La devoción medieval a los dolores de María
Durante la Edad Media creció la meditación sobre la Pasión de Cristo y sobre la presencia de María en el Calvario. La espiritualidad cristiana contempló el dolor de la Madre como expresión de su amor y de su fidelidad, no como un sufrimiento separado del de Jesús.
La Orden de los Siervos de María, fundada en el siglo XIII, cultivó desde sus comienzos una especial devoción a los sufrimientos de la Virgen. Sin embargo, la primera fiesta litúrgica relacionada con los Dolores de María no nació directamente como una celebración universal de los servitas.
La antigua fiesta de la Compassio
En 1413, un sínodo provincial celebrado en Colonia promovió una celebración dedicada a la angustia y al dolor de María durante la crucifixión y muerte de Cristo. La fiesta recibió diversos nombres, entre ellos Compassio, Transfixio, Lamentatio y Commendatio de la Virgen. En su forma inicial, el objeto principal no consistía todavía en los siete episodios de toda la vida de María, sino en su sufrimiento junto a la cruz.
Durante los siglos XV y XVI, distintas diócesis celebraron esta conmemoración en fechas diversas, especialmente durante el tiempo pascual. Algunas formularon el objeto de la fiesta en torno a cinco dolores relacionados con la Pasión; otras ampliaron la devoción hasta abarcar siete dolores, desde la profecía de Simeón hasta la sepultura de Jesús.
La fiesta recibió diferentes denominaciones y celebraciones locales. En 1668, los servitas obtuvieron una celebración propia en septiembre dedicada a los Siete Dolores. Más tarde, la devoción se extendió a otros territorios y alcanzó progresivamente una presencia más amplia en la Iglesia latina.
La fiesta universal de los Siete Dolores
En 1727, Benedicto XIII extendió a toda la Iglesia latina una fiesta bajo el título de Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María. Aunque el título aludía a los siete dolores, los textos litúrgicos conservaron una relación muy estrecha con la compasión de María al pie de la cruz.
La historia de esta extensión no debe confundirse con la institución de la memoria actual del 15 de septiembre. Durante mucho tiempo coexistieron dos celebraciones:
- Una conmemoración más antigua, vinculada especialmente al viernes de la semana de Pasión y centrada en la Compassio de María durante la crucifixión.
- Una fiesta de septiembre, promovida inicialmente en el ámbito servita y dedicada de manera más explícita a los Siete Dolores.
La tradición litúrgica anterior llegó a celebrar los Dolores de María en dos momentos del año. La celebración de septiembre quedó vinculada al tercer domingo de septiembre y posteriormente al 15 de septiembre.
La reforma del calendario romano
La reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II simplificó el calendario y conservó el 15 de septiembre como memoria de Nuestra Señora de los Dolores. La celebración actual no reproduce sin más la antigua fiesta de los Siete Dolores ni constituye una simple duplicación del viernes de Pasión.
Pablo VI presentó la conmemoración del 15 de septiembre como una ocasión adecuada para revivir un momento decisivo de la historia de la salvación y venerar, junto al Hijo elevado en la cruz, a su Madre dolorosa.