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Matrimonio sin sexo de mutuo acuerdo

El matrimonio sin sexo de mutuo acuerdo, también conocido como matrimonio virginal o matrimonio de continencia perfecta, es una forma válida y reconocida en la doctrina católica de la unión conyugal en la que los esposos, por consentimiento mutuo y libre, deciden abstenerse perpetua o temporalmente de las relaciones sexuales, manteniendo intactos los derechos recíprocos inherentes al sacramento del matrimonio. Esta práctica, aunque excepcional y reservada a casos de elevada virtud espiritual, se fundamenta en la Escritura, la tradición patrística, la teología escolástica y el Magisterio de la Iglesia, destacando ejemplos como el de la Sagrada Familia. No implica la nulidad del vínculo matrimonial, siempre que exista un pleno consentimiento a los bienes esenciales del matrimonio, y se presenta como un signo profético de la entrega total a Dios dentro del estado matrimonial.1,2,3

Tabla de contenido

Definición y características esenciales

El matrimonio sin sexo de mutuo acuerdo se define como aquella unión sacramental entre bautizados en la que los contrayentes consienten libremente en transferirse mutuamente los derechos conyugales —ius in corpus—, pero acuerdan, por pacto o voto común, no ejercerlos en actos sexuales. Esta abstinencia puede ser temporal (por motivos de oración o circunstancias vitales) o perpetua (como en los matrimonios virginales).

A diferencia de un matrimonio consumado, que incluye la unión carnal completa, este tipo preserva la virginidad física de los esposos, pero no por defecto de consentimiento, sino por una elección deliberada orientada al bien espiritual. La Iglesia lo considera válido porque el matrimonio se perfecciona por el consentimiento, no necesariamente por la consumación.4,5

Distinción con otras formas de continencia

Esta práctica exige rareza de virtud, ya que demanda un dominio heroico de los instintos y una orientación escatológica del amor conyugal.2

Fundamento bíblico

La Sagrada Escritura ofrece bases claras para esta forma de matrimonio. En la Primera Carta a los Corintios, San Pablo exhorta: «No os neguéis el uno al otro, a no ser de común acuerdo por algún tiempo, para dedicaros a la oración» (1 Cor 7,5). Este pasaje, interpretado por los Padres, permite la abstinencia mutua sin disolver el matrimonio.1,7,8

Otro fundamento implícito es el matrimonio de la Virgen María y San José, descrito en los Evangelios como no consumado. Ambos consintieron en el matrimonio abierto a la prole —bonum prolis—, pero Dios dispuso la continencia perpetua, preservando la virginidad de María. Este modelo ilustra que el vínculo conyugal trasciende lo carnal.5

La continencia mutua no destruye la esencia del amor conyugal, sino que lo eleva, como en el caso de la Sagrada Familia, donde la unión espiritual anticipa la vida celestial.7,5

Tradición patrística

Los Padres de la Iglesia desarrollaron esta doctrina tempranamente. Orígenes de Alejandría interpreta Mateo 18,19 refiriéndose al acuerdo de marido y mujer para abstenerse de relaciones corporales en favor de la oración, lo que atrae la bendición divina sin disolver el matrimonio.1

Clemente de Alejandría, en Stromata, explica que la continencia temporal por acuerdo fortalece la castidad y evita pecados, permitiendo perseverar en el propósito matrimonial con dignidad ante Dios.8

Estos textos patrísticos enfatizan que la abstinencia mutua es un incentivo a la concordia, no una ruptura, y se alinea con ejemplos veterotestamentarios de continencia ritual en el matrimonio.7

Doctrina escolástica y tomista

La teología medieval, especialmente Santo Tomás de Aquino, afirma que esposos no pueden prometer continencia sin consentimiento mutuo, pues el cuerpo del uno pertenece al otro (1 Cor 7,4). Un voto unilateral sería inválido y pecaminoso.6

Tomás distingue el matrimonio válido pero no consumado, como el de María y José: consintieron al matrimonio y a la prole implícitamente, pero permanecieron en «suspensión» corporal por voluntad divina. Esto valida la apertura al bonum prolis sin actos sexuales.5

