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Mártires de China

Los Mártires de China son los ciento veinte católicos canonizados por san Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000. El grupo reúne a obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas, catequistas y laicos chinos y extranjeros que entregaron la vida por su fidelidad a Jesucristo entre los siglos XVII y XX, especialmente durante las persecuciones de 1900.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMártires de China
CategoríaPersona
DescripciónCiento veinte católicos canonizados por san Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000
NacionalidadChina
Eventos RelacionadosRebelión de los bóxers
Fecha de Canonización1 de octubre de 2000
Fecha de Celebración9 de julio
Importancia HistóricaTestimonio de la fidelidad a Jesucristo y fecundidad de la fe católica en tierras chinas entre los siglos XVII y XX.
LugarChina
Miembro deFranciscanos, dominicos, jesuitas, lazaristas, salesianos, Franciscanas Misioneras de María
Personas relacionadas
Personas RelacionadasSan Juan Pablo II, Mateo Ricci, Gregorio Grassi, Francisco Fogolla, Pedro Sanz, Juan Gabriel Dufresse, Francisco Regis Clet, Agustín Chapdelaine, Juan Gabriel Perboyre, Ana Wang, Chi Zhuzi
TipoSanto

Tabla de contenido

Identidad y significado

La expresión Mártires de China designa, en sentido estricto, a san Agustín Zhao Rong y sus 119 compañeros. La Iglesia católica conmemora en ellos la santidad de cristianos de distintas épocas, procedencias, edades y estados de vida. Entre los canonizados figuran treinta y tres misioneros extranjeros y ochenta y siete católicos chinos. El grupo comprende ochenta y dos hombres y treinta y ocho mujeres, vinculados a comunidades católicas de numerosas provincias chinas.1

La canonización no pretendió aprobar las decisiones políticas de los gobiernos implicados ni emitir un juicio global sobre los periodos históricos en que vivieron los mártires. San Juan Pablo II explicó que la finalidad de la celebración consistía en reconocer su fidelidad heroica a Cristo, su fortaleza ante la persecución y su testimonio dentro de la Iglesia.2

Los mártires pertenecían a familias y culturas diferentes, pero compartieron la misma confesión cristiana. Algunos habían llegado desde Europa para anunciar el Evangelio; otros habían nacido en China y recibieron allí la fe, la formación catequética o el ministerio sacerdotal. La Iglesia los contempla conjuntamente porque su martirio manifiesta la fecundidad de la fe católica en tierras chinas.

Los primeros siglos del cristianismo en China

La presencia cristiana en China comenzó mucho antes de las grandes misiones de la Edad Moderna. El anuncio del Evangelio llegó al país en el siglo V, y a comienzos del siglo VII existía ya una iglesia cristiana. Durante la dinastía Tang, entre los años 618 y 907, una comunidad cristiana floreció durante aproximadamente dos siglos.3

En el siglo XIII, el franciscano Juan de Montecorvino inició una misión católica estable en el Imperio chino y estableció una sede episcopal en Pekín. Aquella primera implantación quedó debilitada por los cambios políticos posteriores, pero dejó una huella relevante en la historia de la evangelización de China.3

Durante el siglo XVI, la Iglesia reanudó con mayor continuidad su actividad misionera. Los jesuitas, dominicos, franciscanos, sacerdotes de las Misiones Extranjeras de París y miembros de otras congregaciones participaron en la evangelización. Entre los misioneros más influyentes destacó Mateo Ricci, que estudió la lengua y la cultura chinas y mantuvo relaciones con eruditos y miembros de la corte imperial. Sus conocimientos de matemáticas y astronomía facilitaron el diálogo con intelectuales chinos.3

La misión de Ricci y de otros evangelizadores procuró presentar el cristianismo de manera comprensible para la mentalidad china. Numerosos conversos conservaron su identidad cultural y su sentido de pertenencia al pueblo chino. En 1692, el emperador Kangxi promulgó un decreto que concedía libertad religiosa y autorizaba la predicación cristiana en sus dominios.3

Persecuciones anteriores al siglo XX

La tolerancia imperial no duró indefinidamente. En 1724, el emperador Yongzheng expulsó a la mayoría de los misioneros hacia Cantón, excepto a quienes desempeñaban funciones en la corte. En 1736, el emperador Qianlong prohibió la enseñanza de la doctrina cristiana bajo pena de muerte.4

Las persecuciones alcanzaron distintas regiones y afectaron tanto a misioneros como a cristianos chinos. En Fujian, en 1746, murió mártir el vicario apostólico Pedro Sanz y fueron ejecutados varios dominicos españoles. En 1748, los jesuitas Attimis y Henriquez sufrieron el martirio en Suzhou.4

Durante el siglo XIX padecieron persecución san Francisco Regis Clet, sacerdote lazarista estrangulado en 1820; san Juan Gabriel Taurin Dufresse, obispo decapitado en 1825; y san Juan Gabriel Perboyre, martirizado en 1840. También murió por la fe san Agustín Chapdelaine, sacerdote de las Misiones Extranjeras de París, ejecutado en Guangxi en 1856.4

Entre los cristianos chinos canonizados de este periodo figura san Agustín Zhao Rong, sacerdote diocesano. Antes de recibir el sacerdocio había servido como soldado y había conocido a san Juan Gabriel Perboyre durante el traslado del misionero prisionero. Después de convertirse al cristianismo, ingresó en el seminario, recibió la ordenación sacerdotal y terminó padeciendo el martirio por su ministerio.

