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Marialis Cultus

Marialis Cultus es una exhortación apostólica de san Pablo VI, publicada el 2 de febrero de 1974, dedicada al culto y a la devoción a la Santísima Virgen María. El documento explica el lugar de María en la liturgia, ofrece criterios para renovar la piedad mariana y presenta su valor teológico, pastoral y espiritual dentro de la vida de la Iglesia.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMarialis Cultus
CategoríaObra
DescripciónExhortación que orienta la piedad mariana conforme a la Sagrada Escritura, la liturgia y el cristianismo ecuménico
AutorPablo VI
Contexto HistóricoPublicada tras el Concilio Vaticano II, en el periodo de renovación litúrgica y pastoral de la Iglesia.
Fecha de Publicación1974-02-02
ImportanciaOfrece criterios bíblicos, litúrgicos, ecuménicos y antropológicos para una devoción mariana auténtica y equilibrada.
TemaCulto y devoción mariana en la liturgia
TipoExhortación apostólica
Enlace oficialMarialis Cultus

Tabla de contenido

Naturaleza y contexto del documento

Marialis Cultus pertenece al género de las exhortaciones apostólicas, documentos mediante los cuales el Papa ofrece orientaciones doctrinales y pastorales a toda la Iglesia. Pablo VI la publicó durante el periodo de renovación eclesial posterior al Concilio Vaticano II, especialmente en relación con la liturgia y las formas de piedad cristiana.

El documento concentra su atención principalmente en el rito romano, cuyos libros litúrgicos habían experimentado una profunda renovación conforme a las disposiciones conciliares. Pablo VI examina, por tanto, la presencia de María en la liturgia romana y propone criterios para armonizar con ella las distintas expresiones de la devoción mariana.1

La exhortación posee dos grandes partes:

  • La primera estudia la veneración de la Virgen María dentro de la liturgia.
  • La segunda ofrece cuatro criterios para orientar la piedad mariana: bíblico, litúrgico, ecuménico y antropológico.

Título y finalidad

El título latino Marialis Cultus significa «El culto mariano» o «El culto de María». La expresión no presenta a María como destinataria de la adoración que corresponde únicamente a Dios, sino como objeto de la veneración singular que la Iglesia tributa a la Madre del Señor.

La finalidad principal del documento consiste en promover una devoción mariana:

Pablo VI pretende evitar tanto el abandono injustificado de la piedad mariana como sus deformaciones devocionales. La renovación no debe destruir las prácticas legítimas, sino purificarlas, ordenarlas y conducirlas hacia una comprensión más profunda del misterio cristiano.

María en el culto cristiano

La devoción mariana como elemento del culto cristiano

Marialis Cultus enseña que la devoción de la Iglesia a la Virgen María constituye un elemento intrínseco del culto cristiano. Esta devoción posee raíces bíblicas y dogmáticas, y nace de la dignidad singular de María como Madre del Hijo de Dios, hija predilecta del Padre y templo del Espíritu Santo.2

La veneración mariana también guarda relación con la historia de la salvación. María participó de forma singular en momentos decisivos de la obra realizada por Cristo: recibió el anuncio de la Encarnación, acogió con fe la voluntad divina, acompañó la vida de Jesús y permaneció junto a la cruz.

La Iglesia contempla también la santidad de María, plena desde su Inmaculada Concepción y desarrollada mediante su crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad. Su misión dentro del Pueblo de Dios incluye ser miembro eminente de la Iglesia, modelo luminoso de los creyentes y madre espiritual.2

Latría, dulía e hiperdulía

La distinción entre latría y dulía constituye el fundamento teológico de la piedad mariana:

  • Latría: adoración debida únicamente a Dios, uno y trino.
  • Dulía: veneración tributada a los santos por la gracia de Dios manifestada en sus vidas.
  • Hiperdulía: veneración especial, superior a la otorgada a los demás santos, que corresponde a la Virgen María por su dignidad única como Madre de Dios.

