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María de Betania

María de Betania es una mujer del Nuevo Testamento, hermana de Marta y Lázaro, vinculada a una de las familias más cercanas a Jesús. Los Evangelios la presentan como discípula atenta, mujer de profunda fe y protagonista de la unción de Jesús en Betania. La tradición católica la ha identificado a menudo con María Magdalena y con la mujer pecadora del Evangelio de san Lucas, aunque esta identificación ha suscitado distintas interpretaciones entre los Padres y comentaristas cristianos.

Christ in the House of Martha and Mary
Ver información de la imagenJesús en la casa de Marta y María. c. 1654. Google Arts & Culture-fwE2zem7WDcSlA, Johannes Vermeer, Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMaría de Betania
CategoríaPersona
DescripciónMujer del Nuevo Testamento, discípula que se sentó a los pies de Jesús y lo ungió con perfume costoso. Ejemplo de vida contemplativa, humildad, fe y amor desinteresado hacia Cristo
Contexto BíblicoHermana de Marta y Lázaro; aparece en los evangelios de Juan y Lucas, participando en la unción de Jesús y en la resurrección de Lázaro
ImportanciaModelo teológico de discipulado que integra escucha, fe y acción de amor; su unción simboliza la entrega total a Cristo
Interpretación TradicionalFrecuentemente identificada con María Magdalena y la mujer pecadora, aunque algunos Padres de la Iglesia la distinguen
LugarBetania, cerca de Jerusalén, en la vertiente oriental del Monte de los Olivos
SimbolismoEl perfume derramado representa la caridad que perfuma y extiende el mensaje del Evangelio
TipoFigura bíblica

Tabla de contenido

Identidad y familia

María vivía en Betania, localidad situada cerca de Jerusalén, en la vertiente oriental del monte de los Olivos. El Evangelio según san Juan llama a Betania «la aldea de María y de su hermana Marta» y presenta a Lázaro como hermano de ambas.1

La familia mantenía una relación de amistad con Jesús. El cuarto Evangelio afirma expresamente que Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro. La enfermedad y muerte de Lázaro ofrecieron el marco para una de las señales más importantes del ministerio público de Cristo: la resurrección de Lázaro.1

Betania ocupaba una posición cercana a Jerusalén, aproximadamente a dos millas de la ciudad. Jesús acudía allí con sus discípulos y recibía hospitalidad en el círculo familiar de Marta, María y Lázaro. La localidad adquirió especial relevancia por la resurrección de Lázaro y por su proximidad a los acontecimientos de la pasión.1,2

María a los pies de Jesús

El episodio más conocido de María de Betania aparece en el Evangelio según san Lucas. Mientras Marta atendía las tareas de la casa, María permanecía sentada a los pies de Jesús y escuchaba su enseñanza. Marta pidió al Señor que invitara a su hermana a ayudarla, pero Jesús respondió que María había escogido «la mejor parte», que no le sería arrebatada.3

La escena no contrapone de manera absoluta la vida activa y la contemplativa. Marta ejerce la hospitalidad, una obra valiosa dentro de la tradición bíblica; María, en cambio, representa la acogida interior de la palabra de Cristo. Su postura a los pies del Maestro expresa la actitud de la discípula que escucha, aprende y reconoce en Jesús una autoridad superior.

La tradición espiritual cristiana ha visto en María una imagen de la vida contemplativa. La contemplación no significa pasividad ni desprecio de las responsabilidades cotidianas. Designa la atención amorosa a Dios, la escucha de su palabra y la primacía de la relación con Cristo. La acción cristiana encuentra su sentido más profundo cuando nace de esa escucha.

La fe de María ante la muerte de Lázaro

Cuando Lázaro enfermó, María y Marta enviaron un mensaje a Jesús: «Señor, el que amas está enfermo». Jesús no acudió inmediatamente, sino que permaneció dos días en el lugar donde estaba. Después emprendió el camino hacia Judea, aunque sus discípulos temían la hostilidad de las autoridades.1

Al llegar Jesús, Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro. Muchos habitantes de Jerusalén habían acudido a consolar a las dos hermanas. Marta salió al encuentro de Jesús, mientras María permaneció inicialmente en casa. Después Marta comunicó a María que el Maestro la llamaba, y María acudió rápidamente a su presencia.1

El relato concede a Marta la confesión explícita de fe en Cristo como Mesías e Hijo de Dios. María, por su parte, expresa su dolor con un gesto de postración y repite la confianza de su hermana: si Jesús hubiera estado allí, Lázaro no habría muerto. La respuesta de Cristo transforma el duelo familiar en revelación de su identidad: «Yo soy la resurrección y la vida».1

La presencia de María en este episodio muestra que la fe cristiana no elimina el sufrimiento. María llora, busca a Jesús y permanece ante él en medio de la pérdida. El milagro de Lázaro manifiesta el poder de Cristo sobre la muerte y anticipa la esperanza de la resurrección.