La persecución de los bóxers en 1900

La persecución más conocida relacionada con los Mártires de China tuvo lugar durante la rebelión de los bóxers. El movimiento, cuyo nombre chino aludía a una asociación de armonía y justicia, adoptó una posición violentamente contraria a la presencia extranjera y al cristianismo. En 1900, sus miembros atacaron misiones, iglesias, comunidades cristianas y personas vinculadas a las potencias extranjeras.5

La violencia afectó a varias provincias. Murieron obispos, sacerdotes, religiosas y numerosos cristianos chinos. La persecución no distinguió siempre entre ministros ordenados, religiosos, catequistas, seminaristas, familias cristianas y niños. La Iglesia escogió para la beatificación y la canonización a representantes de aquella multitud de víctimas.

Los mártires de Shanxi

Uno de los episodios más conocidos ocurrió en Taiyuan, en la provincia de Shanxi. Allí ejercía su ministerio san Gregorio Grassi, obispo y vicario apostólico del norte de Shanxi, franciscano italiano que llevaba cerca de cuarenta años como misionero en China. Le acompañaba su obispo coadjutor, san Francisco Fogolla.5

Junto a ellos murieron los franciscanos san Elías Facchini, san Teodorico Balat y san Andrés Bauer, hermano religioso. También padecieron el martirio siete religiosas de las Franciscanas Misioneras de María: santa María Herminia Grivot, santa María de la Paz Giuliani, santa María Clara Nanetti, santa María de Santa Natalia Kerguin, santa María de San Justo Moreau, santa María Amandina Jeuris y santa María Adolfina Dierkx.6

Entre los mártires de Taiyuan figuraron también cinco seminaristas chinos: san Juan Zhang Huan, san Patricio Dong Badi, san Juan Wang Rui, san Felipe Zhang Zhihe y san Juan Zhang Jingguang. Varios catequistas y laicos chinos murieron con ellos, entre ellos san Simón Chen Xinman y san Juan Wu Wenyin.7

Los seminaristas recibieron la posibilidad de renunciar a la fe para salvar la vida. Rechazaron la apostasía y permanecieron unidos a la Iglesia. Su testimonio muestra que el martirio no correspondió solo a obispos y sacerdotes, sino también a jóvenes que aún se preparaban para el ministerio.

Otros mártires de 1900

La persecución de 1900 alcanzó también las provincias de Hunan, Hebei, Manchuria y otras regiones. En Hunan murieron san Antonio Fantosati, vicario apostólico, y los sacerdotes franciscanos san José María Gambaro y san Cesidio Giacomantonio.8

En la misión de los jesuitas en Hebei padecieron el martirio san León Ignacio Mangin, san Pablo Denn, san Remigio Isoré y san Modesto Andlauer. El grupo canonizado incluye también a numerosos cristianos chinos -catequistas, padres y madres de familia, jóvenes, vírgenes consagradas y catecúmenos- que habitaban en las provincias donde actuaban los vicariatos apostólicos.1

Composición del grupo canonizado

Los ciento veinte mártires representan una amplia variedad de vocaciones:

  • Obispos, como Gregorio Grassi, Francisco Fogolla y Antonio Fantosati.
  • Sacerdotes diocesanos y religiosos, pertenecientes a franciscanos, dominicos, jesuitas, lazaristas, salesianos y otras instituciones misioneras.
  • Religiosas, especialmente las Franciscanas Misioneras de María.
  • Seminaristas, algunos de ellos todavía jóvenes.
  • Catequistas, que sostenían la vida cristiana en comunidades alejadas.
  • Laicos, incluidos padres de familia, madres, jóvenes, vírgenes consagradas y catecúmenos.

La lista oficial de los mártires canonizados comprende seis obispos, veintitrés sacerdotes, ocho religiosos, siete seminaristas, once catequistas y sesenta y cinco laicos de diversas condiciones.7

La mayoría de los cristianos canonizados eran chinos. Los misioneros extranjeros pertenecían a diversos países europeos, pero vivieron y murieron en China. San Juan Pablo II afirmó que sus tumbas expresaban su profunda pertenencia a la tierra y al pueblo al que habían dedicado su vida.9

Testimonios de fe durante el martirio

Los relatos de los martirios presentan a hombres y mujeres que afrontaron amenazas, torturas y ejecuciones sin renunciar a Jesucristo. Santa Ana Wang, joven china de catorce años, rechazó la apostasía y afrontó la muerte con serenidad. Antes de ser decapitada proclamó que la puerta del cielo estaba abierta para todos y repitió el nombre de Jesús.9

San Chi Zhuzi, catecúmeno de dieciocho años, permaneció firme después de sufrir crueles mutilaciones. Su testimonio expresó la unión entre la identidad cristiana y el ofrecimiento de la propia vida. Estos relatos no presentan el sufrimiento como un bien en sí mismo, sino como la consecuencia de la fidelidad a la verdad y a la conciencia cristiana ante una persecución injusta.