La Iglesia no adora a María. La honra de modo singular porque Dios realizó en ella grandes obras y porque su relación con Cristo supera la de cualquier otra criatura. La devoción mariana permanece subordinada al culto divino y encuentra en Cristo su origen, su centro y su finalidad.

Pablo VI insiste en que Cristo es el único camino hacia el Padre y el modelo definitivo del discípulo. La devoción a María no puede oscurecer esta verdad; correctamente entendida, ayuda a vivirla con mayor intensidad.3

María en la liturgia

La liturgia como norma de la piedad cristiana

La liturgia posee un contenido doctrinal y una eficacia pastoral excepcionales. Por este motivo, ofrece el criterio principal para valorar las demás formas de culto y devoción. Marialis Cultus estudia especialmente los libros del rito romano después de la renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II.1

La liturgia presenta a María dentro del misterio de Cristo y de la Iglesia. Sus celebraciones no contemplan a la Virgen de forma aislada, sino en relación con la Encarnación, la Pascua, la acción del Espíritu Santo y la misión del Pueblo de Dios.

La memoria de María en la liturgia ayuda a los fieles a comprender que su grandeza procede enteramente de la gracia divina y de su unión con Cristo. La liturgia evita así una imagen autónoma o sentimental de la Virgen y la sitúa en el centro de la historia de la salvación.

Liturgia y devociones marianas

Las prácticas de piedad deben armonizarse con la liturgia, inspirarse en ella y orientar hacia ella al pueblo cristiano. La liturgia conserva la primacía porque hace presente sacramentalmente el misterio de Cristo, especialmente en la celebración eucarística.4

Pablo VI rechaza dos errores pastorales contrapuestos.

El primero consiste en despreciar de antemano las devociones aprobadas por la Iglesia. Esa actitud puede crear un vacío espiritual y olvidar que las prácticas piadosas, cuando conservan una forma correcta, ayudan a alimentar la vida cristiana.

El segundo error consiste en mezclar sin discernimiento ejercicios devocionales y actos litúrgicos. La inserción de novenas u otras prácticas dentro de la celebración de la Eucaristía puede oscurecer la naturaleza propia del sacrificio eucarístico y convertirlo en ocasión para una actividad devocional.

La relación adecuada exige una clara distinción:

  • La liturgia conserva su naturaleza propia y su primacía.
  • La piedad popular mantiene sus formas legítimas.
  • Las devociones reciben inspiración de la liturgia.
  • Las devociones conducen al creyente hacia una participación más plena en la liturgia.

La piedad popular, por tanto, complementa la liturgia, pero nunca puede sustituirla. El rosario, las novenas, las peregrinaciones, las procesiones y otras prácticas marianas pueden favorecer la oración y la conversión, pero no equivalen a la celebración de la Eucaristía ni a los demás actos litúrgicos.

Los cuatro criterios de la devoción mariana

Pablo VI propone cuatro orientaciones para revisar las prácticas existentes y elaborar nuevas formas de piedad: la orientación bíblica, litúrgica, ecuménica y antropológica. Estos criterios buscan fortalecer el vínculo entre los fieles y María como Madre de Cristo y Madre espiritual de la Iglesia.5

Criterio bíblico

Toda forma de piedad cristiana necesita una impronta bíblica. La devoción a María no puede limitarse a seleccionar ocasionalmente algunos versículos o símbolos, sino que debe impregnarse de los grandes temas del mensaje cristiano.6

La Sagrada Escritura presenta a María dentro del plan de salvación. Desde las promesas antiguas hasta el misterio de la Encarnación y la vida de la Iglesia naciente, la Biblia muestra su relación con Dios y con la misión salvadora de su Hijo.

Una devoción bíblica contempla especialmente:

  • La fe de María ante el anuncio del ángel.
  • Su obediencia a la voluntad de Dios.
  • Su servicio caritativo a Isabel.
  • Su alabanza en el Magníficat.
  • Su atención a las necesidades humanas en Caná.
  • Su perseverancia junto a la cruz.
  • Su oración con la comunidad apostólica.

