La enciclopedia católica en español

Mártires de París de septiembre de 1792

Los Mártires de París de septiembre de 1792 fueron 191 eclesiásticos y laicos católicos asesinados en París durante las matanzas de septiembre de la Revolución francesa. La Iglesia reconoció su muerte como martirio sufrido por odio a la fe cristiana y los beatificó en 1926. Entre ellos destacaron tres obispos: Juan María du Lau, arzobispo de Arlés, y los hermanos Francisco José y Pedro Luis de La Rochefoucauld.1

Massacre à la Salpêtrière
Ver información de la imagenMasacre de La Salpêtrière, 3 de septiembre de 1792, c. 1793. https://www.histoire-image.org/photo/zoom/gal73_septembre_02f.jpg, Autor anónimo desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMártires de París de septiembre de 1792
CategoríaPersona
Descripción191 eclesiásticos y laicos católicos asesinados en París durante la Revolución francesa
NacionalidadFrancia
Fecha de Fundación16 de enero de 1916
Contexto HistóricoRevolución francesa, matanzas de septiembre de 1792.
Fecha de Beatificación1926
Importancia EclesialReconocidos como mártires por odio a la fe cristiana.
LugarParís
Número de mártires191
Personas relacionadasJuan María du Lau, Francisco José de La Rochefoucauld, Pedro Luis de La Rochefoucauld
TipoSanto, Mártires

Tabla de contenido

Contexto histórico y religioso

La Revolución francesa transformó profundamente las relaciones entre la autoridad civil y la Iglesia. Las medidas revolucionarias afectaron a las instituciones eclesiásticas, al clero y a la libertad de la Iglesia para ejercer su misión. La Constitución civil del clero exigió a los sacerdotes y obispos un juramento que la Santa Sede consideró contrario a los derechos de la Iglesia y a la libertad de conciencia.2,3

Muchos eclesiásticos rechazaron aquel juramento porque entendían que vinculaba el ministerio sacerdotal a una autoridad civil que pretendía reorganizar la Iglesia sin la aprobación del papa. El conflicto convirtió la fidelidad a la fe católica y a la comunión con Roma en una cuestión de especial gravedad política y religiosa.4

En el verano de 1792, la tensión aumentó a causa de la guerra, la crisis política y el temor a una conspiración contrarrevolucionaria. Las autoridades recluyeron a numerosos sacerdotes y religiosos que se habían negado a prestar el juramento exigido. En París, varios conventos, seminarios y prisiones sirvieron como lugares de detención.5

Las matanzas de septiembre

Entre el 2 y el 3 de septiembre de 1792, grupos armados irrumpieron en distintos lugares de encarcelamiento de París. Los prisioneros fueron sometidos, en algunos casos, a interrogatorios sumarios sobre su aceptación o rechazo del juramento constitucional. Quienes lo rechazaron fueron asesinados con espadas, lanzas, bayonetas y otras armas.4,1

Los principales escenarios del martirio fueron:

  • El convento de los carmelitas, convertido en prisión.
  • El seminario de San Fermín.
  • La abadía de Saint-Germain-des-Prés.
  • La prisión de La Force.4,3

La Santa Sede describió aquellos asesinatos como una persecución dirigida contra obispos, sacerdotes, religiosos y fieles que permanecían firmes en la profesión de la fe católica. La causa del martirio quedó vinculada a la negativa de los prisioneros a aceptar un juramento considerado incompatible con la fidelidad eclesial.4,1

Los mártires del convento de los carmelitas

Lugar del martirio

El convento de los carmelitas, situado en la calle de Rennes, albergaba a más de ciento cincuenta eclesiásticos y a un laico. Los prisioneros llevaban una vida ordenada, semejante en algunos aspectos a la vida comunitaria que habían practicado antes de la persecución. La convivencia incluía la oración y la celebración de actos religiosos en la medida permitida por la prisión.5

El 2 de septiembre, durante la tarde, los presos recibieron autorización para salir al jardín. Mientras varios obispos y sacerdotes rezaban vísperas en una capilla, los agresores entraron en el recinto y comenzaron a matar a los detenidos.5

Juan María du Lau

Juan María du Lau nació en 1738 y llegó a ser arzobispo de Arlés. Su gobierno pastoral estuvo marcado por la atención al clero, la disciplina eclesiástica, la dignidad del culto y el cuidado de los fieles.3

Cuando los asesinos le preguntaron si era el arzobispo, respondió afirmativamente. Uno de los agresores lo hirió con una espada y después lo remató con una lanza. Su muerte ocurrió en el patio del convento de los carmelitas.5,3

La tradición martirial ha conservado su actitud de serenidad y de identificación pública con el episcopado católico. Para la Iglesia, su testimonio expresó la fidelidad de un obispo a su misión pastoral y a la comunión eclesial hasta la entrega de la vida.

