Nagasaki está situada en la isla de Kyūshū, al sudoeste del archipiélago japonés. Antes de la llegada de los misioneros cristianos era una población de importancia reducida, pero su puerto favoreció pronto el comercio con portugueses y otros europeos. La ciudad creció rápidamente desde la llegada de los comerciantes extranjeros y llegó a convertirse en uno de los principales centros del cristianismo japonés.1
Los jesuitas comenzaron su actividad en la zona de Nagasaki en el siglo XVI. En 1569, el padre jesuita Vilela levantó una iglesia sobre el lugar que anteriormente ocupaba una pagoda. En 1571, la misión ya había logrado alrededor de mil quinientas conversiones. Durante los años siguientes surgieron iglesias y capillas, y la comunidad cristiana adquirió una presencia notable en la ciudad y sus alrededores.1
La expansión cristiana coincidió con la apertura comercial de Nagasaki a los portugueses. La ciudad se convirtió en un punto de encuentro entre Japón y las misiones católicas procedentes de Europa y Filipinas. La relación entre evangelización, comercio y rivalidades políticas influyó en la evolución de la política japonesa hacia el cristianismo.1,2


