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Mártires de Turón

Los Mártires de Turón son nueve religiosos católicos asesinados en Turón (Asturias) durante la Revolución de Asturias de 1934: ocho Hermanos de las Escuelas Cristianas y el sacerdote pasionista Inocencio de la Inmaculada. La Iglesia católica reconoció su martirio, los beatificó en 1990 y los canonizó en 1999. Su memoria litúrgica se celebra el 9 de octubre.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMártires de Turón
CategoríaPersona
DescripciónNueve religiosos católicos asesinados en Turón (Asturias) en 1934
Contexto HistóricoRevolución de Asturias de 1934 y persecución religiosa en España
Fecha9 de octubre de 1934
Fecha de Beatificación29 de abril de 1990
Fecha de Canonización21 de noviembre de 1999
Festividad9 de octubre
LugarTurón, Asturias
MartirioAsinados por armas de fuego en el cementerio de Turón el 9 de octubre de 1934
Miembro deHermanos de las Escuelas Cristianas y Congregación de la Pasión
Personas relacionadas
Personas RelacionadasSan Cirilo Bertrán, San Marciano José, San Julián Alfredo, San Victoriano Pío, San Benjamín Julián, San Augusto Andrés, San Benito de Jesús, San Aniceto Adolfo, San Inocencio de la Inmaculada
TipoSanto, Grupo de religiosos mártires

Tabla de contenido

Identidad y composición del grupo

El grupo estaba formado por ocho religiosos del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, conocidos también como Hermanos de La Salle, y por el padre pasionista Inocencio de la Inmaculada. Los Hermanos trabajaban en el colegio católico Nuestra Señora de Covadonga, mientras que el sacerdote acudía a la comunidad para ejercer el ministerio sacramental.3,4

Los mártires fueron:

  • San Cirilo Bertrán, en el siglo José Sanz Tejedor.
  • San Marciano José, en el siglo Filomeno López López.
  • San Julián Alfredo, en el siglo Wilfrido Fernández Zápico.
  • San Victoriano Pío, en el siglo Claudio Bernabé Cano.
  • San Benjamín Julián, en el siglo Vicente Alonso Andrés.
  • San Augusto Andrés, en el siglo Román Martín Fernández.
  • San Benito de Jesús, en el siglo Héctor Valdivielso Sáez.
  • San Aniceto Adolfo, en el siglo Manuel Seco Gutiérrez.
  • San Inocencio de la Inmaculada, en el siglo Manuel Canoura Arnau, sacerdote de la Congregación de la Pasión.5,6,4

El grupo no debe confundirse con el conjunto más amplio de los Mártires de la persecución religiosa en España, ni con el beato Jaime Hilario, también Hermano de La Salle, asesinado cerca de Tarragona en 1937. La Iglesia vinculó espiritualmente a Jaime Hilario con los Mártires de Turón, aunque no murió en Turón ni perteneció al grupo martirizado en 1934.2,7

Contexto histórico

La comunidad de Turón

Turón estaba en una zona minera de Asturias. En 1919, los Hermanos de las Escuelas Cristianas fundaron allí un centro educativo destinado especialmente a los hijos de los trabajadores de las minas. Durante los quince años de actividad del colegio, más de mil doscientos niños recibieron formación humana y cristiana.8

La misión de los religiosos incluía la enseñanza escolar, la catequesis, la preparación para la primera Comunión y la Confirmación, y el acompañamiento de los alumnos a la misa dominical. El colegio Nuestra Señora de Covadonga constituía, por tanto, una institución educativa y apostólica al servicio de la población minera.8,3

La comunidad estaba integrada por ocho Hermanos y tenía como director a Cirilo Bertrán. El padre Inocencio de la Inmaculada llegó a Turón en octubre de 1934 para atender las confesiones de los alumnos y preparar la celebración del primer viernes de mes.8,4

La Revolución de Asturias

La Revolución de Asturias comenzó en octubre de 1934 en un clima de fuerte enfrentamiento político y social. La violencia alcanzó también a sacerdotes y religiosos, víctimas de la persecución contra la Iglesia. En este contexto, la comunidad de Turón quedó expuesta por su condición religiosa y por su actividad educativa y catequética.5

Los perseguidores reprochaban a los Hermanos que mantuvieran los símbolos cristianos en las escuelas, que continuaran impartiendo catequesis y que acompañaran a los niños a la misa. Una de las expresiones dirigidas contra ellos resumía la hostilidad de sus perseguidores: los consideraban buenos maestros, pero rechazaban que enseñaran el catecismo.8