La Biblia no presenta a María como una figura pasiva. La muestra como mujer creyente, libre, activa y plenamente integrada en el designio de Dios.

Criterio litúrgico

El criterio litúrgico exige que la devoción mariana respete la primacía del culto cristiano y el ritmo del año litúrgico. Las prácticas populares deben encontrar su inspiración en la celebración del misterio de Cristo y conducir hacia ella.

La liturgia ofrece una comprensión equilibrada de María porque la contempla en relación con:

  • La Encarnación del Verbo.
  • El nacimiento y la manifestación de Cristo.
  • La pasión y la cruz.
  • La resurrección.
  • Pentecostés.
  • La esperanza escatológica de la Iglesia.

Este criterio impide separar a María de Jesucristo o convertir su culto en una realidad independiente. La verdadera piedad mariana prolonga en la vida cotidiana la fe celebrada en la liturgia.

Criterio ecuménico

La devoción mariana debe expresarse de modo que favorezca la unidad de los cristianos. Para ello necesita un lenguaje bíblico, doctrinalmente exacto y libre de exageraciones que puedan deformar la fe católica o dificultar el diálogo con otras comunidades cristianas.

La orientación ecuménica no exige ocultar la doctrina católica sobre María. Exige presentarla con claridad, equilibrio y fidelidad al Evangelio. La veneración de la Virgen debe mostrar que toda su grandeza procede de Cristo y que toda su misión conduce a Él.

Criterio antropológico

El criterio antropológico invita a contemplar a María en relación con las experiencias, aspiraciones y dificultades de los hombres y mujeres de cada época. Pablo VI presenta a la Virgen como una figura capaz de iluminar la dignidad humana, la responsabilidad personal, la pobreza, el sufrimiento, la solidaridad y la esperanza.7

María aparece como una mujer que dialoga con Dios y ofrece un consentimiento activo y responsable a la Encarnación. Su virginidad no representa un rechazo del matrimonio, sino una vocación concreta de entrega total al amor de Dios.

El Evangelio tampoco presenta a María como una mujer débil o resignada. Su canto proclama la acción de Dios en favor de los humildes y denuncia la soberbia de los poderosos. Su vida conoció la pobreza, la persecución, la huida y el exilio. Por ello puede acompañar a quienes sufren injusticia, exclusión o inseguridad.

La dimensión antropológica de Marialis Cultus permite reconocer en María:

  • Un modelo de libertad responsable.
  • Una mujer de fe y fortaleza.
  • Una discípula comprometida con la misión de Cristo.
  • Una presencia solidaria junto a los pobres.
  • Una figura de esperanza para la humanidad.

Criterios para una devoción auténtica

Rechazo de las deformaciones

La devoción mariana necesita evitar tanto las exageraciones como las reducciones que empobrecen la figura de María. Pablo VI rechaza la credulidad superficial y el sentimentalismo estéril, porque ambos sustituyen el compromiso cristiano por prácticas externas o emociones pasajeras.8

La piedad mariana auténtica debe ser:

  • Doctrinalmente sólida.
  • Fundada en la revelación.
  • Históricamente objetiva.
  • Libre de leyendas falsas.
  • Coherente con el Evangelio.
  • Ajena a intereses egoístas.
  • Orientada a la conversión.

La devoción no puede depender de la búsqueda indiscriminada de novedades, fenómenos extraordinarios o promesas automáticas. Tampoco puede presentar a María desde una sola perspectiva, olvidando su relación con Cristo, la Iglesia y la historia de la salvación.

María, modelo de virtudes evangélicas

Marialis Cultus propone a María como modelo concreto de vida cristiana. Entre las virtudes que presenta destacan:

Estas virtudes no convierten a María en una figura distante. Al contrario, muestran cómo la gracia puede transformar la existencia humana en las circunstancias ordinarias y dolorosas de la vida.3

Valor pastoral de la devoción mariana

La devoción a María posee un valor pastoral porque ayuda a renovar la vida cristiana. Su maternidad espiritual mueve a los fieles a acudir a ella con confianza filial y a pedir su intercesión.

