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Mártires de Corea

Los Mártires de Corea son los católicos que dieron su vida por la fe durante las persecuciones contra la Iglesia en Corea entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX. Entre ellos figuran sacerdotes, obispos, misioneros extranjeros, catequistas y laicos, hombres y mujeres de distintas edades y condiciones sociales. El grupo más conocido está formado por los 103 mártires canonizados por san Juan Pablo II en Seúl el 6 de mayo de 1984, con san Andrés Kim Taegon, san Pablo Chong Hasang y sus 101 compañeros.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMártires de Corea
CategoríaPersona
DescripciónCatólicos que dieron su vida por la fe durante las persecuciones contra la Iglesia en Corea entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX
Fecha de Canonización6 de mayo de 1984
Fecha de Celebración20 de septiembre
Lugar de CanonizaciónSeúl
Personas relacionadasSan Juan Pablo II
Personas RelacionadasSan Andrés Kim Taegon, San Pablo Chong Hasang
TipoSanto

Tabla de contenido

Origen del cristianismo en Corea

Una Iglesia nacida de la iniciativa de los laicos

El cristianismo llegó a Corea a través de libros procedentes de China. Los primeros interesados fueron estudiosos coreanos que buscaban la verdad religiosa y que, mediante la lectura, llegaron al conocimiento de Jesucristo. En 1784, uno de ellos viajó a Pekín, donde recibió el bautismo. A su regreso contribuyó al nacimiento de la primera comunidad cristiana coreana.1

La Iglesia coreana posee un rasgo excepcional en la historia del catolicismo: su primera comunidad fue fundada enteramente por laicos. Durante sus primeras décadas, los cristianos contaron con una asistencia sacerdotal muy limitada, pero mantuvieron la vida de fe mediante la oración, la fraternidad, la instrucción catequética y la unión con el obispo de Pekín y con el papa.1,3

Aquella comunidad no quedó restringida a una clase social. Sus miembros pertenecían a grupos diversos y fomentaban la igualdad entre los bautizados, además de promover vocaciones y la llegada de sacerdotes. Tras años de petición, los primeros misioneros franceses llegaron a Corea en 1836. Algunos de ellos sufrirían también el martirio.1

La expansión de la fe

La difusión del catolicismo tuvo lugar principalmente mediante familias, catequistas y pequeños grupos de fieles. Los laicos transmitían la doctrina, preparaban a los catecúmenos y conservaban la vida comunitaria en un contexto de vigilancia y persecución.

Esta forma de nacimiento otorgó a la Iglesia coreana una fuerte conciencia de responsabilidad bautismal. Los cristianos no dependían solo de la presencia de sacerdotes extranjeros: sostenían la comunidad mediante la enseñanza de la fe, la oración y la ayuda mutua. El testimonio posterior de los mártires mostró la profundidad de aquella formación cristiana.1,4

Las persecuciones contra los católicos

Las autoridades del reino de Joseon consideraron el catolicismo una amenaza religiosa y social. La fidelidad católica entraba en conflicto con determinados ritos ancestrales y con la estructura tradicional de obediencia civil y familiar. El Gobierno calificó el cristianismo de culto ilícito y ordenó combatirlo.5

Las persecuciones más importantes ocurrieron en 1791, 1801, 1827, 1839, 1846 y 1866. Estas fechas recuerdan las principales oleadas de detenciones, torturas, encarcelamientos y ejecuciones.1,6

La represión adoptó formas diversas:

  • Encarcelamiento prolongado.
  • Interrogatorios y torturas.
  • Decapitación.
  • Estrangulamiento.
  • Ahorcamiento.
  • Muerte por malos tratos y enfermedad en prisión.
  • Confiscación de bienes.
  • Presión sobre familiares para que abandonasen la fe.

Los procesos pretendían conseguir la apostasía de los detenidos y obtener los nombres de otros cristianos. Muchos mártires rechazaron ambas exigencias. Algunos incluso aprovecharon el camino hacia el lugar de ejecución para anunciar la doctrina cristiana a quienes los contemplaban.5,7

Principales persecuciones

Persecución de 1791

La primera gran persecución estuvo relacionada con la negativa de algunos católicos a participar en ciertos ritos ancestrales. Entre los primeros mártires destacaron Pablo Yun Ji-chung y Jacobo Kwon Sang-yeon, que mantuvieron su fidelidad a la Iglesia y rechazaron renunciar a la fe. Ambos fueron ejecutados después de declarar que no podían traicionar a Dios.5

Este episodio inauguró una larga etapa de represión. La comunidad católica comprendió que la adhesión a Cristo podía exigir la renuncia a la posición social, la seguridad familiar e incluso la propia vida.

