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Mártires pasionistas de Daimiel

Los mártires pasionistas de Daimiel fueron veintiséis religiosos de la Congregación de la Pasión de Jesucristo asesinados durante la persecución religiosa desencadenada en España en 1936. La Iglesia católica reconoció su martirio y los beatificó en Roma el 1 de octubre de 1989, durante el pontificado de san Juan Pablo II. Su memoria litúrgica tiene lugar el 23 de julio.1,2

Daimiel - Ermita del Cristo de la Luz (Padres Pasionistas) 03
Ver información de la imagenMonasterio de Cristo de la Luz en Daimiel; monumento conmemorativo de los 26 Mártires de Daimiel, c. 2020. Original, Zarateman, CC0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMártires pasionistas de Daimiel
CategoríaPersona
DescripciónVeintiséis religiosos de la Congregación de la Pasión asesinados en 1936
NacionalidadEspaña
Contexto HistóricoPersecución religiosa en España en 1936
Fecha de Beatificación1 de octubre de 1989
Fecha de Celebración23 de julio
Importancia EclesialReconocidos como mártires y beatificados por su fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia.
LugarDaimiel
Lugar de BeatificaciónRoma
Miembro de
  • Congregación de la Pasión de Jesucristo
  • Ciudad Real
Personas relacionadas
Personas RelacionadasNiceforo Díez Tejerina, Germán de Jesús y María, Felipe del Corazón de María, Maurilio del Niño Jesús, José de Jesús y María
TipoBeato, Grupo de mártires
UbicaciónDaimiel

Tabla de contenido

Identidad y significado del grupo

La denominación «mártires pasionistas de Daimiel» designa al beato Niceforo Díez Tejerina y a sus veinticinco compañeros, miembros de la comunidad pasionista establecida en Daimiel, en la diócesis de Ciudad Real. La documentación pontificia los presenta como veintiséis siervos de Dios que afrontaron una muerte violenta por su fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia.3,1

El grupo pertenecía a una comunidad religiosa dedicada principalmente a la formación de jóvenes llamados al sacerdocio y a la actividad misionera. La mayoría de sus miembros tenía entre dieciocho y veintiún años. Vivían en un ambiente de retiro, estudio, oración y preparación para anunciar el Evangelio, especialmente en territorios americanos como México, Cuba y Venezuela.4,5

La comunidad estaba formada por estudiantes de filosofía, sacerdotes, profesores y hermanos religiosos. El ideal pasionista configuraba su espiritualidad: la contemplación de la Pasión de Cristo, la unión con la cruz y la disponibilidad para servir a la Iglesia. La Santa Sede los presentó como discípulos espirituales de san Pablo de la Cruz, fundador de la Congregación de la Pasión.3

La comunidad del Cristo de la Luz

La casa pasionista de Daimiel se encontraba bajo la protección del Cristo de la Luz. El convento funcionaba como centro de formación religiosa y sacerdotal para jóvenes que aspiraban a la vida misionera. Su existencia cotidiana combinaba la disciplina comunitaria, la formación intelectual y la oración.4,1

La comunidad no desarrollaba una actividad política. La predicación pontificia sobre los mártires subrayó que aquellos religiosos no habían intervenido en cuestiones políticas y que su muerte estuvo vinculada a la persecución religiosa sufrida por la Iglesia en aquel contexto histórico.5,6

La juventud de muchos de los religiosos otorga un rasgo particular a este martirio. Varios todavía no habían alcanzado el sacerdocio y se preparaban para una vida de apostolado. La tradición litúrgica y espiritual de la Congregación interpreta su muerte como la consumación de una entrega que habían comenzado mediante la profesión religiosa, la oración y la formación.4,7

Persecución religiosa de 1936

El martirio de los pasionistas de Daimiel ocurrió en las primeras semanas de la guerra civil española, dentro de la persecución religiosa que afectó a sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos católicos. La Santa Sede relacionó estos acontecimientos con el deterioro de la situación de la Iglesia en España durante la década de 1930 y con la intensificación de la violencia en 1936.3

La comunidad vivió aquellos acontecimientos sin abandonar su condición religiosa. Los religiosos permanecieron unidos y afrontaron el peligro desde la oración y la celebración sacramental. El beato Niceforo, superior provincial, acudió a Daimiel al conocer la amenaza que pesaba sobre la comunidad.3

La noche del 21 al 22 de julio

Durante la noche del 21 al 22 de julio de 1936, un grupo armado llegó al convento del Cristo de la Luz. La presencia de los milicianos interrumpió el descanso de la comunidad y puso a los religiosos ante la posibilidad inmediata de la muerte.3

