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Mártires de la guerra civil española

Los mártires de la guerra civil española fueron obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos asesinados entre 1931 y 1939, especialmente durante la persecución religiosa desencadenada en distintas zonas de España desde el inicio de la guerra civil, en julio de 1936. La Iglesia católica reconoce como mártires a quienes murieron por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia, no por una opción política o militar, sino in odium fidei, es decir, por odio a la fe.

Fusilando sagrado corazon
Ver información de la imagenMilicianos republicanos fusilando la estatua del Sagrado Corazón, en el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid) durante la Guerra Civil Española, c. 1936. Internet, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMártires de la guerra civil española
CategoríaDesconocido
DescripciónMuerte por odio a la fe (in odium fidei) como testimonio supremo de Cristo
Contexto HistóricoSegunda República española, conflicto político-religioso y guerra civil (1936-1939) con persecución religiosa contra clero, religiosos y laicos.
Fecha de Fin1939
Fecha de Inicio1936
Importancia EclesialPersonas reconocidas como mártires y beatificadas en varios grupos (1992-2024) por los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, sirviendo de modelo de fe y perdón.
Importancia HistóricaRefleja la magnitud de la persecución religiosa durante la guerra civil y el profundo impacto social y cultural de las víctimas.
LugarEspaña
ObservacionesEl grupo incluye obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, jóvenes, padres de familia y laicos; más de mil personas han sido beatificadas.
TipoMartirio, Siglo XX

Tabla de contenido

Contexto histórico

La Segunda República y la conflictividad religiosa

La Segunda República española comenzó en 1931 en un clima de intensa polarización política y social. Las relaciones entre las instituciones republicanas, diversos movimientos revolucionarios y la Iglesia católica atravesaron momentos de creciente tensión. La quema de iglesias y conventos, los ataques contra bienes eclesiásticos y algunas agresiones contra sacerdotes y religiosos precedieron a la guerra civil.1

La legislación y las medidas políticas de aquellos años afectaron a la presencia pública de la Iglesia, a sus instituciones educativas y a varias congregaciones religiosas. La conflictividad no alcanzó con la misma intensidad a todo el territorio ni tuvo un desarrollo uniforme, pero creó un ambiente de hostilidad hacia la religión católica en determinados sectores políticos y revolucionarios.

La guerra civil española

La guerra civil comenzó en julio de 1936 tras la sublevación militar contra el Gobierno de la República. El conflicto enfrentó al bando republicano y al bando sublevado, que posteriormente quedó bajo el mando de Francisco Franco. La guerra duró hasta abril de 1939 y causó una enorme cantidad de víctimas civiles y militares.

En los territorios bajo control republicano, especialmente durante los primeros meses de la contienda, algunas milicias revolucionarias desencadenaron una persecución contra la Iglesia. Sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos católicos fueron detenidos, torturados o asesinados; muchas iglesias, conventos, seminarios y objetos de culto fueron profanados o destruidos. El verano de 1936 concentró una parte especialmente intensa de esa violencia.2

La persecución no afectó solamente a personas con responsabilidades eclesiásticas. También alcanzó a padres y madres de familia, jóvenes de Acción Católica, catequistas, colaboradores de obras religiosas y fieles conocidos por su práctica cristiana. La diversidad de los grupos beatificados muestra la amplitud social de las víctimas: clero diocesano, órdenes religiosas, congregaciones femeninas, seminaristas, miembros de asociaciones católicas y laicos.3

La noción católica de martirio

El martirio como testimonio de Cristo

En la teología católica, el mártir es un cristiano que acepta voluntariamente la muerte por fidelidad a Cristo, al Evangelio, a la Iglesia o a una virtud cristiana directamente relacionada con Dios. La Iglesia considera el martirio la forma suprema de testimonio de la fe y una extraordinaria manifestación de la caridad, porque el discípulo configura su vida con Cristo, que entregó libremente su vida por la salvación del mundo.4

