La justificación por la fe y la gracia
La justificación -la acción por la que Dios reconcilia al pecador consigo- ocupa el centro de la teología de Lutero. Su búsqueda espiritual estuvo marcada por la pregunta de cómo encontrar un Dios misericordioso. En la interpretación católica expresada por el papa Francisco en 2016, Lutero encontró una respuesta en la buena noticia de Jesucristo, muerto y resucitado, y su experiencia recuerda que la iniciativa de la salvación pertenece a la gracia de Dios.
Lutero sostuvo que el pecador recibe la justicia de Cristo por la fe. Una exposición católica de su doctrina describe esa justicia como imputada: Dios considera justo al creyente por los méritos de Cristo, aunque el ser humano siga marcado por el pecado y la concupiscencia. En esta concepción, las obras buenas no constituyen el fundamento de la justificación, que procede del don de Dios acogido por la fe.,
La teología católica discrepa de esa explicación cuando parece dejar la justicia recibida como algo meramente exterior al ser humano. En la doctrina católica, la gracia no solo declara justo al pecador: también lo transforma interiormente y hace posible que coopere libremente con la acción de Dios. La diferencia no consiste en que la Iglesia católica atribuya la salvación a los méritos humanos independientes de Dios, sino en cómo entiende la relación entre la gracia, la fe, la transformación interior y las obras.
Esta discrepancia ha sido objeto de diálogo ecuménico. En 2016, Francisco presentó la doctrina de la justificación como una cuestión decisiva para la existencia cristiana y reconoció que la experiencia de Lutero puede recordar a los católicos la primacía de la gracia. Ese reconocimiento no implica que todas las formulaciones doctrinales de Lutero coincidan con la enseñanza católica.,
Escritura, tradición y autoridad
La controversia con Roma se extendió a la relación entre la Sagrada Escritura, la tradición de la Iglesia y la autoridad papal. Durante el desarrollo de su posición, Lutero llegó a negar la infalibilidad papal y a rechazar la autoridad de la tradición en los términos defendidos por la Iglesia católica. Estas diferencias contribuyeron a que la disputa dejara de ser una controversia limitada a la reforma de abusos.
La Reforma dio mayor centralidad a la Sagrada Escritura en la vida cristiana, aportación que la Iglesia católica reconoce en su reflexión ecuménica contemporánea. Para el diálogo entre católicos y luteranos, la escucha común de la Palabra de Dios constituye un terreno compartido, aunque las diferencias sobre la autoridad doctrinal de la Iglesia no hayan desaparecido por ello.
Eucaristía y sacramentos
Lutero defendió con fuerza la presencia de Cristo en la Eucaristía, pero discrepó de la doctrina católica sobre el modo de esa presencia. Una reseña teológica resume su posición como la presencia simultánea del cuerpo y la sangre de Cristo junto con el pan y el vino, en contraste con la transubstanciación, doctrina católica que expresa que la sustancia del pan y del vino se convierte en el cuerpo y la sangre de Cristo. Lutero también rechazó la concepción católica de la misa como sacrificio y discutió la naturaleza de los sacramentos y del sacerdocio ministerial.
La cuestión eucarística no fue uniforme en todas las corrientes reformadoras. Lutero se enfrentó a otros reformadores que negaban la presencia real de Cristo en la Eucaristía, como Zuinglio, Ecolampadio y Carlstadt. Por tanto, la Reforma no constituyó desde el principio un bloque teológico homogéneo.