Uso anterior al Concilio Vaticano II
La expresión Madre de la Iglesia tuvo antecedentes en la tradición cristiana, aunque durante siglos no constituyó el título mariano más habitual. Los fieles invocaron con mayor frecuencia a María como Madre de Dios, Madre de los fieles o Madre nuestra. La profundización en el misterio de la Iglesia favoreció la difusión posterior del título Madre de la Iglesia.
Antes del Concilio Vaticano II, León XIII utilizó la expresión y afirmó que María es «en toda verdad Madre de la Iglesia». También Juan XXIII y Pablo VI emplearon el título en diversas enseñanzas.
Benedicto XIV había descrito a la Iglesia como una comunidad que reconoce a María como su Madre amantísima. Aunque no siempre empleó de modo directo la fórmula Madre de la Iglesia, esa doctrina estaba implícita en la comprensión filial de la relación entre la Iglesia y la Virgen.
El Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II trató la doctrina mariana en el capítulo VIII de la constitución dogmática Lumen gentium, dedicado a la bienaventurada Virgen María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. El Concilio presentó a María como miembro eminente de la Iglesia, figura y modelo de la Iglesia, y Madre amantísima de los fieles.,
El texto conciliar no incluyó literalmente el título Madre de la Iglesia como una fórmula solemne dentro de Lumen gentium, pero expuso claramente su contenido doctrinal al hablar de la maternidad de María respecto de los discípulos de Cristo y de su relación con la Iglesia.
Esta presentación mantuvo un equilibrio teológico esencial: María ocupa una posición única por su unión con Cristo, pero también pertenece plenamente a la Iglesia como criatura redimida y primera discípula. La doctrina mariana ayuda a comprender el misterio de la Iglesia, y la doctrina de la Iglesia permite interpretar correctamente la misión de María.,
Proclamación de Pablo VI en 1964
El 21 de noviembre de 1964, al concluir la tercera sesión del Concilio Vaticano II, Pablo VI proclamó solemnemente a María Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el Pueblo cristiano, de los fieles y de los pastores. El Papa pidió que todo el pueblo cristiano honrase e invocase a la Virgen con ese título.,
Pablo VI fundamentó la proclamación en la maternidad divina. María es Madre de Cristo, y Cristo incorporó a sí mismo, desde la Encarnación, su Cuerpo místico, que es la Iglesia. Por ello, María, Madre de Cristo, es también Madre de los fieles y de los pastores.
Desarrollo posterior
Juan Pablo II presentó la proclamación de Pablo VI como una formulación solemne de la doctrina contenida en el capítulo VIII de Lumen gentium. También explicó que María continúa en el cielo su misión maternal respecto de los miembros de Cristo y coopera en el nacimiento y desarrollo de la vida divina en las almas redimidas.
La maternidad espiritual de María alcanza a cada miembro de la Iglesia. Ella abraza maternalmente a los cristianos y ejerce esta solicitud en unión con la Iglesia y por medio de la Iglesia. Por esta razón, María es también modelo de la Iglesia: la Iglesia contempla en ella la forma más auténtica de una vida plenamente configurada con Cristo.