Persecución de 1801

En 1801 las autoridades intensificaron la persecución. Numerosos cristianos fueron arrestados y condenados a muerte. Entre las víctimas hubo nobles, estudiosos, catequistas y miembros de familias que habían acogido la fe.

Los registros de los procesos describen ejecuciones por decapitación, ahorcamiento, golpes y otras formas de violencia. La persecución alcanzó distintas regiones del reino y debilitó visiblemente las estructuras públicas de la Iglesia, aunque no consiguió extinguir la fe.8

Persecución de 1827

La oleada de 1827 afectó especialmente a comunidades cristianas de varias provincias. Algunos detenidos permanecieron durante años en prisión antes de recibir la sentencia definitiva. Varios mártires ejecutados en 1839 habían sido arrestados en 1827 y soportaron largos periodos de cautiverio.7

La prolongación de la prisión no quebró su constancia. Los procesos muestran la resistencia de cristianos que continuaron profesando la fe pese a los interrogatorios y a las duras condiciones carcelarias.

Persecución de 1839

La persecución de 1839, conocida como persecución de Gihae, produjo numerosas víctimas. En ella murieron san Pablo Chong Hasang, santa Cecilia Yu Sosa, santa Isabel Chong Chong-hye, santa Agata Yi Sosa y muchos otros miembros de la comunidad católica.

También fueron ejecutados los primeros obispos y sacerdotes misioneros que ejercieron su ministerio en Corea. Entre ellos figuraban san Lorenzo Imbert, san Pedro Maubant y san Jaime Chastan.9

San Pablo Chong Hasang desempeñó un papel decisivo en la organización de la Iglesia coreana. Laico y catequista, trabajó para conseguir sacerdotes y una estructura eclesial estable. Su actividad le convirtió en uno de los principales dirigentes de la comunidad católica. Murió en 1839 y más tarde fue canonizado como uno de los patronos de Corea.

Persecución de 1846

La persecución de 1846 tuvo como figura central a san Andrés Kim Taegon, primer sacerdote católico coreano. Tras recibir formación sacerdotal fuera de Corea, regresó para servir a los fieles y facilitar la entrada de misioneros.

Las autoridades lo arrestaron y lo ejecutaron por su actividad sacerdotal y por su fidelidad a la Iglesia. Su martirio convirtió al primer presbítero coreano en uno de los símbolos más reconocidos del catolicismo de Corea.2

Persecución de 1866

La persecución de 1866 fue una de las más violentas. Afectó a numerosos cristianos coreanos y a varios misioneros franceses. Entre los mártires de este periodo figuran san Bartolomé Chong Munho, san Pedro Choe Hyong, san Lucas Hwang Soktu, san Pablo Hong Yongju y san Marcos Chong Uibae.

Las ejecuciones y muertes en prisión continuaron durante los años siguientes. Los documentos relativos a los procesos registran casos de decapitación, ahorcamiento y fallecimiento provocado por las torturas y las enfermedades sufridas en cautiverio.10

Los 103 mártires canonizados en 1984

Composición del grupo

El grupo canonizado en 1984 reúne a 103 mártires. Entre ellos hay:

  • El primer sacerdote coreano, san Andrés Kim Taegon.
  • San Pablo Chong Hasang, laico y catequista.
  • Otros sacerdotes y misioneros franceses.
  • Catequistas.
  • Hombres y mujeres laicos.
  • Personas nobles y plebeyas.
  • Jóvenes, adultos y ancianos.

La documentación de la canonización recuerda que el grupo incluía once ministros sagrados y noventa y dos laicos, entre hombres y mujeres de edades y condiciones sociales muy distintas.9

La edad de los mártires abarcaba desde adolescentes hasta personas ancianas. San Juan Pablo II presentó esta variedad como una imagen de la universalidad de la Iglesia: el martirio no perteneció a una élite, sino a cristianos de todos los estados de vida.2,4

San Andrés Kim Taegon

San Andrés Kim Taegon nació en Corea y fue el primer sacerdote católico coreano. Su familia pertenecía a una comunidad cristiana que ya había sufrido persecución. Recibió formación sacerdotal y regresó a su patria para atender a los fieles y colaborar con la entrada de otros misioneros.

Su ministerio duró poco tiempo, pero adquirió una importancia extraordinaria. Las autoridades lo detuvieron y lo ejecutaron en 1846. La Iglesia lo venera como primer sacerdote y principal patrono del clero coreano.2

San Pablo Chong Hasang

San Pablo Chong Hasang fue un laico, catequista y dirigente de la Iglesia coreana. Organizó la comunidad, mantuvo la comunicación con las autoridades eclesiásticas y trabajó para obtener una presencia estable de sacerdotes y obispos.

