Las objeciones de Lutero se centraron en varios pilares de la doctrina católica, proponiendo alternativas que redefinirían la comprensión de la salvación, la Iglesia y la vida cristiana:
Justificación por la fe sola (Sola Fide)
Lutero sostenía que la justicia de Dios no es aquella por la cual Dios juzga las acciones humanas, sino la justicia por la cual Dios acepta al creyente como verdaderamente justo. Para él, la justificación se obtiene solo por la fe, sin la necesidad de obras,. Las buenas obras, aunque importantes en la vida cristiana, no tienen valor para ganar o mantener el favor divino,. Esta idea se convirtió en el artículo sobre el cual la Iglesia se sostiene o cae para Lutero.
Desde la perspectiva católica, esta postura fue rechazada. El Cardenal Cayetano, en su debate con Lutero en 1518, argumentó que la fe sola no es suficiente para la unión con Dios; la esperanza y el amor teologales también son necesarios. La justificación ocurre por gracia, no por obras humanas, pero la gracia obra en nosotros a través de la fe, la esperanza y el amor. La Iglesia Católica, especialmente en el Concilio de Trento, reafirmaría que la justificación es un proceso que comienza con la gracia y la fe, pero se perfecciona a través de la cooperación humana con la gracia, manifestada en las obras de caridad,.
La Escritura sola (Sola Scriptura)
Lutero defendía que la Escritura sola garantiza el encuentro cognitivo del creyente con Dios, minimizando la dependencia de la tradición de enseñanza precedente. Los concilios de la Iglesia Católica eran considerados meras reflexiones falibles de generaciones anteriores.
La Iglesia Católica, en contraste, sostiene que la fe debe ser considerada verdad si contiene lo que la Iglesia recibió de los Apóstoles, los Apóstoles de Cristo, y Cristo de Dios. La Escritura y la Tradición Apostólica son ambas fuentes de la Revelación divina, interpretadas auténticamente por el Magisterio de la Iglesia. El Concilio de Trento, por ejemplo, estableció el canon definitivo de los libros inspirados y la lista de los siete sacramentos, demostrando la importancia de la Tradición en la determinación de la doctrina.
Rechazo de la jerarquía y los sacramentos
Lutero abolió la jerarquía de mediaciones que, según él, separaba al individuo de Cristo. Si Cristo se relaciona directamente con cada individuo a través de la justicia mediada por la conciencia personal al leer la Escritura, entonces la dependencia de mediaciones sacramentales y de la tradición de enseñanza se anula. Para Lutero, no existía una dependencia directa de una tradición de enseñanza anterior; la Escritura sola garantizaba el encuentro del creyente con Dios.
En consecuencia, Lutero rechazó la mayoría de los sacramentos tal como se entendían en la tradición católica, manteniendo solo el bautismo, la Eucaristía y, con algunas reservas, la penitencia,,. Incluso el bautismo, para Lutero, servía como evidencia externa y sello de la elección, pero no necesariamente como causa instrumental de la gracia de la fe. Sostenía que la fe es estrictamente receptiva en la mediación sacramental, y que la presencia o ausencia de fe no afecta la validez del sacramento, sino solo si la gracia es recibida fructíferamente.
La Iglesia Católica, en cambio, afirma que Cristo instituyó los siete sacramentos como canales esenciales de gracia y de origen apostólico,. La autoridad episcopal de la Iglesia tiene su fuente en la comunidad del Nuevo Testamento. La comunión eucarística visible de la Iglesia es una fuente perpetua de gracia para los creyentes, no meramente un signo de la actividad invisible de Dios.