Francisco José de La Rochefoucauld

Francisco José de La Rochefoucauld nació en 1736 y fue obispo de Beauvais. Recibió una sólida formación teológica y destacó por su caridad hacia los pobres. Dispuso que sus bienes fueran entregados a los necesitados.3,4

Durante el ataque al convento recibió un disparo que le destrozó una pierna. Los agresores le pidieron que acudiera ante el tribunal improvisado para responder sobre el juramento. Incapaz de caminar, pidió que lo llevaran hasta el lugar donde querían conducirlo. Allí rechazó el juramento y fue asesinado sobre el cuerpo de su hermano.5

Pedro Luis de La Rochefoucauld

Pedro Luis de La Rochefoucauld, hermano de Francisco José, nació en 1744 y era obispo de Saintes. Había estudiado teología en el seminario de San Sulpicio y en el Colegio de Navarra. Como obispo, defendió la doctrina católica y combatió los errores jansenistas.4,3

Los revolucionarios lo apresaron junto a su hermano. Tras negarse a prestar el juramento, lo degollaron. Su muerte quedó unida a la de Francisco José, con quien compartió la prisión y el martirio.4,1

Composición del grupo de mártires

Los mártires pertenecían a estados y familias religiosas muy diversos. Entre ellos había:

  • Obispos y vicarios generales.
  • Párrocos y vicarios parroquiales.
  • Canónigos y profesores.
  • Sacerdotes diocesanos.
  • Benedictinos de la congregación de San Mauro.
  • Franciscanos.
  • Carmelitas.
  • Antiguos jesuitas.
  • Sacerdotes sulpicianos.
  • Religiosos de otras comunidades.
  • Diáconos, acólitos y algunos laicos.2,5

En el convento de los carmelitas murieron, entre otros, Ambrosio Agustín Chevreux, superior general de los benedictinos mauristas; Francisco Luis Hébert, confesor del rey Luis XVI; tres franciscanos; catorce antiguos jesuitas; seis vicarios generales; treinta y ocho miembros o antiguos miembros del seminario de San Sulpicio; tres diáconos; un acólito y un hermano de las Escuelas Cristianas.5

También murió Carlos de La Calmette, conde de Valfons, oficial de caballería. Había acompañado voluntariamente a su párroco durante el encarcelamiento y compartió con los eclesiásticos el destino de la prisión y del martirio.5

Los mártires de San Fermín

El seminario de San Fermín, perteneciente a la congregación de la Misión, también funcionaba como prisión. Los agresores llegaron allí el 3 de septiembre. Entre las primeras víctimas estuvo Pedro Guerin du Rocher, antiguo jesuita de unos sesenta años.5

El superior del seminario era Luis José François. Había manifestado públicamente que el juramento impuesto al clero resultaba ilícito. Un funcionario le ofreció la posibilidad de escapar, pero rechazó abandonar a los prisioneros que confiaban en su ejemplo y en su autoridad moral. Murió junto a Enrique Gruyer, otros lazaristas, Yves Guillon de Kéranrun -vicecanciller de la Universidad de París- y tres laicos.6

La muerte de Luis José François manifestó una dimensión particular del martirio: no quiso aprovechar una oportunidad personal de salvación mientras permanecieran en peligro aquellos que habían sido confiados a su responsabilidad. Su decisión expresó solidaridad sacerdotal y fidelidad pastoral.

Los mártires de Saint-Germain-des-Prés

La abadía de Saint-Germain-des-Prés albergaba a un grupo de sacerdotes y religiosos detenidos. La documentación de la causa recoge veintiún víctimas asesinadas en aquella prisión. Entre ellas figuraban Daniel Luis André des Pommerayes, Luis Remigio Benoist y su hermano Luis Remigio Nicolás Benoist, vicarios de la parroquia de San Pablo de París.7

El grupo incluía también a sacerdotes, vicarios, un párroco, un canónigo, un antiguo jesuita, un sacerdote de la orden de los mínimos, un diácono y otros ministros vinculados a la vida pastoral de París. La diversidad de sus ministerios muestra que la persecución alcanzó tanto a responsables eclesiásticos como a sacerdotes dedicados directamente al servicio parroquial.7