La tradición teológica resume esta doctrina mediante la expresión latina martyrem non facit poena, sed causa: no convierte a alguien en mártir el sufrimiento, sino la causa por la que sufre. Una muerte violenta, por sí sola, no basta para afirmar el martirio. La causa de la muerte y la actitud de la víctima necesitan una valoración rigurosa.5

In odium fidei

La expresión in odium fidei significa «por odio a la fe». En una causa de martirio, la Iglesia debe demostrar que el perseguidor actuó, de forma explícita o implícita, contra la fe cristiana, la Iglesia, el ministerio sacerdotal, la vida consagrada o una conducta cuya raíz era inequívocamente cristiana. La Santa Sede exige certeza moral acerca de dos elementos: la muerte violenta sufrida por el siervo de Dios y el odio del perseguidor hacia la fe o hacia una virtud cristiana.6

El odio a la fe no siempre aparece en una declaración formal del agresor. Puede manifestarse mediante amenazas por llevar hábito religioso, por ejercer el sacerdocio, por custodiar la Eucaristía, por proteger a personas perseguidas o por mantener obras de caridad vinculadas a la Iglesia. La jurisprudencia de las causas de santos reconoce que la violencia dirigida contra las obras de caridad puede revelar indirectamente el odio hacia la fe que las inspira.4

Diferencia respecto de otras muertes violentas

No todos los católicos muertos durante la guerra civil fueron mártires en sentido canónico. Muchos murieron como combatientes, víctimas de bombardeos, represalias políticas, enfrentamientos militares, delincuencia o violencia indiscriminada. Una muerte injusta y dolorosa puede constituir una tragedia humana sin reunir los requisitos teológicos y jurídicos del martirio.

Tampoco basta con que la víctima perteneciera nominalmente a la Iglesia. La causa debe mostrar que la muerte estuvo relacionada con la fe o con una conducta cristiana y que la víctima aceptó el sufrimiento con disposición de fidelidad a Cristo. Por esta razón, los procesos canónicos estudian testimonios, documentos, circunstancias del arresto, amenazas previas, palabras de los perseguidores y actitud del candidato antes y durante la muerte.

El martirio cristiano tampoco equivale a la violencia religiosa. El mártir no mata ni busca destruir a sus perseguidores; permanece fiel a la verdad sin recurrir a la venganza. La Comisión Teológica Internacional contrapone el martirio cristiano, que rechaza el homicidio y la represalia, a cualquier acción violenta realizada en nombre de Dios.7

Perfil de los mártires

Obispos y sacerdotes diocesanos

Entre los mártires figuran obispos y sacerdotes que continuaron su ministerio pese a las amenazas. Algunos permanecieron junto a sus comunidades; otros ocultaron el Santísimo Sacramento, atendieron a enfermos o protegieron a personas perseguidas.

El beato José Samsó i Elias, sacerdote de la diócesis de Barcelona y párroco de Santa María de Mataró, destacó por su catequesis, su atención a los pobres y su acompañamiento de enfermos y presos. Detenido el 30 de julio de 1936, permaneció encarcelado hasta el 1 de septiembre, cuando fue fusilado en el cementerio de Mataró. Antes de morir perdonó a sus verdugos. Benedicto XVI autorizó el decreto sobre su martirio y lo beatificó en Mataró el 23 de enero de 2010.

El beato Pedro Asúa Mendía, sacerdote de Vitoria y antiguo arquitecto, ejerció su ministerio mediante la predicación, la catequesis, la adoración eucarística y la ayuda a los pobres. Los milicianos lo arrestaron, torturaron y trasladaron a Liendo, donde lo fusilaron el 29 de agosto de 1936. Murió perdonando a sus enemigos y fue beatificado por el papa Francisco el 1 de noviembre de 2014.

También forman parte de este grupo sacerdotes como Gaietà Clausellas Ballvé, capellán de un asilo de ancianos en Sabadell. Aunque conocía el peligro, decidió permanecer junto a las personas mayores confiadas a su cuidado. Los milicianos lo detuvieron el 14 de agosto de 1936 y lo asesinaron al día siguiente. La Iglesia lo beatificó junto con Antoni Tort Reixachs el 23 de noviembre de 2024, durante el pontificado del papa Francisco.

