Pablo VI propone cuatro orientaciones para revisar las prácticas existentes y elaborar nuevas formas de piedad: la orientación bíblica, litúrgica, ecuménica y antropológica. Estos criterios buscan fortalecer el vínculo entre los fieles y María como Madre de Cristo y Madre espiritual de la Iglesia.
Criterio bíblico
Toda forma de piedad cristiana necesita una impronta bíblica. La devoción a María no puede limitarse a seleccionar ocasionalmente algunos versículos o símbolos, sino que debe impregnarse de los grandes temas del mensaje cristiano.
La Sagrada Escritura presenta a María dentro del plan de salvación. Desde las promesas antiguas hasta el misterio de la Encarnación y la vida de la Iglesia naciente, la Biblia muestra su relación con Dios y con la misión salvadora de su Hijo.
Una devoción bíblica contempla especialmente:
- La fe de María ante el anuncio del ángel.
- Su obediencia a la voluntad de Dios.
- Su servicio caritativo a Isabel.
- Su alabanza en el Magníficat.
- Su atención a las necesidades humanas en Caná.
- Su perseverancia junto a la cruz.
- Su oración con la comunidad apostólica.
La Biblia no presenta a María como una figura pasiva. La muestra como mujer creyente, libre, activa y plenamente integrada en el designio de Dios.
Criterio litúrgico
El criterio litúrgico exige que la devoción mariana respete la primacía del culto cristiano y el ritmo del año litúrgico. Las prácticas populares deben encontrar su inspiración en la celebración del misterio de Cristo y conducir hacia ella.
La liturgia ofrece una comprensión equilibrada de María porque la contempla en relación con:
- La Encarnación del Verbo.
- El nacimiento y la manifestación de Cristo.
- La pasión y la cruz.
- La resurrección.
- Pentecostés.
- La esperanza escatológica de la Iglesia.
Este criterio impide separar a María de Jesucristo o convertir su culto en una realidad independiente. La verdadera piedad mariana prolonga en la vida cotidiana la fe celebrada en la liturgia.
Criterio ecuménico
La devoción mariana debe expresarse de modo que favorezca la unidad de los cristianos. Para ello necesita un lenguaje bíblico, doctrinalmente exacto y libre de exageraciones que puedan deformar la fe católica o dificultar el diálogo con otras comunidades cristianas.
La orientación ecuménica no exige ocultar la doctrina católica sobre María. Exige presentarla con claridad, equilibrio y fidelidad al Evangelio. La veneración de la Virgen debe mostrar que toda su grandeza procede de Cristo y que toda su misión conduce a Él.
Criterio antropológico
El criterio antropológico invita a contemplar a María en relación con las experiencias, aspiraciones y dificultades de los hombres y mujeres de cada época. Pablo VI presenta a la Virgen como una figura capaz de iluminar la dignidad humana, la responsabilidad personal, la pobreza, el sufrimiento, la solidaridad y la esperanza.
María aparece como una mujer que dialoga con Dios y ofrece un consentimiento activo y responsable a la Encarnación. Su virginidad no representa un rechazo del matrimonio, sino una vocación concreta de entrega total al amor de Dios.
El Evangelio tampoco presenta a María como una mujer débil o resignada. Su canto proclama la acción de Dios en favor de los humildes y denuncia la soberbia de los poderosos. Su vida conoció la pobreza, la persecución, la huida y el exilio. Por ello puede acompañar a quienes sufren injusticia, exclusión o inseguridad.
La dimensión antropológica de Marialis Cultus permite reconocer en María:
- Un modelo de libertad responsable.
- Una mujer de fe y fortaleza.
- Una discípula comprometida con la misión de Cristo.
- Una presencia solidaria junto a los pobres.
- Una figura de esperanza para la humanidad.