Detención y martirio

Arresto en la capilla

El viernes 5 de octubre de 1934, los Hermanos estaban reunidos en la capilla de la comunidad para participar en la misa, presidida por el padre Inocencio de la Inmaculada. Durante el ofertorio irrumpieron hombres armados que intentaban entrar en el recinto.8

El sacerdote interrumpió la celebración y consumió las formas consagradas que permanecían en el sagrario. Después distribuyó las partículas consagradas entre los religiosos para evitar cualquier profanación. La Eucaristía recibida en aquellas circunstancias adquirió para ellos el sentido de viático, es decir, alimento espiritual para afrontar la muerte.8

Los religiosos no opusieron resistencia. Los captores los condujeron primero fuera de la capilla y después a la llamada Casa del Pueblo, convertida en lugar de detención. Allí permanecieron recluidos junto con el padre Inocencio.8

Los días de prisión

Durante la cautividad, los religiosos permanecieron unidos en la oración. Recibieron el sacramento de la Penitencia y afrontaron la posibilidad de morir con serenidad, humildad y conformidad con la voluntad de Dios. Los testimonios recogidos durante la investigación eclesiástica describen una actitud de fraternidad y preparación espiritual.4,2

La mañana del 9 de octubre de 1934, los prisioneros fueron conducidos al cementerio de Turón. Allí habían preparado una fosa común. Los nueve fueron asesinados con armas de fuego y enterrados inmediatamente.4

Los nueve mártires

Cirilo Bertrán

Cirilo Bertrán nació en Lerma, en la diócesis de Burgos, el 20 de marzo de 1888. Ingresó joven en el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y emitió la profesión perpetua en 1916. Ejerció diversas responsabilidades educativas y desde 1932 dirigía la comunidad de Turón.5

Su prudencia, capacidad de gobierno y celo apostólico llevaron a sus superiores a confiarle la dirección de varias escuelas. En Turón ejerció como director de la comunidad y del colegio Nuestra Señora de Covadonga, en una región marcada por la conflictividad social.1

Marciano José

Marciano José nació en El Pedregal, en la diócesis de Sigüenza, el 15 de noviembre de 1900. Entró en el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas a los doce años y emitió la profesión perpetua en 1925. Una limitación auditiva le impidió dedicarse plenamente a la enseñanza, por lo que desempeñó diversos servicios comunitarios, entre ellos los de ropero, portería y cocina. Llegó a Turón en 1934.8

Julián Alfredo

Julián Alfredo nació en Cifuentes de Rueda, en la diócesis de León, el 24 de diciembre de 1902. Ingresó en el noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Bujedo y realizó la profesión perpetua en 1931. En Turón trabajó en la educación de los niños y en su preparación para la primera Comunión.5,6

Victoriano Pío

Victoriano Pío nació en San Millán de Lara, en la diócesis de Burgos, el 7 de julio de 1905. Ingresó en el Instituto en 1913 y realizó la profesión perpetua en 1930. Además de dedicarse a la enseñanza, colaboraba en la dirección de los coros que animaban las celebraciones religiosas. Llegó a Turón pocas semanas antes de su muerte.5

Benjamín Julián

Benjamín Julián nació en Jaramillo de la Fuente, en la diócesis de Burgos, el 27 de octubre de 1908. Ingresó en el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y profesó como religioso en 1926. Su apostolado estuvo especialmente orientado a los niños, a quienes transmitía la piedad cristiana y la devoción mariana.6

Augusto Andrés

Augusto Andrés nació en Quintana de los Prados el 6 de mayo de 1910. Ingresó en el Instituto en 1922 y llegó a Turón en 1932. Murió con poco más de veinticuatro años, después de haber dedicado su juventud a la vida religiosa y a la educación cristiana.6,4

Benito de Jesús

Benito de Jesús nació en Buenos Aires, Argentina, el 31 de octubre de 1910, en una familia de origen español que regresó posteriormente a España. Pasó parte de su infancia en Briviesca, en la diócesis de Burgos, ingresó en el Instituto en 1924 y fue destinado a Turón en 1933. Allí destacó por su apostolado mediante publicaciones de contenido religioso.4

Aniceto Adolfo

Aniceto Adolfo nació en Celada Marlantes, en la diócesis de Burgos, el 4 de octubre de 1912. Ingresó en el Instituto en 1924 y pertenecía a la comunidad de Turón desde 1932. Era el más joven de los Hermanos de la comunidad. Su propósito espiritual expresaba una determinación radical de fidelidad: prefería afrontar la muerte antes que apartarse de Dios por el pecado.6,4