Religiosos y religiosas

Las comunidades religiosas sufrieron de manera particular la persecución. Los perseguidores identificaban con facilidad los conventos, colegios, hospitales y casas religiosas. Muchos religiosos fueron asesinados por llevar hábito, pertenecer a una congregación o continuar su servicio pastoral y caritativo.

Entre los grupos reconocidos figuran:

  • Los mártires de Motril, encabezados por el agustino recoleto Vicente Soler y varios compañeros, junto con el sacerdote diocesano Manuel Martín. La Iglesia los beatificó el 7 de marzo de 1999, durante el pontificado de Juan Pablo II.
  • Los 122 mártires españoles beatificados el 25 de octubre de 1992 por Juan Pablo II, entre ellos religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y misioneros claretianos.1
  • Los 233 mártires beatificados el 11 de marzo de 2001 por Juan Pablo II, grupo compuesto por sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y madres de familia y jóvenes laicos.8
  • Los 498 mártires beatificados el 28 de octubre de 2007 por Benedicto XVI, pertenecientes a diversas diócesis y familias religiosas.9
  • Los 522 mártires beatificados en Tarragona el 13 de octubre de 2013 por el papa Francisco, entre pastores, personas consagradas y fieles laicos.10

El beato Ángel Marina Álvarez, dominico, ejercía como prior de la comunidad de Almagro cuando fue asesinado el 14 de agosto de 1936. El papa Francisco lo beatificó el 18 de junio de 2022 junto con diecinueve compañeros.

Laicos, jóvenes y padres de familia

La persecución alcanzó también a laicos cuya identidad cristiana resultaba conocida. El beato Joan Roig i Diggle, joven laico de diecinueve años, murió en 1936 por odio a la fe. El papa Francisco lo beatificó el 7 de noviembre de 2020.

El beato Antoni Tort Reixachs, esposo y padre de familia, acogió en su casa a sacerdotes y religiosas perseguidos. Los milicianos lo detuvieron el 1 de diciembre de 1936, lo llevaron al convento de Sant Elies, convertido en prisión, y lo asesinaron la noche del 3 al 4 de diciembre. La causa canónica consideró probado que sufrió malos tratos e insultos por su condición de cristiano practicante. Francisco lo beatificó el 23 de noviembre de 2024 junto con Gaietà Clausellas.

El grupo de los 233 mártires beatificados en 2001 incluyó también a Francisco Castelló y Aleu, joven químico y miembro de Acción Católica, que escribió cartas de serenidad y perdón antes de morir. En el mismo grupo figuró el joven sacerdote Germán Gozalbo, asesinado poco después de celebrar su primera misa.3

Mujeres consagradas

Numerosas religiosas fueron asesinadas por su consagración a Dios y por la labor que realizaban en colegios, hospitales, asilos y obras de asistencia.

Las beatas Rita Dolores Pujalte Sánchez y Francisca del Sagrado Corazón de Jesús Aldea Araujo, religiosas de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, permanecieron en el colegio de Santa Susana, en Madrid, para no abandonar a las niñas y huérfanas atendidas por la comunidad. Los milicianos las detuvieron el 20 de julio de 1936 y las fusilaron en Canillejas. Juan Pablo II las beatificó el 10 de mayo de 1998.

En aquella misma celebración fueron beatificadas María Gabriela Hinojosa y seis compañeras, salesianas mártires, y María Cecilia Cendoya y Araquistáin, religiosa de la Visitación. La homilía de Juan Pablo II presentó su fidelidad comunitaria, su oración y su permanencia junto a sus hermanas como expresiones concretas de amor cristiano.

