La palabra Maranatha proviene del arameo y se encuentra en la Primera Carta de San Pablo a los Corintios (1 Cor 16,22) y en el Libro del Apocalipsis (Ap 22,20)1,2. Su traducción puede interpretarse de dos maneras, ambas teológicamente ricas y complementarias para los primeros cristianos3,2:
Marana tha (¡Señor nuestro, ven!): Esta interpretación es una invocación y una súplica por la segunda venida de Cristo, su Parusía4,3,5. Refleja la ardiente esperanza de los primeros cristianos en la victoria definitiva del Señor y la transformación del mundo con la llegada de la Nueva Jerusalén1. Es una oración que clama por el establecimiento pleno del Reino de Dios6.
Maran atha (¡El Señor ha venido! o ¡El Señor está viniendo!): Esta lectura subraya la certeza de la presencia actual de Cristo entre su pueblo3,1. Implica que Jesús ya ha venido y está presente, especialmente en la Eucaristía y en la vida de la Iglesia3,1.
Ambos significados se entrelazan perfectamente en la fe cristiana, expresando una tensión dinámica entre la presencia ya realizada de Cristo y su venida futura3,2.
