Hijo de Dios10. La eficacia de los sacramentos proviene de la obra salvífica de Cristo, realizada una vez por todas, y no de la rectitud del celebrante o del recipiente, sino del poder de Dios (ex opere operato)11,12.
