La denominación «mártires pasionistas de Daimiel» designa al beato Niceforo Díez Tejerina y a sus veinticinco compañeros, miembros de la comunidad pasionista establecida en Daimiel, en la diócesis de Ciudad Real. La documentación pontificia los presenta como veintiséis siervos de Dios que afrontaron una muerte violenta por su fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia.3,1
El grupo pertenecía a una comunidad religiosa dedicada principalmente a la formación de jóvenes llamados al sacerdocio y a la actividad misionera. La mayoría de sus miembros tenía entre dieciocho y veintiún años. Vivían en un ambiente de retiro, estudio, oración y preparación para anunciar el Evangelio, especialmente en territorios americanos como México, Cuba y Venezuela.4,5
La comunidad estaba formada por estudiantes de filosofía, sacerdotes, profesores y hermanos religiosos. El ideal pasionista configuraba su espiritualidad: la contemplación de la Pasión de Cristo, la unión con la cruz y la disponibilidad para servir a la Iglesia. La Santa Sede los presentó como discípulos espirituales de san Pablo de la Cruz, fundador de la Congregación de la Pasión.3



