Orígenes legendarios
Según la tradición, el primer ícono de la Virgen fue traído por San Eusebio de Vercelli, quien, tras su regreso del Oriente, colocó la imagen en una pequeña capilla construida en el monte Oropa1. Esta capilla fue inicialmente cuidada por monjes benedictinos y, tras su abandono, pasó a manos del capítulo de la catedral de Biella en el siglo XV1.
Desarrollo medieval y renacimiento
Durante el siglo XVI, los habitantes de Biella, agradecidos por la liberación de la peste, erigieron una iglesia sobre la capilla original, consolidando el sitio como un importante lugar de culto mariano1. A lo largo de los siglos, el santuario recibió múltiples ampliaciones y renovaciones, convirtiéndose en el imponente complejo que se visita hoy.