Murió durante la persecución de 1839. Su figura representa la importancia de los laicos en la evangelización de Corea y la continuidad de la Iglesia en periodos en los que la presencia sacerdotal resultaba escasa.4

Los misioneros extranjeros

El grupo de los 103 mártires incluye diez misioneros franceses pertenecientes a las Misiones Extranjeras de París. Entre ellos se encontraban los primeros obispos de la Iglesia coreana. Estos sacerdotes abandonaron su país para acompañar a una comunidad perseguida y aceptaron la posibilidad de morir por el Evangelio.2

Entre los misioneros canonizados figuran:

Su presencia no sustituyó la iniciativa de los laicos coreanos, que habían fundado la primera comunidad antes de la llegada de los misioneros. Ambos elementos -la responsabilidad de los fieles coreanos y el servicio de los sacerdotes extranjeros- quedaron unidos en la historia del martirio.2

Las mujeres mártires

Las mujeres ocupan un lugar destacado entre los mártires coreanos. Muchas ejercieron funciones de catequesis, asistencia a los enfermos, acogida de misioneros y transmisión de la fe dentro de sus familias.

Entre ellas figuran santa Cecilia Yu Sosa, santa Isabel Chong Chong-hye, santa Agata Yi Sosa, santa Bárbara Han Agi, santa Magdalena Kim Obi, santa Lucía Pak Huisun, santa María Pak Kunagi, santa Teresa Kim y santa Susana U Surim.9

La canonización mostró que la Iglesia coreana no fue sostenida solo por dirigentes varones o por sacerdotes. Madres, viudas, jóvenes, vírgenes consagradas de hecho, catequistas y mujeres dedicadas al cuidado de los enfermos participaron activamente en la vida de la comunidad y afrontaron el martirio con igual fortaleza.4,9

Testimonio de los mártires

Fidelidad a Dios

El núcleo del testimonio de los mártires consistió en la negativa a renegar de Jesucristo. Las autoridades intentaban que abandonasen la fe o que entregasen a otros cristianos. Muchos respondieron que, después de haber conocido a Dios, no podían traicionarlo.

San Juan Pablo II recogió las palabras atribuidas a varios mártires. Teresa Kwon afirmó que, si nadie puede traicionar impunemente a sus padres, mucho menos podía ella traicionar a Dios, Padre de toda la humanidad. Agata Yi declaró que ella y su hermano no podían abandonar al Señor aunque otros hubieran renunciado a la fe.4

Unidad de la comunidad cristiana

Los mártires pertenecían a familias y grupos diversos, pero compartían una misma fe. La comunidad cristiana superó las divisiones sociales y sostuvo a los encarcelados, a sus familias y a los catecúmenos.

La solidaridad entre los fieles permitió que la Iglesia sobreviviera a la ausencia temporal de sacerdotes y a la destrucción de sus estructuras visibles. La oración, la enseñanza y el amor fraterno reforzaron la unidad de los cristianos.1

El martirio como anuncio del Evangelio

Para la Iglesia católica, el martirio no constituye una búsqueda voluntaria de la muerte, sino la consecuencia de permanecer fiel a Cristo cuando una autoridad exige la apostasía. Los mártires coreanos no murieron por violencia ejercida contra otros, sino por negarse a abandonar la fe y por mantener su pertenencia a la Iglesia.

Su muerte tuvo también una dimensión evangelizadora. Algunos proclamaron la doctrina cristiana ante los magistrados y ante la multitud. La firmeza de los condenados impresionó incluso a quienes dirigían las ejecuciones.5

Beatificación y canonización

Primer grupo de beatos

El primer grupo de 79 mártires coreanos fue beatificado por el papa Pío XI el 5 de julio de 1925. La Iglesia concedió entonces culto litúrgico a estos testigos de la fe.11,12

Un segundo grupo de 24 mártires fue beatificado el 6 de octubre de 1968. Posteriormente, las autoridades eclesiásticas coreanas solicitaron la reanudación de la causa conjunta de los 103 beatos.11

Canonización en Seúl

San Juan Pablo II canonizó a los 103 mártires el 6 de mayo de 1984, durante una celebración celebrada en Seúl. La canonización ocurrió en suelo coreano, hecho excepcional para una ceremonia de esa magnitud y de gran importancia para la Iglesia local.2,4,11

La fórmula de canonización inscribió a san Andrés Kim Taegon, san Pablo Chong Hasang y sus 101 compañeros en el catálogo de los santos de la Iglesia católica. La celebración reunió a fieles coreanos y a representantes de la Iglesia universal.11

Memoria litúrgica

La memoria común de los 103 mártires se celebra el 20 de septiembre. Algunas figuras poseen además celebraciones propias, como san Andrés Kim Taegon y san Pablo Chong Hasang.

