Marción de Sinope
Marción nació probablemente en Sinope, ciudad del Ponto, en la primera mitad del siglo II. Su actividad adquirió especial importancia en Roma, donde entró en contacto con la comunidad cristiana y difundió una interpretación propia del Evangelio y de las cartas de san Pablo.
Marción no fundó simplemente una escuela de pensamiento, sino una organización eclesial con comunidades, ministros, ritos y normas disciplinarias propios. Su movimiento alcanzó una notable expansión geográfica y conservó cierta vitalidad durante varios siglos. La literatura cristiana antigua conoció el marcionismo como un adversario serio, no como una corriente filosófica marginal.1
Las ideas de Marción provocaron una respuesta intensa de autores como san Ireneo de Lyon, Tertuliano, san Justino Mártir, san Hipólito de Roma y san Epifanio de Salamina. Las obras originales de Marción no han llegado completas hasta la época moderna; el conocimiento de su doctrina depende principalmente de los escritos de sus adversarios y de la reconstrucción de su canon bíblico.
El contexto del siglo II
El marcionismo apareció en un momento de gran expansión del cristianismo y de intensa discusión sobre la identidad de la fe apostólica. Las comunidades cristianas debían responder a varias cuestiones fundamentales:
- ¿Quién es el Dios anunciado por Jesucristo?
- ¿Qué relación existe entre Israel y la Iglesia?
- ¿Cómo debe interpretarse el Antiguo Testamento?
- ¿Qué escritos poseen autoridad apostólica?
- ¿Cómo puede confesarse al mismo tiempo la verdadera divinidad y la verdadera humanidad de Cristo?
Marción ofreció una respuesta sencilla y radical: eliminó todo aquello que consideraba incompatible con una imagen de Dios definida exclusivamente por la bondad y la misericordia. Para conseguirlo, rechazó el Antiguo Testamento y expurgó los escritos cristianos que conservaban una relación explícita con la tradición judía.