Las beatas María Teresa Ferragud Roig y sus cuatro hijas religiosas constituyen uno de los testimonios más conocidos. María Teresa, de edad avanzada, pidió acompañar a sus hijas y morir después de ellas para sostenerlas en el momento supremo. El grupo fue beatificado por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.3

Cronología de las principales beatificaciones

Primeras beatificaciones

Juan Pablo II beatificó el 25 de octubre de 1992 a un grupo de 122 mártires españoles. Entre ellos figuraban religiosos hospitalarios, claretianos y otros miembros de institutos consagrados.1

El 10 de octubre de 1993, Juan Pablo II beatificó en Roma a dos obispos y siete hermanos de las Escuelas Cristianas martirizados en Almería al comienzo de la guerra civil. La celebración puso de relieve su servicio pastoral y educativo en una época de violencia política y religiosa.11

El 1 de octubre de 1995, Juan Pablo II beatificó a 45 mártires de la persecución religiosa española de 1936-1939.12

Beatificaciones de Juan Pablo II

Durante el pontificado de Juan Pablo II tuvieron lugar varias beatificaciones de grupos numerosos. Entre ellas destacan:

  • 1998: Rita Dolores Pujalte, Francisca Aldea y otros mártires.
  • 1999: los mártires de Motril.
  • 2001: José Aparicio Sanz y 232 compañeros.
  • 2001: otros grupos de mártires vinculados a diócesis y congregaciones religiosas.

La beatificación de los 233 mártires tuvo lugar el 11 de marzo de 2001. El papa subrayó que no habían participado en luchas políticas o ideológicas y que habían muerto por motivos religiosos. También pidió que su memoria ayudara a eliminar la violencia, el odio y el resentimiento de España.13

Beatificaciones de Benedicto XVI

Benedicto XVI beatificó el 28 de octubre de 2007 a 498 mártires españoles. El grupo reunió a miembros de distintos estados de vida y procedencias eclesiales.9

También beatificó al religioso dominico Ramón Peiró Victori y a otros compañeros el 28 de octubre de 2007. El beato Prudencio de la Cruz, trinitario, pertenece igualmente a los grupos de mártires beatificados en aquella jornada.

Benedicto XVI beatificó asimismo a José Samsó i Elias el 23 de enero de 2010 en Mataró. La celebración tuvo lugar en la parroquia donde el sacerdote había ejercido su ministerio pastoral.

Beatificaciones de Francisco

El papa Francisco beatificó el 13 de octubre de 2013 en Tarragona a 522 mártires españoles. La relación oficial los describe como pastores, personas consagradas y fieles laicos asesinados por su fe durante la guerra civil.10

El 1 de noviembre de 2014 beatificó a Pedro Asúa Mendía y a otros mártires. El sacerdote vasco había unido su formación profesional como arquitecto con una intensa vida sacerdotal, la catequesis, la adoración eucarística y la atención a los pobres.

Francisco beatificó el 23 de octubre de 2016 a Joan Mercer Soler, religiosa vinculada a la vida monástica y asesinada durante la persecución. El 7 de noviembre de 2020 beatificó a Joan Roig i Diggle, joven laico barcelonés. El 18 de junio de 2022 beatificó a Ángel Marina Álvarez y diecinueve compañeros.

El 23 de noviembre de 2024 fueron beatificados Gaietà Clausellas Ballvé y Antoni Tort Reixachs, sacerdote y laico de la archidiócesis de Barcelona. La causa presentó sus muertes como consecuencia de la persecución religiosa y del odio hacia la fe practicada mediante el ministerio sacerdotal, la caridad y la protección de personas perseguidas.

La memoria eclesial de los mártires

La Iglesia no presenta a los mártires como instrumentos de confrontación partidista. Juan Pablo II afirmó que los beatificados habían muerto por la fe y que su reconocimiento debía promover la paz, la libertad y la superación del odio.13

El martirio tampoco convierte automáticamente a todas las víctimas de un bando en representantes de una causa política. La beatificación examina la relación concreta entre la muerte y la fe cristiana. Por ello, el martirologio católico incluye personas de muy diversas procedencias sociales, edades, diócesis y familias religiosas.

La memoria de los mártires posee una doble dimensión. En primer lugar, conserva el recuerdo de una persecución que destruyó vidas, comunidades y patrimonio religioso. En segundo lugar, propone un testimonio espiritual: la fidelidad a Cristo, la perseverancia en el bien, la protección de los débiles y el perdón de los enemigos.

