Una cooperación verdadera, pero subordinada
La nota presenta la cooperación de María como real y maternal, pero subordinada a la misión de Cristo. Comienza con su aceptación en la Anunciación y queda unida a la vida y la misión de su Hijo. La tradición cristiana ha expresado esta relación mediante el paralelismo entre Eva y María: frente a la desobediencia de la primera, la fe de María aparece vinculada a la llegada de la salvación. La nota recoge este motivo patrístico y lo relaciona con la comparación paulina entre Adán y Cristo.
Esta cooperación no sitúa a María al mismo nivel que Jesucristo. Él es el Redentor; María, en cambio, recibe de Dios una participación singular en la obra de su Hijo. Por eso la nota distingue entre reconocer su participación y atribuirle una capacidad salvífica autónoma: la primera pertenece a la doctrina católica sobre su misión; la segunda desfiguraría la relación entre María y Cristo.
Maternidad espiritual e intercesión
La nota desarrolla la maternidad espiritual de María en relación con los discípulos y con la Iglesia. Su presencia maternal no queda reducida a un momento del pasado: los fieles pueden encomendarle sus necesidades y pedir su intercesión. Esta solicitud maternal ayuda a los cristianos a reconocer el amor del Padre, contemplar la entrega salvadora de Cristo y acoger la acción santificadora del Espíritu.
El documento expresa esta dimensión con una fórmula breve: «María, la primera discípula, es Madre». La maternidad de María no aparta de Cristo: su orientación cristiana conduce a los fieles hacia su Hijo. La nota recuerda que, en la tradición iconográfica y devocional, la presencia de María permanece relacionada con Jesús y dirigida hacia él.,
La intercesión mariana tiene, por tanto, un carácter maternal y subordinado. María presenta a su Hijo las necesidades humanas; no reemplaza su acción ni actúa como mediadora paralela. Esta interpretación concuerda con la explicación teológica de la mediación de María como una mediación que depende de Cristo y conduce a él.,