Las ordenaciones fuera de la diócesis
Cuatro obispos egipcios -Hesiquio, Pacomio, Teodoro y Fileas- protestaron por la conducta de Melecio. Le reprocharon que conocía la norma que prohibía a un obispo ordenar fuera de su propia diócesis y que, aun así, había actuado sin autorización de Pedro de Alejandría. Los obispos alegaron que las comunidades afectadas ya contaban con representantes designados y que, si estos no cumplían adecuadamente su misión, Melecio debía haber presentado el asunto a los obispos encarcelados o haber solicitado autorización a Pedro.
La disputa no fue, por tanto, una mera cuestión administrativa. La ordenación de ministros para comunidades bajo la autoridad de otra sede alteraba la organización eclesial y ponía en duda la primacía de Alejandría en Egipto. Las acusaciones de rigorismo penitencial, por otra parte, apuntan a un desacuerdo sobre quién debía ser readmitido en la comunión eclesial y con qué condiciones. Las dos dimensiones -la disciplinaria y la jurisdiccional- deben distinguirse: una describe la controversia sobre la penitencia; la otra, el ejercicio de autoridad episcopal. Los relatos antiguos no ofrecen una explicación unánime que permita reducir el cisma a una sola causa.,
La controversia sobre los lapsi
Los lapsi-literalmente, «los caídos»- eran cristianos que, durante la persecución, habían apostatado o cedido a las exigencias de las autoridades romanas. La Iglesia tuvo que afrontar la cuestión de si podían reconciliarse y, en caso afirmativo, bajo qué disciplina penitencial. Una tradición atribuye el conflicto entre Melecio y Pedro a la inclinación del primero hacia medidas más severas; otros testimonios destacan sus ordenaciones fuera de la diócesis de Alejandría y su resistencia a la autoridad de Pedro.,
La severidad penitencial no explica por sí sola el cisma: los testimonios sobre el rigor de Melecio conviven con relatos que describen una disputa concreta por las ordenaciones y la jurisdicción. De igual modo, la dimensión jurisdiccional no elimina el trasfondo pastoral de la crisis, marcado por la persecución y el debate sobre la reconciliación de los apóstatas. Por eso, conviene evitar presentar el conflicto exclusivamente como una protesta de rigoristas contra la indulgencia de Pedro o exclusivamente como una ambición de poder.
Ruptura con Pedro de Alejandría
Tras recibir la protesta de los cuatro obispos, Melecio no compareció ante ellos ni ante Pedro. Más tarde acudió a Alejandría, apartó a representantes designados por Pedro y ordenó a otros clérigos. Pedro aconsejó a sus fieles que evitaran la comunión con Melecio hasta que pudiera examinar el caso.
Atanasio de Alejandría también describió a Melecio como autor de una conducta turbulenta y cismática. Atribuyó además a Melecio sacrificios a los ídolos y la denuncia de Pedro ante el emperador. Sin embargo, la tradición recogida en la Enciclopedia Católica considera que la acusación de apostasía debe tratarse con cautela: no figura en las actas del Concilio de Nicea y pudo relacionarse con los rumores provocados por la aparente inmunidad de Melecio durante la persecución.