El calendario litúrgico permite contemplar tanto la dimensión comunitaria del grupo como la personalidad concreta de sus principales testigos. La Iglesia honra a todos juntos, pero conserva también la memoria particular de quienes desempeñaron funciones decisivas en la evangelización de Corea.

Otros mártires coreanos

Los 103 canonizados en 1984 no agotan la historia del martirio católico en Corea. La persecución produjo numerosas víctimas cuyos nombres quedaron registrados en procesos posteriores, así como otros cristianos desconocidos que murieron por la fe.

En 2014 el papa Francisco beatificó a Pablo Yun Ji-chung y 123 compañeros, mártires de la primera generación de católicos coreanos. Este grupo pertenece a una etapa anterior y reúne a cristianos muertos en distintos momentos y lugares durante aproximadamente un siglo de persecuciones.5

La Iglesia coreana conserva también la memoria de otros mártires asociados a la persecución de Byeongin, iniciada en 1866, entre ellos cristianos ejecutados por decapitación, ahorcamiento o muerte en prisión.10

Por ello, la expresión Mártires de Corea puede emplearse en sentido amplio para designar a todos los católicos perseguidos y muertos por la fe en Corea, y en sentido estricto para referirse al grupo de los 103 santos canonizados en 1984.

Importancia para la Iglesia católica

La historia de los mártires coreanos posee una importancia particular por varias razones:

  1. La Iglesia nació por iniciativa de laicos, antes de contar con una presencia sacerdotal estable.
  2. La comunidad mantuvo la fe en circunstancias extremas, mediante la oración, la catequesis y la solidaridad.
  3. El martirio reunió a coreanos y misioneros extranjeros, mostrando la dimensión universal de la Iglesia.
  4. Hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales dieron testimonio de Cristo.
  5. La Iglesia coreana contemporánea considera a los mártires sus padres en la fe.

San Juan Pablo II presentó la vitalidad de la Iglesia coreana como fruto del testimonio heroico de sus mártires. También recordó que su memoria sostiene a los cristianos que viven en la parte septentrional de la península, en un contexto de división y falta de libertad religiosa.1,3

Legado espiritual

Los Mártires de Corea dejaron un legado basado en la fidelidad, la responsabilidad bautismal y la comunión eclesial. Su historia demuestra que una comunidad pequeña puede conservar y transmitir la fe incluso cuando carece de templos, clero suficiente o protección social.

Su testimonio invita a comprender la evangelización como tarea de todo el pueblo de Dios. Los primeros cristianos coreanos no esperaron a disponer de estructuras perfectas para anunciar el Evangelio: estudiaron la fe, recibieron el bautismo, formaron comunidades y permanecieron unidos a la Iglesia universal.

La canonización de 1984 confirmó que aquellos hombres y mujeres pertenecen no solo a la historia religiosa de Corea, sino también al patrimonio espiritual de toda la Iglesia católica. En ellos, la Iglesia reconoce a testigos de Cristo que afrontaron la muerte sin renunciar a la verdad recibida y que contribuyeron, con su sangre, al crecimiento posterior del catolicismo en Corea.1,4

Citas y referencias

  1. Papa Juan Pablo II. 6 de mayo de 1984, Canonización de 103 Mártires Coreanos, 3 (1984). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Resumen biográfico, Dicasterio para las Causas de los Santos. Andrés Kim Taegon y 102 compañeros ( 1838 - 1867) - Biografía, 1 (1984). 2 3 4 5 6 7
  3. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 11, noviembre, 1984, 57 (1984). 2
  4. Papa Juan Pablo II. 6 de mayo de 1984, Canonización de 103 Mártires Coreanos, 4 (1984). 2 3 4 5 6 7
  5. Resumen, Dicasterio para las Causas de los Santos. Mártires coreanos (primera generación): Biografía (agosto de 2014), 1 (2014). 2 3 4 5
  6. Papa Juan Pablo II. Andrés Kim Taegon y 102 compañeros ( 1838 - 1867) - Homilía, 3.
  7. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 2, 2017, 66 (2017). 2
  8. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 2, 2017, 63 (2017).
  9. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 11, octubre, 1988, 2 (1988). 2 3 4
  10. -, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 2, 2017, 67 (2017). 2
  11. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 11, octubre, 1988, 6 (1988). 2 3 4
  12. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 10, agosto, 1925, 35 (1925).
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