El padre Niceforo reunió a los religiosos en la iglesia. Allí recibieron la absolución, participaron en la oración comunitaria y recibieron la sagrada comunión como viático, es decir, como alimento espiritual para afrontar el tránsito de la muerte. El superior les ofreció también la posibilidad de abandonar el convento; ninguno quiso separarse de la comunidad.5,3

La escena recuerda, en la espiritualidad pasionista, la agonía de Cristo en Getsemaní. Niceforo animó a sus compañeros con una exhortación centrada en la presencia de Jesucristo y en la esperanza de encontrarse con él. Sus palabras presentaron el momento como un «Getsemaní» y llamaron a los religiosos a vivirlo con fortaleza, unión fraterna y fidelidad.5,6

La mayoría de los jóvenes había soñado con llegar al sacerdocio y ejercer el ministerio misionero. La predicación de la beatificación describió de forma simbólica su muerte como la «primera misa» de quienes todavía no habían podido celebrar su primera Eucaristía como sacerdotes.4,7

Dispersión y ejecuciones

Tras la salida forzosa del convento, los religiosos fueron separados en distintos grupos. Algunos fueron asesinados en Daimiel y otros trasladados a diferentes lugares. El proceso culminó con la muerte violenta de los miembros de la comunidad identificados como religiosos pasionistas.3,8

Entre los martirizados en Madrid figuraban varios religiosos que fueron reconocidos como miembros de la Congregación de la Pasión. Después de ser identificados como religiosos, recibieron la orden de descender en la estación ferroviaria de Carabanchel Bajo. Allí fueron fusilados durante la mañana del 23 de julio de 1936.8

El martirio no constituyó un episodio aislado dentro de la historia de la comunidad. La Santa Sede lo interpretó como el resultado de la fidelidad mantenida por los religiosos hasta el extremo, en continuidad espiritual con los mártires de los primeros siglos de la Iglesia.3,9

El beato Niceforo Díez Tejerina

El principal representante del grupo es el beato Niceforo Díez Tejerina, religioso pasionista y superior provincial. Su presencia en Daimiel durante los momentos decisivos permitió que acompañara personalmente a la comunidad. Antes de la dispersión, presidió la preparación espiritual de los religiosos y los exhortó a permanecer firmes en la fe.3,1

Niceforo no afrontó el peligro desde una posición de distancia. La exhortación que dirigió a sus compañeros también lo comprometía personalmente. Presentó a Jesucristo como la fuerza de los débiles y animó a todos a seguir el camino de la cruz. La tradición de la Congregación ha conservado sus palabras como expresión de la espiritualidad pasionista ante el martirio.5,6

Algunos miembros de la comunidad

La documentación de la Santa Sede recoge datos biográficos de varios compañeros de Niceforo.

Germán de Jesús y María

Germán de Jesús y María, cuyo nombre civil era Manuel Pérez Giménez, nació en Cornago en 1898. Profesó en la Congregación de la Pasión en 1915 y fue ordenado sacerdote en Roma en 1923. Ejerció su apostolado en Cuba y, desde 1935, desempeñó el cargo de rector de la casa de Daimiel.8

Felipe del Corazón de María

Felipe del Corazón de María, nacido Valcabado Granado, nació en San Martín de Rubiales en 1874. Ingresó en la Congregación de la Pasión, profesó en 1890 y recibió la ordenación sacerdotal en 1897. Trabajó en Cuba y España, ocupó responsabilidades de gobierno religioso y llegó a Daimiel como director espiritual de la comunidad. Era el miembro de mayor edad del grupo de Daimiel, con sesenta y dos años.8

Maurilio del Niño Jesús

Maurilio del Niño Jesús, cuyo nombre civil era Macho Rodríguez, nació en Villafría en 1915. Profesó en 1932 y llegó a Daimiel para completar sus estudios filosóficos. La documentación lo describe como un religioso de vida espiritual sencilla y serena, unido al destino martirial de sus compañeros.8

José de Jesús y María

Entre los religiosos identificados figura también José de Jesús y María, nacido Osés Sainz. Formó parte de la comunidad pasionista de Daimiel y murió junto con sus compañeros durante la persecución religiosa de 1936.8

Proceso de beatificación

La causa de beatificación presentó a Niceforo Díez Tejerina y a sus veinticinco compañeros como religiosos asesinados por su fidelidad a la fe católica y a la vida consagrada. La Iglesia estudió su trayectoria, las circunstancias de su muerte y la veneración cristiana asociada a su testimonio. La Santa Sede reconoció el carácter martirial de su muerte.3,1

La beatificación ocurrió en Roma el 1 de octubre de 1989. El papa Juan Pablo II elevó a los honores de los altares a los veintiséis mártires pasionistas de Daimiel junto con otros candidatos a la santidad.6,2,1

La ceremonia presentó su martirio como una manifestación de fidelidad a Cristo y como un testimonio de la fuerza de la fe en medio de la persecución. La Congregación de la Pasión recibió este acontecimiento como un reconocimiento a religiosos que habían hecho de la Pasión de Cristo el centro de su vida espiritual.2

Espiritualidad del martirio

La espiritualidad de los mártires de Daimiel está vinculada directamente al carisma pasionista. La Congregación de la Pasión contempla los sufrimientos de Jesucristo como expresión suprema del amor redentor y como fuente de conversión. Los mártires vivieron su muerte en continuidad con ese misterio, sin presentar la violencia como un valor en sí mismo, sino como una circunstancia padecida por permanecer fieles a su vocación religiosa.3,2

Su testimonio reúne varios elementos:

La Iglesia propone a estos mártires no como figuras de odio o enfrentamiento, sino como testigos de una fidelidad capaz de perdonar y de responder al mal con la entrega de la propia vida. Juan Pablo II presentó su martirio como una llamada a la conversión, al perdón y a la reconciliación.2

Culto y memoria litúrgica

La memoria de los mártires pasionistas de Daimiel se celebra el 23 de julio, fecha asociada al martirio de varios miembros de la comunidad y al conjunto de los acontecimientos que condujeron a su muerte. La Iglesia los venera como beatos y pide su intercesión ante Dios.1,10

Su culto conserva una dimensión especialmente significativa para la Congregación de la Pasión. Los religiosos pasionistas contemplan en ellos una expresión del carisma recibido de san Pablo de la Cruz: vivir centrados en la Pasión de Jesucristo y ofrecer la propia existencia al servicio de la Iglesia.3,2

Valor eclesial e histórico

Los mártires pasionistas de Daimiel forman parte del conjunto de testigos cristianos asesinados durante la persecución religiosa de la década de 1930. Su caso posee una dimensión histórica, porque refleja la violencia sufrida por comunidades religiosas, seminarios y casas de formación; y una dimensión eclesial, porque la Iglesia interpreta su muerte desde la fe en Cristo crucificado y resucitado.3,10

La edad de muchos de ellos, su preparación sacerdotal y su orientación misionera convierten a la comunidad de Daimiel en un testimonio particular de la vitalidad religiosa de la España del primer tercio del siglo XX. Aquellos jóvenes se formaban para evangelizar en América, pero su vocación encontró el martirio en su propia tierra.4,5

Para la Iglesia, el significado último de su muerte no termina en la violencia que padecieron. La predicación de la beatificación los presenta unidos a la cruz de Cristo y participantes de su victoria pascual. Su memoria invita a vivir la fe con perseverancia, a cultivar la reconciliación y a mantener la esperanza cristiana ante el sufrimiento.10

Citas y referencias

  1. Resumen, Dicasterio para las Causas de los Santos. Nicéforo y 25 compañeros: Biografía (1 de octubre de 1989), 1 (1989). 2 3 4 5 6 7
  2. Papa Juan Pablo II. A los peregrinos que habían venido a Roma para la beatificación de los religiosos pasionistas (2 de octubre de 1989) - Discurso, 4 (1989). 2 3 4 5 6 7
  3. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 1, enero, 1989, 118 (1989). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
  4. Papa Juan Pablo II. Geltrude Comensoli (1847-1903) - Homilía de beatificación, 2 (2009). 2 3 4 5
  5. Dicasterio para las Causas de los Santos. Francesca Anna Cirer Carbonell: Homilía de beatificación (1 de octubre de 1989), 2 (1989). 2 3 4 5 6 7
  6. Papa Juan Pablo II. 1 de octubre de 1989: Beatificación de Nicéforo y sus compañeros mártires, y de Lorenzo Salvi, Geltrude Comensoli y Francisca Ana Carbonell - Homilía, 2 (1989). 2 3 4
  7. Dicasterio para las Causas de los Santos. Lorenzo María Salvi: Homilía de beatificación (1 de octubre de 1989), 2 (1989). 2
  8. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 1, enero, 1989, 121 (1989). 2 3 4 5 6
  9. Dicasterio para las Causas de los Santos. Nicéforo y 25 compañeros: Homilía de beatificación (1 de octubre de 1989), 2 (1989).
  10. Papa Juan Pablo II. Inocencio de la Inmaculada (1887-1934) - Homilía de beatificación, 6 (1999). 2 3
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