La culminación de la progresiva situación de índole cismática de Mons. Lefebvre se produjo el 30 de junio de 1988. A pesar de los intensos esfuerzos de la Sede Apostólica, que mostró comprensión «hasta los límites de lo posible» durante los meses previos, Lefebvre procedió a conferir la ordenación episcopal a cuatro sacerdotes sin un mandato pontificio,.
La Ordenación Ilícita y la Excomunión
El acto de ordenar obispos sin el mandato del Romano Pontífice es de gravedad máxima y de suprema importancia para la unidad de la Iglesia, ya que la ordenación episcopal perpetúa sacramentalmente la sucesión apostólica. Esta desobediencia, que implica en la práctica el rechazo del primado romano, fue considerada un acto cismático.
Como resultado directo de este acto, y a pesar de la advertencia canónica formal enviada previamente, Marcel Lefebvre y los cuatro sacerdotes consagrados (Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta) incurrieron en la grave pena de excomunión latae sententiae (automática) prevista por la ley eclesiástica. El Papa San Juan Pablo II estableció la Pontificia Comisión Ecclesia Dei el 2 de julio de 1988, con la tarea de facilitar la plena comunión eclesial de sacerdotes, seminaristas y fieles vinculados al movimiento de Lefebvre que desearan permanecer unidos al Sucesor de Pedro.
El Cardenal Ratzinger (futuro Papa Benedicto XVI) estuvo personalmente involucrado en los intentos de reconciliación que finalmente no tuvieron éxito antes de las consagraciones de 1988.
La Raíz Doctrinal del Cisma
La Santa Sede ha identificado que la ordenación ilícita de 1988 fue la consumación de una progresiva situación global de índole cismática. La raíz doctrinal de este acto cismático se relaciona con el rechazo a la enseñanza del Concilio Vaticano II y el Magisterio postconciliar de los Papas,.
Rechazo al Magisterio: La posición de Lefebvre y sus seguidores implica el rechazo de la autoridad de hoy en nombre de la de ayer. El Magisterio de la Iglesia no puede ser «congelado en el año 1962».
Discontinuidad Doctrinal: El movimiento de Lefebvre sostiene que el Concilio Vaticano II representó una ruptura radical con la Tradición y propuso lo que, en efecto, es un catolicismo diferente. Esta perspectiva concuerda irónicamente con la de la «izquierda liberal» de la discontinuidad.
Libertad Religiosa: Un punto doctrinal clave de controversia es la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa como un derecho civil. Los tradicionalistas a menudo afirman que esta enseñanza contradice las declaraciones anteriores de la Iglesia (como las de Pío IX), y algunos han llegado a considerar que el rechazo de la concepción tradicional del Estado y la Iglesia constituye una apostasía.