Inocencio de la Inmaculada

Inocencio de la Inmaculada nació en Santa Cecilia del Valle de Oro, en la diócesis de Mondoñedo, el 10 de marzo de 1887. Ingresó en la Congregación de la Pasión, profesó como religioso en 1905 y recibió la ordenación sacerdotal el 20 de septiembre de 1912. Desempeñó tareas de formación y predicación antes de dedicarse al ministerio pastoral.4

En septiembre de 1934 fue destinado a la comunidad pasionista de Mieres. Desde allí acudió a Turón para escuchar las confesiones de los alumnos del colegio y preparar la celebración litúrgica del primer viernes de octubre. Su presencia circunstancial en la comunidad lo unió al destino martirial de los ocho Hermanos.4

Reconocimiento eclesial

Beatificación

La Iglesia reconoció oficialmente el martirio de los nueve religiosos y los beatificó el 29 de abril de 1990, durante el pontificado de san Juan Pablo II. La beatificación presentó a los Hermanos y al sacerdote pasionista como testigos de la fe cristiana en una situación de persecución.1

La ceremonia puso de relieve la colaboración entre dos congregaciones religiosas: los Hermanos de las Escuelas Cristianas, dedicados a la educación, y los pasionistas, representados por el padre Inocencio. Ambos institutos trabajaban en una misma misión evangelizadora y quedaron unidos por el martirio.3

Canonización

San Juan Pablo II canonizó a los Mártires de Turón el 21 de noviembre de 1999, en la basílica de San Pedro del Vaticano. La canonización los incorporó al catálogo de los santos y los propuso a la Iglesia universal como modelos de vida cristiana e intercesores.1,2

La Iglesia no los presenta como combatientes de una guerra, sino como educadores y religiosos que afrontaron la muerte por su consagración y por su misión evangelizadora. Su martirio constituye, en esta interpretación, la culminación de una vida dedicada a la oración, a la fraternidad y a la educación cristiana de la juventud.2

Significado espiritual

La memoria de los Mártires de Turón está estrechamente vinculada con la misión educativa de la Iglesia. Los ocho Hermanos no abandonaron su condición religiosa ni ocultaron la finalidad cristiana de su trabajo. Permanecieron fieles a una tarea que unía la enseñanza escolar con la catequesis y la vida sacramental.8,2

Su historia también manifiesta la unidad entre diferentes formas de vida consagrada. La comunidad de La Salle y el sacerdote pasionista pertenecían a congregaciones distintas, pero colaboraban en la formación cristiana de los niños. El martirio compartido simboliza la cooperación entre institutos religiosos al servicio de la misión de la Iglesia.3

La tradición eclesial presenta su actitud ante la muerte como una respuesta de oración, serenidad, perdón y confianza en Dios. Para la espiritualidad católica, su testimonio no glorifica la violencia, sino la fidelidad de quienes sufrieron persecución por su identidad religiosa y por su servicio apostólico.2

Memoria litúrgica

La Iglesia celebra la memoria de los Mártires de Turón el 9 de octubre, aniversario de su muerte. La fecha recuerda tanto el martirio de los ocho Hermanos de las Escuelas Cristianas como el del padre Inocencio de la Inmaculada.1

Los Hermanos de La Salle veneran especialmente a estos santos como patronos y modelos de su misión educativa. Su testimonio invita a comprender la enseñanza cristiana como una forma de apostolado, servicio a la juventud y anuncio del Evangelio.2

Citas y referencias

  1. Resumen biográfico, Dicasterio para las Causas de los Santos. Cirilo Bertrán y 8 compañeros (1888-1934) - Biografía, 1 (1999). 2 3 4 5
  2. Papa Juan Pablo II. Inocencio de la Inmaculada (1887-1934) - Homilía, 2 (1999). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Papa Juan Pablo II. Cirilo Bertrán y 8 compañeros (1888-1934) - Homilía de beatificación, 3 (1999). 2 3 4
  4. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: número 2, febrero de 1991, 20 (1991). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  5. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: número 2, febrero de 1991, 19 (1991). 2 3 4 5
  6. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: número 1, enero de 1990, 96 (1990). 2 3 4 5
  7. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: número 3, marzo de 2000, 22 (2000).
  8. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: número 1, enero de 1990, 94 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9
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