La persecución más conocida relacionada con los Mártires de China tuvo lugar durante la rebelión de los bóxers. El movimiento, cuyo nombre chino aludía a una asociación de armonía y justicia, adoptó una posición violentamente contraria a la presencia extranjera y al cristianismo. En 1900, sus miembros atacaron misiones, iglesias, comunidades cristianas y personas vinculadas a las potencias extranjeras.
La violencia afectó a varias provincias. Murieron obispos, sacerdotes, religiosas y numerosos cristianos chinos. La persecución no distinguió siempre entre ministros ordenados, religiosos, catequistas, seminaristas, familias cristianas y niños. La Iglesia escogió para la beatificación y la canonización a representantes de aquella multitud de víctimas.
Los mártires de Shanxi
Uno de los episodios más conocidos ocurrió en Taiyuan, en la provincia de Shanxi. Allí ejercía su ministerio san Gregorio Grassi, obispo y vicario apostólico del norte de Shanxi, franciscano italiano que llevaba cerca de cuarenta años como misionero en China. Le acompañaba su obispo coadjutor, san Francisco Fogolla.
Junto a ellos murieron los franciscanos san Elías Facchini, san Teodorico Balat y san Andrés Bauer, hermano religioso. También padecieron el martirio siete religiosas de las Franciscanas Misioneras de María: santa María Herminia Grivot, santa María de la Paz Giuliani, santa María Clara Nanetti, santa María de Santa Natalia Kerguin, santa María de San Justo Moreau, santa María Amandina Jeuris y santa María Adolfina Dierkx.
Entre los mártires de Taiyuan figuraron también cinco seminaristas chinos: san Juan Zhang Huan, san Patricio Dong Badi, san Juan Wang Rui, san Felipe Zhang Zhihe y san Juan Zhang Jingguang. Varios catequistas y laicos chinos murieron con ellos, entre ellos san Simón Chen Xinman y san Juan Wu Wenyin.
Los seminaristas recibieron la posibilidad de renunciar a la fe para salvar la vida. Rechazaron la apostasía y permanecieron unidos a la Iglesia. Su testimonio muestra que el martirio no correspondió solo a obispos y sacerdotes, sino también a jóvenes que aún se preparaban para el ministerio.
Otros mártires de 1900
La persecución de 1900 alcanzó también las provincias de Hunan, Hebei, Manchuria y otras regiones. En Hunan murieron san Antonio Fantosati, vicario apostólico, y los sacerdotes franciscanos san José María Gambaro y san Cesidio Giacomantonio.
En la misión de los jesuitas en Hebei padecieron el martirio san León Ignacio Mangin, san Pablo Denn, san Remigio Isoré y san Modesto Andlauer. El grupo canonizado incluye también a numerosos cristianos chinos -catequistas, padres y madres de familia, jóvenes, vírgenes consagradas y catecúmenos- que habitaban en las provincias donde actuaban los vicariatos apostólicos.