Orígenes de la devoción
La devoción a la Virgen de la Macarena se originó en Sevilla en el siglo XVIII y rápidamente se extendió por el mundo hispánico, llegando a las Islas Canarias a través de comerciantes y peregrinos. En el siglo XIX, una réplica de la imagen sevillana fue traída a Tenerife y colocada en la capilla de la Esperanza en Santa Cruz, donde recibió el nombre de María Santísima de la Esperanza Macarena. Esta transferencia refleja el patrón histórico de la difusión de imágenes marianas, tal como se describe en la obra de Alonso De Espinosa sobre la Virgen de Candelaria, que documenta la llegada de imágenes de la Madre a la isla y su papel en la consolidación de la fe local1.
Desarrollo en el siglo XX
Durante el siglo XX, la devoción ganó popularidad gracias a la organización de procesiones y fiestas patronales. La comunidad canaria, influenciada por la piedad popular descrita por el Concilio Vaticano II, vio en esta imagen una expresión de esperanza y protección en momentos de crisis económica y social3. En 1953, el Papa Pío XII elogió la importancia de los santuarios marianos como lugares de testimonio de la gracia divina, subrayando la relevancia de la devoción popular en la vida de los fieles4.