La unción de Jesús en Betania

Poco antes de la pasión, Jesús volvió a Betania. Allí tuvo lugar una cena durante la cual María tomó una libra de perfume de nardo auténtico y ungió los pies de Jesús; después los secó con sus cabellos. El Evangelio añade que la casa quedó llena de la fragancia del perfume.4

El gesto posee un profundo significado simbólico. María ofrece a Jesús un perfume costoso sin calcular su utilidad ni reservarlo para sí. Su acción expresa un amor generoso, total y desinteresado. El perfume derramado representa una entrega que no busca beneficio propio.

Judas Iscariote criticó el gesto y consideró excesivo el valor del perfume. El contraste revela dos lógicas opuestas: la lógica del amor, que entrega con generosidad, y la lógica del cálculo, que mide cada acto según su rentabilidad. La tradición cristiana ha interpretado la reacción de Judas como una manifestación de su avaricia.4

Jesús defendió a María y presentó su acción como una obra buena relacionada con su sepultura. De este modo, la unción adquiere un carácter profético: María honra anticipadamente el cuerpo de Cristo antes de su muerte y expresa, quizá sin comprenderlo plenamente, la proximidad de la pasión.4

Significado espiritual de la unción

Santo Tomás de Aquino contempla en la escena varios aspectos de la actitud de María. El perfume era abundante, auténtico y costoso; la cantidad y la calidad del ungüento muestran que María ofreció a Cristo algo valioso, no un don insignificante o defectuoso.5

El gesto de ungir los pies manifiesta humildad. María no busca ocupar el centro de la escena, sino colocarse a los pies del Señor. Al secarlos con sus cabellos, ofrece también su propia persona. Santo Tomás relaciona esta acción con la entrega de los miembros humanos al servicio de Dios y de la justicia.5

La fragancia que llena la casa ha recibido una interpretación eclesial y misionera. San Agustín entiende el perfume como imagen de la buena fama que nace de una vida cristiana coherente: la casa representa el mundo y el aroma simboliza el testimonio que se extiende por todas partes.6

Santo Tomás relaciona además el perfume con varias virtudes: la misericordia, representada por el ungüento que suaviza; la humildad, asociada al nardo; la fe, expresada por la autenticidad del perfume; y la caridad, simbolizada por su elevado precio. La interpretación convierte el gesto de María en una imagen de la vida cristiana, que debe unir fe, humildad, misericordia y amor.5

María de Betania y María Magdalena

La relación entre María de Betania y María Magdalena constituye una cuestión tradicional y exegética compleja. Los Evangelios presentan a María Magdalena como una discípula de la que Jesús expulsó siete demonios y que estuvo presente en la pasión, en la sepultura y en el anuncio de la resurrección. La identificación de ambas Marías procede de una antigua tradición occidental que leyó conjuntamente varios relatos evangélicos.

La identificación también afecta a la mujer pecadora que, en el Evangelio según san Lucas, ungió los pies de Jesús, los regó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Algunos Padres, entre ellos san Jerónimo y san Juan Crisóstomo, distinguieron a esa mujer de María de Betania. Según esa interpretación, los Evangelios hablan de dos o incluso de tres mujeres diferentes.7

Otros autores antiguos, como san Agustín y san Gregorio Magno, defendieron la identificación. Según esta lectura, una primera unción habría tenido lugar al comienzo de la conversión de la mujer pecadora, mientras que otra habría ocurrido en Betania poco antes de la pasión. Santo Tomás de Aquino expone ambas posiciones y recoge la interpretación que considera a las mujeres como la misma persona.5

La cuestión también depende de la comparación entre los relatos evangélicos. Lucas narra la unción de una mujer pecadora durante el ministerio público de Jesús. Juan describe a María de Betania ungiendo los pies del Señor antes de la pasión. Mateo y Marcos hablan de una mujer que unge la cabeza de Jesús en casa de Simón el leproso. Algunos comentaristas armonizaron estos relatos como episodios realizados por la misma mujer; otros mantuvieron la distinción entre los personajes y las escenas.5

La tradición latina terminó vinculando estrechamente a María de Betania con María Magdalena. Sin embargo, los textos evangélicos presentan directamente a María de Betania como hermana de Marta y Lázaro, mientras que el apelativo «Magdalena» relaciona a la otra María con Magdala. Por ello, conviene distinguir entre el dato explícito de cada Evangelio y la interpretación tradicional que los integra.

