La rosa es un símbolo cristiano de larga tradición, asociado con la belleza, la alegría y, en algunos contextos, el martirio. La Iglesia aplica este símbolo a la Virgen María y la invoca como «Rosa mística» en las letanías lauretanas. Esta advocación alude a la singular belleza espiritual de María y a su lugar en la piedad mariana; no nació con las presuntas apariciones de Montichiari.2
La imagen de María como rosa también aparece relacionada con otras expresiones de devoción. La Santa Sede, por ejemplo, describe la rosa como un símbolo mariano y recuerda su presencia en el arte cristiano y en la tradición del rezo del rosario.2