La espiritualidad de los mártires aparece marcada por la serenidad, la confianza en Dios y la esperanza de la vida eterna. La Iglesia los propone como intercesores y como ejemplos de perseverancia, no como figuras destinadas a alimentar el enfrentamiento entre pueblos.

Beatificación y canonización

La Iglesia inició diversas investigaciones sobre los cristianos asesinados en China. En 1946 fueron beatificados los primeros veintinueve mártires vinculados especialmente a la persecución de 1900. Entre ellos figuraban Gregorio Grassi, Francisco Fogolla, Antonio Fantosati, religiosos franciscanos, religiosas, seminaristas y laicos chinos.8

La canonización ocurrió en Roma el 1 de octubre de 2000, durante el Jubileo. San Juan Pablo II canonizó conjuntamente a Agustín Zhao Rong y a sus 119 compañeros. La celebración presentó a los mártires como hijos de China y como miembros de la Iglesia universal.10

La canonización también incorporó a mártires de épocas anteriores, entre ellos Pedro Sanz y varios dominicos del siglo XVIII, Juan Gabriel Dufresse, Francisco Regis Clet, Agustín Chapdelaine, Juan Pedro Néel, catequistas chinos y los mártires franciscanos y laicos de 1900.1

Interpretación eclesial

La Iglesia católica interpreta el martirio como el supremo testimonio de la fe cristiana. Los Mártires de China no forman un grupo uniforme desde el punto de vista cultural o histórico, pero todos manifestaron una adhesión radical a Cristo y a la Iglesia.

Su memoria también recuerda la necesidad de un auténtico diálogo entre el Evangelio y las culturas. San Juan Pablo II presentó a Mateo Ricci como ejemplo de diálogo intercultural respetuoso y afirmó que la evangelización debía estar unida al servicio de las personas y al reconocimiento de la dignidad humana.2

La canonización no ignora los errores humanos presentes en la historia de las misiones. El propio san Juan Pablo II pidió perdón por las limitaciones que pudieron acompañar la actividad de algunos misioneros, mientras afirmaba que el testimonio de los mártires había producido frutos de santidad y de servicio.2

Memoria litúrgica y legado

La Iglesia celebra a san Agustín Zhao Rong y sus 119 compañeros mártires de China el 9 de julio. Su memoria litúrgica reúne a cristianos de distintas generaciones y recuerda la expansión de la fe desde las primeras comunidades hasta la Iglesia china contemporánea.

El legado de los mártires comprende cuatro dimensiones principales:

  1. Fidelidad a Cristo: permanecieron cristianos ante la presión, la violencia y la amenaza de muerte.
  2. Santidad del pueblo chino: la mayoría de los mártires eran chinos, y su canonización honra particularmente la historia cristiana de China.
  3. Unidad de la Iglesia: misioneros extranjeros y fieles chinos entregaron la vida juntos.
  4. Esperanza cristiana: su muerte aparece iluminada por la resurrección y por la confianza en la vida eterna.

Los Mártires de China ocupan así un lugar destacado en la historia de la evangelización católica. Su testimonio une la memoria de las antiguas misiones, la perseverancia de las comunidades cristianas chinas y la llamada universal a vivir la fe con coherencia, caridad y fortaleza.

Citas y referencias

  1. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 8, agosto, 2002, 4 (2002). 2 3
  2. Papa Juan Pablo II. A los fieles reunidos para la canonización de 123 nuevos santos (2 de octubre de 2000) - Discurso, 2 (2000). 2 3
  3. Dicasterio para las Causas de los Santos. Agustín Zhao Rong y 119 compañeros (1648 - 1930) - China: Historia y Mártires, 1 (2000). 2 3 4
  4. La Iglesia en China, Enciclopedia Católica, La Iglesia en China (1913). 2 3
  5. Albano Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen III, 64 (1990). 2
  6. II, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Números 11-12, septiembre - octubre, 1949, 42 (1949).
  7. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 8, agosto, 2002, 5 (2002). 2
  8. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Números 12-13, diciembre, 1943, 20 (1943). 2
  9. Papa Juan Pablo II. 1 de octubre de 2000, Canonización de Agustín Zhao Rong y 119 compañeros, Mártires en China, María Josefa del Corazón de Jesús Sancho de Guerra, Catalina María Drexel y Josefina Bakhita, 2 (2000). 2
  10. Papa Juan Pablo II. 1 de octubre de 2000, Canonización de Agustín Zhao Rong y 119 compañeros, Mártires en China, María Josefa del Corazón de Jesús Sancho de Guerra, Catalina María Drexel y Josefina Bakhita, 1 (2000).
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