La Guerra Civil y la hostilidad contra la Iglesia
La guerra civil estalló en 1936 y rápidamente se convirtió en una guerra de ideologías donde la Iglesia católica fue percibida como aliada del orden tradicional y, por tanto, como objetivo de los sectores republicanos más radicales. La violencia contra clérigos y fieles se manifestó en incendios de iglesias, profanación de lugares sagrados y asesinatos indiscriminados de sacerdotes, religiosos y laicos activos en la vida eclesial1.
Magnitud de la persecución
Los historiadores eclesiásticos estiman que más de veinte mil personas fueron perseguidas por su condición religiosa durante los años de la contienda. Entre ellas se encontraban jóvenes seminaristas, monjas contemplativas, obreros católicos y familias enteras que se negaron a renunciar a su fe, pagando con su vida el odio que los agresores sentían contra la Iglesia1. La violencia no distinguía edad ni estado de vida: «eran hombres y mujeres de todas las edades y estados, sacerdotes, religiosos, padres y madres de familia, jóvenes laicos»2.

