Orígenes y desarrollo temprano
El término manípulo proviene del latín manipulus, que alude a una «pequeña mano» o «fajín». En los primeros siglos del cristianismo la pieza derivó de la mappula romana, un pañuelo ornamental usado por personas de rango para protegerse del sol y del polvo1. Ya en el siglo VI se documenta su uso en Roma, aunque no era universal entre los clérigos de la época1.
Expansión en la Edad Media
A partir del siglo IX el manípulo se había extendido por toda la Europa occidental, convirtiéndose en una vestidura casi universal entre sacerdotes, diáconos y subdiáconos1. Durante la Edad Media adquirió adornos de oro, plata y bordados que reflejaban la riqueza litúrgica de la época, y su forma evolucionó de una pieza plegada a una banda larga y estrecha1.
Reforma del siglo XX
El Concilio Vaticano II introdujo la Instruction Tres abhinc annos (1967), que declaró que el manípulo «puede omitirse siempre» (manipulus semper omitti potest), señalando la tendencia a simplificar la vestimenta litúrgica y a reducir la ornamentación excesiva2. Aun así, la pieza siguió conservándose en actos de ordenación y en celebraciones solemnes.
