La Iglesia Católica ha definido formalmente cuatro dogmas marianos, que son verdades de fe reveladas por Dios y que deben ser creídas firmemente por todos los fieles.
Inmaculada Concepción
El dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, mediante la bula Ineffabilis Deus,. Este dogma declara que la Santísima Virgen María, desde el primer instante de su concepción, por una gracia y privilegio singular de Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original,. No se refiere a la concepción virginal de Jesús, sino a la propia concepción de María libre de pecado original. Esta creencia ha sido una convicción profunda en el sentir católico, ya que se consideraba impensable que la carne de Cristo, santa e inmaculada, se formara en el seno de una carne que hubiera contraído alguna mancha, por breve que fuera. La Inmaculada Concepción es vista como una gracia correlativa que asegura que la creación, en la persona de María, participa libremente en el acto de la gracia de Dios, sin ninguna presión externa.
Maternidad Divina
La Maternidad Divina de María es la verdad de fe de que ella es verdaderamente la Madre de Dios (Theotokos). Este dogma fue solemnemente definido en el Concilio de Éfeso en el año 431 d.C.. María concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo, y como Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, María es madre de la persona divina de Jesús.
Perpetua Virginidad
El dogma de la Perpetua Virginidad de María afirma que ella fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Esta verdad ha sido una convicción constante en la Tradición de la Iglesia. Orígenes, en sus Homilías sobre el Evangelio de Lucas, ya consideraba la perpetua virginidad de María como un punto de doctrina establecido y consistente con el testimonio bíblico.
Virginitas ante partum (Virginidad antes del parto): María concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo, sin intervención de varón.
Virginitas in partu (Virginidad en el parto): Los Padres de la Iglesia insistieron en que la virginidad de María se mantuvo incluso al dar a luz a Jesús, preservando su integridad corporal como signo de la integridad virginal de su alma. El cuerpo de Cristo, que apareció a los discípulos con las puertas cerradas, pudo, con el mismo poder, salir del vientre cerrado de su madre.
Virginitas post partum (Virginidad después del parto): María no tuvo otros hijos después de Jesús. La mención de «hermanos de Jesús» en las Escrituras se interpreta como parientes cercanos, según el uso bíblico de la palabra «hermano»,. Esta teoría, que sugería que los hermanos de Jesús eran hijos de José y María después del nacimiento de Jesús, fue refutada por San Jerónimo y condenada como herética.
Asunción de María
El dogma de la Asunción de María fue proclamado por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, a través de la constitución apostólica Munificentissimus Deus,. Este dogma declara que la Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial,. La definición dogmática es neutral respecto a la cuestión de si María murió o no, simplemente afirma que su vida terrena fue «completada». No obstante, la creencia tradicional es que este evento fue precedido por una verdadera muerte física, conformándose así a la muerte y resurrección de su Hijo. La Asunción es el culmen de los privilegios de María y una anticipación de la resurrección de los cuerpos para todos los cristianos,.