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Memoria de Nuestra Señora de los Dolores

La Memoria de Nuestra Señora de los Dolores se celebra cada 15 de septiembre en el calendario litúrgico romano. La Iglesia contempla en María la madre unida a Cristo en su Pasión, especialmente junto a la cruz, y recuerda su participación maternal en el misterio de la salvación. La celebración actual procede de una historia litúrgica compleja, relacionada con las antiguas fiestas de la Compassio y de los Siete Dolores de la Virgen.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMemoria de Nuestra Señora de los Dolores
CategoríaEvento
DescripciónConmemoración mariana que recuerda la unión de María con Cristo en la Pasión, celebrada el 15 de septiembre en el calendario romano. La Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, con rango de memoria litúrgica, se celebra el 15 de septiembre, inmediatamente después de la Exaltación de la Santa Cruz. Recuerda la participación maternal de María en el misterio de la salvación, vinculada a los Siete Dolores y a la Compassio de la Virgen durante la Pasión. Modelo de compasión y fidelidad; María comparte el dolor de Cristo, ofreciendo esperanza y acompañamiento a los que sufren
Referencias
  • Profecía de Simeón (Lc 2,34-35), huida a Egipto (Mt 2,13-15), pérdida y hallazgo en el templo (Lc 2,41-50), acompañamiento al Calvario, crucifixión (Jn 19,25-27), descenso y sepultura de Jesús (Mt 27,57-61
  • Mc 15,42-47
  • Lc 23,50-56
  • Jn 19,38-42).
Contexto HistóricoOriginada en la Edad Media, consolidada en la liturgia romana a través de decretos pontificales y reformas del Concilio Vaticano II, refleja la evolución de la piedad popular y la enseñanza oficial de la Iglesia sobre la participación mariana en la Pasión.
DesarrolloDurante los siglos XV-XVI la fiesta se celebró en distintas fechas; en el siglo XIX se estructuró la Via Matris de siete estaciones; la reforma litúrgica post-Vaticano II (Pablo VI) mantuvo el 15 de septiembre como memoria obligatoria.
Enseñanzas PrincipalesFidelidad de María al acompañar a Cristo; compasión hacia el sufrimiento ajeno; esperanza en la Resurrección.
Fecha de Celebración15 de septiembre
Importancia EclesialMemoria obligatoria que subraya la unión de la Madre de la Iglesia con el Hijo redentor y promueve la compasión y la esperanza entre los fieles.
OrigenDevoción medieval a los dolores de María; primera conmemoración como Compassio en 1413 en un sínodo de Colonia; celebración propia de los Siervos de María en el siglo XIII; fiesta universal de los Siete Dolores establecida por Benedicto XIII en 1727.
RepresentaciónImagen de María con rostro afligido, manos unidas o abiertas, espada atravesando el corazón y siete espadas, vestiduras oscuras, a veces al pie de la cruz o sosteniendo el cuerpo de Jesús (Piedad).
SimbolismoNúmero siete que representa plenitud; espada atravesando el corazón y siete espadas alrededor del corazón como símbolos de los Siete Dolores.
TipoFiesta litúrgica, Memoria, Memoria litúrgica
Uso LitúrgicoCelebración en la Eucaristía con lecturas propias, rosario de los Siete Dolores, Via Matris, cantos como el Stabat Mater; se vincula al Exaltación de la Santa Cruz del día anterior.

Tabla de contenido

Denominación y fecha

La celebración recibe en español los nombres de Nuestra Señora de los Dolores, Virgen de los Dolores y Santa María Dolorosa. El Martyrologium Romanum la sitúa el 15 de septiembre con el título «Santa María Virgen de los Dolores» y la presenta como la Madre que permaneció junto a la cruz, íntimamente asociada a la Pasión salvadora de su Hijo.1

La fecha sigue inmediatamente a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, celebrada el 14 de septiembre. Esta disposición del calendario favorece una lectura conjunta: la cruz manifiesta la entrega redentora de Cristo y, al día siguiente, la liturgia contempla a María unida a su Hijo en el sufrimiento y en la fidelidad.

La celebración tiene rango de memoria litúrgica en el rito romano. No constituye una segunda celebración de la Pasión de Cristo, sino una conmemoración mariana vinculada inseparablemente al misterio pascual.

Fundamento bíblico

La devoción a Nuestra Señora de los Dolores se apoya principalmente en varios episodios evangélicos y en la profecía de Simeón.

La profecía de Simeón

En la presentación de Jesús en el templo, Simeón anuncia a María que una espada atravesará su alma (Lc 2,34-35). Esta profecía ofrece la clave bíblica de toda la espiritualidad de los Dolores: la maternidad de María quedará unida a la contradicción que acompañará la misión de su Hijo.

La espada no representa solo un dolor privado. Expresa la participación de María en el drama de la salvación y en la división que provoca la presencia de Cristo en el mundo. La tradición cristiana entendió progresivamente esta profecía como una anticipación de la Pasión.