María de Betania en la tradición cristiana

La tradición cristiana ha contemplado a María de Betania principalmente como modelo de escucha, contemplación, humildad y amor a Cristo. Su figura reúne tres actitudes: escucha la palabra del Señor, confía en él en medio del duelo y expresa su amor mediante una entrega concreta y costosa.

La escena de la casa llena de perfume adquirió un valor eclesial. Para la tradición patrística y medieval, la acción de María no quedó encerrada en el ámbito familiar de Betania: su aroma simboliza la difusión del Evangelio y la santidad de los discípulos. La obra de amor realizada en secreto o en un círculo reducido puede alcanzar una dimensión universal cuando nace de la caridad.4,6

La devoción católica también ha leído en María una figura de la Iglesia que permanece a los pies de Cristo para recibir su palabra y que, después, ofrece al Señor lo más precioso. Su contemplación no la separa de la vida concreta: aparece vinculada al servicio de la mesa, al cuidado de su hermano y al acompañamiento de Jesús en los días previos a la pasión.

Importancia teológica

María de Betania ocupa un lugar relevante en la teología del discipulado. Jesús no la presenta como una oyente secundaria, sino como alguien que ha escogido la parte necesaria. Su actitud recuerda que la misión cristiana no puede reducirse a actividad exterior, organización o rendimiento. El servicio necesita una raíz contemplativa.

Su unción manifiesta también la dignidad del cuerpo de Cristo. María honra los pies de Jesús con un perfume precioso y con su propio cabello. El gesto anticipa la sepultura y proclama que la muerte próxima de Jesús no constituye el fracaso de su misión, sino el camino hacia la Pascua.4

La resurrección de Lázaro ilumina el conjunto de su historia. María conoce el dolor de la muerte, pero aprende que Jesús posee autoridad sobre el sepulcro. La familia de Betania se convierte así en un espacio donde aparecen unidos el afecto humano, el sufrimiento, la fe y la revelación de Cristo como resurrección y vida.1

Representación en la espiritualidad católica

La espiritualidad católica suele presentar a María de Betania mediante cuatro rasgos:

  • Discípula que escucha, porque permanece a los pies de Jesús y recibe su enseñanza.
  • Mujer de fe, porque acude a Cristo en el dolor causado por la muerte de Lázaro.
  • Adoradora humilde, porque unge los pies del Señor y los seca con sus cabellos.
  • Amante generosa, porque entrega un perfume costoso sin someter su amor a cálculos de utilidad.

Su figura invita a integrar contemplación y servicio. Marta recuerda la necesidad de atender al huésped y a la comunidad; María recuerda que toda actividad cristiana debe brotar de la escucha de Cristo. La tradición no obliga a elegir entre ambas dimensiones, sino a ordenarlas alrededor de la relación con el Señor.

Valor de su testimonio

María de Betania representa una forma de discipulado marcada por la cercanía personal con Jesús. No aparece predicando públicamente ni ocupando un cargo institucional, pero sus gestos poseen una extraordinaria fuerza teológica. Escucha, llora, confía, adora y ofrece. Cada una de esas acciones revela una respuesta distinta al misterio de Cristo.

El Evangelio conserva su memoria precisamente porque su amor tuvo un valor que superó la utilidad inmediata. La fragancia del perfume llena la casa y simboliza la expansión de una entrega que la Iglesia continúa interpretando como imagen de la caridad cristiana. María de Betania permanece así como modelo de quien reconoce a Jesús, permanece junto a él y le ofrece lo mejor de su vida.

Citas y referencias

  1. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Juan 11 (1993). 2 3 4 5 6 7
  2. Betania. Enciclopedia Católica, Betania (1913).
  3. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen III, 166 (1990).
  4. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 4, abril de 2007, 19 (2007). 2 3 4 5
  5. Capítulo 12, Tomás de Aquino. Comentario sobre Juan, 12:3 (1272). 2 3 4 5
  6. Agustín de Hipona. Comentario sobre el Evangelio de Juan, 379 (1845). 2
  7. Timothy Bellamah, O. P. En el Nombre de Jesucristo: Algunas Perspectivas Históricas sobre el Funcionamiento de la Autoridad en la Interpretación Bíblica, 22 (2015).
Modificado el 15 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.72Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/7w4p3dqxq

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