El llamado de Isaac y el viaje a Padan‑aram
Isaac instruyó a su hijo Jacob a no casarse con mujeres cananeas y le envió a la casa de su tío Labán para que tomara esposa entre sus hijas1. Este mandato subraya la importancia de la pureza de la descendencia y la continuidad de la promesa divina.
El encuentro con Raquel y el acuerdo con Labán
Jacob se enamoró de Raquel al verla junto al pozo y trabajó siete años para Labán con la esperanza de casarse con ella2. El pacto de servicio refleja la disposición del patriarca a sacrificar su tiempo por el amor y la voluntad de Dios.
