Las apariciones de Nuestra Señora de Fátima ocurrieron entre mayo y octubre de 1917 en la Cova da Iria, cerca de Fátima, un pequeño pueblo portugués. La Virgen se presentó a tres niños: Lucía dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto, todos analfabetos y de corta edad. Estos eventos se enmarcan en un contexto de Primera Guerra Mundial y tensiones sociales en Europa.2
Los videntes y el primer encuentro
Lucía, de diez años, Francisco, de nueve, y Jacinta, de siete, eran pastores humildes. El 13 de mayo de 1917, mientras cuidaban el rebaño, una «dama más brillante que el sol» apareció sobre un arbusto, identificándose como la Virgen María. Les pidió que regresaran el mismo día del mes durante seis meses y que recitaran el rosario diariamente por la paz.1,3 Esta primera visión marcó el inicio de un ciclo que culminaría en el llamado «Milagro del Sol» el 13 de octubre.
Desarrollo de las apariciones mensuales
En cada aparición subsiguiente, la Virgen insistió en temas como la penitencia, la oración y la consagración al Inmaculado Corazón. Reveló visiones del infierno, predijo el fin de la guerra y alertó sobre un mayor conflicto si no se atendía su mensaje. En julio, confió el llamado «secreto de Fátima» en tres partes, que incluía profecías sobre persecuciones a la Iglesia y la necesidad de consagración de Rusia.2,3
El 13 de octubre, ante unos 70.000 testigos, ocurrió el prodigio solar: el sol «danzó», cambió de colores y pareció precipitarse sobre la multitud, confirmando la autenticidad para muchos.4