La Escolástica reconoce matrimonios virginales donde se concede el ius ad rem (derecho al acto) pero se pacta no ejercerlo, preservando la indisolubilidad.4

Enseñanza del Magisterio

El Magisterio ha confirmado esta posibilidad:

En el Derecho Canónico, el matrimonio no consumado puede disolverse en casos extremos (ej. entrada en monasterio), pero el acuerdo mutuo lo ratifica como indisoluble ordinariamente.4

Ejemplos históricos y la Sagrada Familia

El paradigma es el matrimonio de María y José. Santa María consintió al matrimonio con apertura a la prole si Dios lo quisiera, pero su virginidad perpetua fue preservada milagrosamente. San José, como esposo fiel, aceptó esta continencia, modelando el amor casto.5

Otros ejemplos incluyen santos llamados del matrimonio al claustro antes de la consumación, como permite la tradición.4 En la historia, matrimonios virginales han existido en contextos eremíticos o de alta espiritualidad.

Requisitos canónicos y condiciones de validez

Para ser válido:

  1. Consentimiento pleno: A los tres bienes (prole, fidelidad, sacramento), sin exclusión del acto conyugal per se.2,5

  2. Mutuo acuerdo: Explícito sobre la abstinencia, sin coacción.6

  3. No como condición sine qua non: Evitar limitar derechos esenciales.2

  4. Virtud heroica: Recomendado discernimiento eclesial.2,3

RequisitoDescripciónFuente
Consentimiento mutuoTransferencia de derechos con pacto de no uso2,6
Apertura a la proleNo rechazo del bonum prolis5,11
Temporal o perpetuoPor oración o vocación especial1,3
IndisolubilidadVínculo sacramental intacto10

Si falta mutuo acuerdo, podría configurarse como pecado o vicio de consentimiento.6

Diferencias con nulidad, separación o anticoncepción

En la vida contemporánea, se relaciona con la teología del cuerpo de San Juan Pablo II, donde la continencia expresa amor donal.7

Presencia en la vida eclesial actual

Aunque rara, esta práctica se ve en movimientos de espiritualidad conyugal o parejas con vocación a la continencia por motivos pastorales. La Iglesia invita a la castidad conyugal como camino de santidad.12 Autores modernos como Koterski la ligan al espaciamiento natural de nacimientos y bienes familiares.3

En resumen, el matrimonio sin sexo de mutuo acuerdo es un tesoro de la tradición católica: un testimonio radical del amor que trasciende lo carnal, fiel a la Escritura y al Magisterio, y abierto siempre a la voluntad de Dios.

Citas

  1. Libro XII - La armonía del marido y la esposa, Orígenes de Alejandría. Comentario sobre Mateo, § 2. 2 3 4 5

  2. Aspecto moral y canónico del matrimonio, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Aspecto moral y canónico del matrimonio (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9

  3. Joseph W. Koterski, S.J. Reflexiones teológicas sobre la planificación familiar natural, § 12 (2008). 2 3 4 5 6 7 8

  4. El vínculo del matrimonio - De la carta «ex publico instrumento» al obispo de Brescia, de tiempo incierto, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), § 755 (1854). 2 3 4

  5. Peter Kwasniewski. San Tomás sobre la grandeza y limitaciones del matrimonio, § 5 (2012). 2 3 4 5 6 7

  6. Suplemento - De las cosas anexas al matrimonio, y primera del pago de la deuda matrimonial - ¿Pueden el marido y la esposa tomar un voto contrario a la deuda matrimonial sin su consentimiento mutuo? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, §Suplemento, Q. 64, A. 6, co. (1274). 2 3 4 5

  7. Karol Cardenal Wojtyła, et al. Los fundamentos de la doctrina de la Iglesia sobre los principios de la vida conyugal: Un memorando redactado por un grupo de teólogos morales de Cracovia, § 35 (2012). 2 3 4 5 6

  8. Libro III - Caput XII.— verba apostoli 1 Corintios 7:5, 39‑40, aliaque s. Scripturæ loca eodem spectantia explicat, Clemente de Alejandría. Los Stromata, §Caput XII. 2

  9. Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2360 (1992).

  10. Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2364 (1992). 2

  11. Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2366 (1992). 2 3

  12. Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2349 (1992). 2