La Basílica de Santa María la Mayor, conocida también como Santa Maria Maggiore o Nuestra Señora de las Nieves, es uno de los cuatro templos patriarcales de Roma y el más antiguo dedicado a la Virgen María. Su origen se remonta al pontificado de Liberio (352-366), quien, según la tradición, levantó una basílica en el lugar señalado milagrosamente por la nieve caída en pleno verano.3
Tras el Concilio de Éfeso (431), que proclamó a María como Theotokos, el papa Sixto III (432-440) restauró y embelleció el edificio, dedicándolo formalmente a la Madre de Dios. Esta intervención convirtió la iglesia en un símbolo de la fe mariana, con mosaicos antiguos que ilustran episodios de la infancia de Cristo y reliquias del Presepio (el pesebre navideño). Desde el siglo VII, se la denomina también Maria ad Præsepe, destacando su vínculo con la Encarnación.3
En los siglos posteriores, la basílica ha sido escenario de eventos clave: papas como Pablo VI, Juan Pablo II y Juan XXIII la han visitado para resaltar su primacía como santuario mariano universal, especialmente en años marianos y jubileos.4,5,6
Evolución arquitectónica y litúrgica
La estructura actual conserva elementos paleocristianos, con intervenciones barrocas que no alteran su esencia basilical. En la liturgia de dedicación, se emplean ritos antiguos como la aspersión de agua bendita y la inscripción alfabética en el pavimento, evocando tradiciones romanas documentadas en sacramentarios.7,8,9 Su Communicantes en el Canon Romano sintetiza la piedad eucarística y mariana de la Iglesia.10