La Iglesia invoca a María como:

  • Consuelo de los afligidos.
  • Salud de los enfermos.
  • Refugio de los pecadores.
  • Madre de misericordia.
  • Auxilio de los cristianos.

Estas invocaciones no atribuyen a María un poder independiente de Dios. Expresan la confianza en su intercesión maternal y en su unión gloriosa con Cristo.

La santidad de María impulsa a combatir el pecado, crecer en la gracia y vivir en amistad con Dios. Honrar a la «llena de gracia» exige buscar también la gracia y la comunión con el Espíritu Santo.3

María y la esperanza humana

Pablo VI presenta a María como signo de esperanza para la humanidad. En ella, el designio salvador de Dios ya ha alcanzado su realización plena en una criatura humana.

María ilumina las tensiones de la existencia contemporánea:

  • La angustia y la esperanza.
  • La soledad y la comunión.
  • La ansiedad y la paz.
  • El aburrimiento y la alegría.
  • La muerte y la vida eterna.

Su figura ofrece una visión serena de la dignidad humana porque muestra lo que la gracia de Dios puede realizar en una persona que acoge libremente su voluntad.

María permanece unida a Cristo, el Hombre nuevo, y ayuda a comprender que el misterio de la persona humana encuentra su luz definitiva en Cristo. Su vida anticipa la plenitud hacia la que camina la Iglesia.

«Haced lo que él os diga»

La exhortación concluye con las palabras de María en Caná: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Esta frase resume el sentido de toda auténtica devoción mariana.

María no dirige la atención hacia sí misma como destino último. Su misión consiste en conducir a Cristo. En Caná percibe una necesidad, intercede y orienta a los servidores hacia la obediencia al Señor.

La expresión armoniza con la voz del Padre en la Transfiguración: «Escuchadlo». La piedad mariana alcanza así su finalidad cuando ayuda a escuchar a Jesús, obedecer su palabra y vivir según el Evangelio.3

Importancia de Marialis Cultus

La relevancia de Marialis Cultus reside en haber ofrecido una síntesis equilibrada entre la renovación litúrgica y la continuidad de la piedad mariana. El documento evita dos extremos: la supresión indiscriminada de las devociones y su mantenimiento sin discernimiento.

Su enseñanza puede resumirse en cuatro principios:

  1. María pertenece al misterio cristiano, no a una religiosidad separada de Cristo.
  2. La liturgia tiene primacía sobre las prácticas devocionales.
  3. La piedad mariana necesita fundamentos bíblicos, doctrinales y litúrgicos.
  4. La devoción a María debe transformar la vida, impulsando a la conversión, la caridad y la esperanza.

La exhortación presenta a la Virgen como Madre del Señor, modelo de la Iglesia, discípula perfecta y signo de la humanidad redimida. Su veneración alcanza su plenitud cuando lleva a los fieles a adorar a Dios, seguir a Jesucristo y vivir bajo la acción del Espíritu Santo.

Citas y referencias

  1. Marialis cultus, Papa Pablo VI, Marialis Cultus, 1 (1974-02-02). 2
  2. Marialis cultus, Papa Pablo VI, Marialis Cultus, 56 (1974-02-02). 2
  3. Marialis cultus, Papa Pablo VI, Marialis Cultus, 57 (1974-02-02). 2 3 4
  4. Marialis cultus, Papa Pablo VI, Marialis Cultus, 31 (1974-02-02).
  5. Marialis cultus, Papa Pablo VI, Marialis Cultus, 29 (1974-02-02).
  6. Marialis cultus, Papa Pablo VI, Marialis Cultus, 30 (1974-02-02).
  7. Marialis cultus, Papa Pablo VI, Marialis Cultus, 37 (1974-02-02).
  8. Marialis cultus, Papa Pablo VI, Marialis Cultus, 38 (1974-02-02).
Modificado el 15 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.88Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/wbn5qkw4r

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