Los mártires de La Force

La prisión de La Force, situada en la calle de Saint-Antoine, fue otro de los lugares de la matanza. Allí murieron Juan Bautista Bottex, párroco de Neuville-sur-Ain; Miguel Francisco de La Gardette, vicario de la parroquia parisina de San Gervasio; y Francisco Jacinto Le Livec de Trésurin, antiguo jesuita y capellán de las Hijas del Calvario.7

La ausencia de supervivientes que pudieran describir con detalle los últimos momentos de los prisioneros dificultó la reconstrucción de lo ocurrido en La Force. No obstante, la Iglesia incluyó a los tres asesinados en la causa común de los Mártires de París.6

Número de mártires y causa de beatificación

La causa de beatificación examinó los nombres de tres obispos y de 188 compañeros, con un total de 191 venerables siervos de Dios. La investigación concluyó que murieron por odio al nombre cristiano y que la fidelidad a la fe constituyó la causa determinante de su muerte.1

Benedicto XV firmó el decreto de introducción de la causa el 16 de enero de 1916. La Santa Sede estudió después la cuestión del martirio y la documentación relativa a cada uno de los candidatos.4,1

El proceso culminó con el reconocimiento pontificio del martirio y la beatificación solemne de los 191 mártires en 1926. La relación individual de sus nombres quedó publicada en las Acta Apostolicae Sedis.6,2

Significado católico del martirio

La Iglesia considera mártir a quien entrega la vida por Cristo y por la fe cristiana frente a un perseguidor que actúa movido por odio a esa fe. En el caso de los Mártires de París, la cuestión decisiva fue su negativa a prestar un juramento que juzgaban incompatible con la autoridad de la Iglesia y con la libertad de la conciencia católica.4,1

Su testimonio no consiste solo en la resistencia a una disposición política. También comprende la fidelidad a la comunión eclesial, la defensa del ministerio sacerdotal, la perseverancia en la oración y la solidaridad con los compañeros encarcelados. La conducta de los prisioneros del convento de los carmelitas, que mantuvieron una vida ordenada y religiosa en medio del peligro, ocupa un lugar central en la memoria de estos mártires.5

La beatificación no pretende canonizar la violencia política de ninguna época ni convertir el martirio en un instrumento de confrontación partidista. Honra la fidelidad cristiana de personas concretas que afrontaron la muerte por no renunciar a su conciencia católica y a su obediencia a la Iglesia.

Memoria litúrgica y veneración

La Santa Sede concedió que los cuerpos y las reliquias conservadas de estos mártires pudieran exponerse a la veneración pública de los fieles y que sus imágenes recibieran los honores propios de los beatos.7

El recuerdo de los Mártires de París permanece unido especialmente al convento de los carmelitas, lugar donde murió la mayoría del grupo, aunque la veneración abarca también a las víctimas de San Fermín, Saint-Germain-des-Prés y La Force. Sus nombres representan a numerosos sacerdotes, religiosos y laicos que mantuvieron la fidelidad católica durante una de las etapas más violentas de la Revolución francesa.

Valor histórico y espiritual

Los Mártires de París de septiembre de 1792 constituyen uno de los grupos martiriales más numerosos reconocidos por la Iglesia en el contexto de la Revolución francesa. Su historia reúne el testimonio de tres obispos, numerosos sacerdotes y religiosos, y algunos laicos que compartieron el encarcelamiento y la muerte.2,1

Para la espiritualidad católica, su ejemplo enseña que la fidelidad puede exigir perseverancia en circunstancias de presión política, aislamiento y violencia. La Iglesia los venera como testigos de Cristo, no por la violencia que padecieron, sino por la fe, la fortaleza y la caridad con que afrontaron el martirio.

Citas y referencias

  1. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 11, noviembre, 1926, 18 (1926). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 11, noviembre, 1926, 42 (1926). 2 3 4
  3. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 3, marzo, 1916, 12 (1916). 2 3 4 5 6
  4. Papa Pío XI. Salomone Leclercq (1745-1792) - Carta apostólica, 1. 2 3 4 5 6 7 8 9
  5. Alban Butler. Butler’s Lives of the Saints: Volumen III, 477 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  6. B3: San Pío X, papa (d. C. 1914), Alban Butler. Butler’s Lives of the Saints: Volumen III, 478 (1990). 2 3
  7. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 11, noviembre, 1926, 26 (1926). 2 3 4
Modificado el 21 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.13Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/tw91t4j5w

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →