La encíclica Mater et Magistra fue publicada en un período de rápidos cambios sociales, económicos y políticos a nivel mundial. Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo experimentaba una acelerada industrialización, el surgimiento de nuevas tecnologías, y una creciente conciencia sobre las desigualdades entre naciones ricas y en desarrollo1,2. El Papa Juan XXIII, consciente de estos desafíos, buscó actualizar la doctrina social de la Iglesia para que respondiera a las realidades contemporáneas, construyendo sobre los cimientos establecidos por sus predecesores1,3.
El propósito principal de Mater et Magistra fue reafirmar la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad humana y la justicia social, aplicándola a las nuevas circunstancias1. La Iglesia, como «Madre y Maestra de todas las naciones», tiene la tarea de dar vida a sus hijos y de enseñarles y guiarlos con cuidado maternal, tanto individualmente como a las naciones1,4. Aunque la preocupación primordial de la Iglesia es la salvación de las almas, también se ocupa de las necesidades de la vida diaria del hombre, su sustento, educación y bienestar temporal general1.
