La Iglesia Católica profesa a María como la God-bearing One (en griego, Theotokos), o Madre de Dios1,2. Este título fue solemnemente proclamado en el Concilio de Éfeso en el año 4312. La designación Theotokos abarca todo el misterio de la dispensación divina y subraya la unión hipostática de la naturaleza divina y humana en la persona de Jesucristo3,2. Al ser la madre de Jesús, quien es verdadero Dios y verdadero hombre, María es verdaderamente la Madre de Dios2.
Este dogma no implica que María sea la fuente de la divinidad de Cristo, sino que el Hijo de Dios, coeterno con el Padre, se encarnó en su seno y nació de ella como hombre2,4. Así, María dio a luz a la persona divina del Verbo encarnado5. La Iglesia ve en ella la perfecta realización de la voluntad de Dios y el asentimiento de la Virgen María a este plan salvífico6.