Significado espiritual y pastoral

Los mártires de la guerra civil española recuerdan que la fe cristiana no consiste solamente en una adhesión interior, sino también en una forma de vida visible. Muchos de ellos expresaron su fe mediante la catequesis, la enseñanza, la asistencia a enfermos, la protección de huérfanos, la atención a ancianos y la ayuda a los perseguidos.

Su testimonio muestra también que el martirio puede derivar de una confesión explícita de Cristo o de una obra de caridad realizada por fidelidad al Evangelio. La violencia contra el sacerdote que permanece junto a sus fieles o contra el laico que protege a religiosos perseguidos puede constituir, según las circunstancias probadas en el proceso, una violencia dirigida indirectamente contra la fe.4

La Iglesia propone a estos beatos como modelos de fortaleza, perdón, caridad y esperanza, no como símbolos de revancha. La celebración de su memoria invita a rechazar toda persecución religiosa y toda violencia política, y a trabajar por una convivencia fundada en la verdad, la justicia, la libertad religiosa y la reconciliación.

Conclusión

Los mártires de la guerra civil española forman un amplio conjunto de testigos de Cristo: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, jóvenes, padres de familia y otros laicos. La Iglesia reconoce su martirio cuando la investigación canónica demuestra que fueron asesinados in odium fidei y que aceptaron la muerte con fidelidad cristiana.

Las beatificaciones iniciadas en 1992 y continuadas durante los pontificados de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han incorporado a los altares a numerosos miembros de aquella Iglesia perseguida. Su memoria pertenece a la historia de España y, sobre todo, al patrimonio espiritual de la Iglesia universal: una llamada permanente a permanecer fieles a Cristo, perdonar a los enemigos y vencer el odio mediante la caridad.

Citas y referencias

  1. Resumen, Dicasterio de las Causas de los Santos. 122 mártires españoles: Biografía (25 de octubre de 1992), 1 (1992). 2 3
  2. Dicasterio de las Causas de los Santos. Mártires benedictinos españoles: El milagro, 1 (2016).
  3. Beatificación de los siervos de Dios José Aparicio Sanz y 232 compañeros, mártires en España, Papa Juan Pablo II. 11 de marzo de 2001: Beatificación de los Siervos de Dios José Aparicio Sanz y 232 compañeros, mártires en España, 2 (2001). 2 3
  4. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 8, agosto de 1983, 16 (1983). 2 3
  5. Dicasterio de las Causas de los Santos. Giovanni Elías Medina y 126 compañeros: Homilía, 1 (2021).
  6. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 5, mayo de 2006, 34 (2006).
  7. B7. Libertad religiosa en la misión de la Iglesia - El coraje del discernimiento y la refutación de la violencia en nombre de Dios, Comisión Teológica Internacional. Libertad religiosa para el bien de todos, 82 (2019).
  8. Papa Juan Pablo II. A los fieles reunidos para la Beatificación (12 de marzo de 2001) - Discurso, 1 (2001).
  9. Dicasterio de las Causas de los Santos. 498 mártires españoles: Biografía (28 de octubre de 2007), Resumen (2007). 2
  10. Dicasterio de las Causas de los Santos. 522 mártires españoles: Biografía (octubre de 2013), Resumen (2013). 2
  11. Papa Juan Pablo II. A los peregrinos que habían venido para las beatificaciones (11 de octubre de 1993) - Discurso, 1 (1993).
  12. Papa Juan Pablo II. A los peregrinos que vienen a Roma para la Beatificación de 110 personas (2 de octubre de 1995) - Discurso, 3 (1995).
  13. Beatificación de los siervos de Dios José Aparicio Sanz y 232 compañeros, mártires en España, Papa Juan Pablo II. 11 de marzo de 2001: Beatificación de los Siervos de Dios José Aparicio Sanz y 232 compañeros, mártires en España, 3 (2001). 2
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