La huida a Egipto

El peligro que amenaza al Niño Jesús obliga a María y a José a huir a Egipto (Mt 2,13-15). La persecución de Herodes introduce en la vida familiar de Jesús una experiencia de exilio, inseguridad y pobreza. La piedad mariana incluyó este episodio entre los Dolores porque manifiesta la vulnerabilidad de la Sagrada Familia y la constante unión de María con el destino de su Hijo.

Jesús perdido y hallado en el templo

Cuando Jesús tiene doce años, María y José lo buscan durante tres días antes de encontrarlo en el templo de Jerusalén (Lc 2,41-50). El evangelio conserva la angustia de María: «Tu padre y yo te buscábamos angustiados». La escena anticipa la separación de la muerte y muestra que la fe de María avanzó también a través de la incomprensión y la búsqueda.

El camino hacia el Calvario

Los evangelios sinópticos y el Evangelio según san Juan presentan la marcha de Jesús hacia el lugar de la crucifixión. La tradición contempla a María acompañando a su Hijo en este camino. Aunque los evangelios no describen con detalle un encuentro entre ambos durante el trayecto, la piedad cristiana lo ha expresado especialmente en la cuarta estación del vía crucis.

María junto a la cruz

El Evangelio según san Juan sitúa a María junto a la cruz de Jesús, acompañada por otras mujeres y por el discípulo amado (Jn 19,25-27). Este pasaje ocupa el centro de la memoria litúrgica. María no abandona a su Hijo cuando la misión terrena de Jesús llega a su aparente fracaso, sino que persevera junto a él.

El Concilio Vaticano II enseña que María avanzó en su peregrinación de fe y permaneció fielmente unida a su Hijo hasta la cruz.2 Juan Pablo II explicó que esa unión alcanzó su culminación en el Calvario, donde María sufrió con su Hijo y unió su dolor maternal a la entrega de Cristo.3

La sepultura de Jesús

La tradición de los Siete Dolores incluye también el descendimiento de Cristo de la cruz y su sepultura. Los evangelios narran que José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús y lo depositó en un sepulcro nuevo (Mt 27,57-61; Mc 15,42-47; Lc 23,50-56; Jn 19,38-42). La iconografía cristiana ha representado este momento mediante la Piedad, la Virgen de la Quinta Angustia y otras imágenes de María con el cuerpo de su Hijo.

Los Siete Dolores de la Virgen

La tradición devocional agrupó en siete episodios principales los sufrimientos de María:

  1. La profecía de Simeón en la presentación de Jesús en el templo.
  2. La huida a Egipto ante la persecución de Herodes.
  3. La pérdida de Jesús en Jerusalén y su hallazgo en el templo.
  4. El encuentro de María con Jesús camino del Calvario.
  5. La crucifixión y muerte de Jesús.
  6. El descendimiento de Jesús de la cruz.
  7. La sepultura de Jesús.

El número siete posee un valor simbólico en la tradición bíblica y cristiana: expresa plenitud. La lista no pretende agotar todos los sufrimientos de María, sino ofrecer una síntesis contemplativa de su itinerario de fe.

La liturgia y la piedad popular relacionan la vida de María con la de Cristo desde la profecía de Simeón hasta la muerte y sepultura de Jesús. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia denomina a María «mujer de dolores» y recuerda que la tradición cristiana distinguió siete momentos particulares de su sufrimiento.4

Historia litúrgica

La devoción medieval a los dolores de María

Durante la Edad Media creció la meditación sobre la Pasión de Cristo y sobre la presencia de María en el Calvario. La espiritualidad cristiana contempló el dolor de la Madre como expresión de su amor y de su fidelidad, no como un sufrimiento separado del de Jesús.

La Orden de los Siervos de María, fundada en el siglo XIII, cultivó desde sus comienzos una especial devoción a los sufrimientos de la Virgen. Sin embargo, la primera fiesta litúrgica relacionada con los Dolores de María no nació directamente como una celebración universal de los servitas.

La antigua fiesta de la Compassio

En 1413, un sínodo provincial celebrado en Colonia promovió una celebración dedicada a la angustia y al dolor de María durante la crucifixión y muerte de Cristo. La fiesta recibió diversos nombres, entre ellos Compassio, Transfixio, Lamentatio y Commendatio de la Virgen. En su forma inicial, el objeto principal no consistía todavía en los siete episodios de toda la vida de María, sino en su sufrimiento junto a la cruz.5

Durante los siglos XV y XVI, distintas diócesis celebraron esta conmemoración en fechas diversas, especialmente durante el tiempo pascual. Algunas formularon el objeto de la fiesta en torno a cinco dolores relacionados con la Pasión; otras ampliaron la devoción hasta abarcar siete dolores, desde la profecía de Simeón hasta la sepultura de Jesús.

La fiesta recibió diferentes denominaciones y celebraciones locales. En 1668, los servitas obtuvieron una celebración propia en septiembre dedicada a los Siete Dolores. Más tarde, la devoción se extendió a otros territorios y alcanzó progresivamente una presencia más amplia en la Iglesia latina.5

La fiesta universal de los Siete Dolores

En 1727, Benedicto XIII extendió a toda la Iglesia latina una fiesta bajo el título de Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María. Aunque el título aludía a los siete dolores, los textos litúrgicos conservaron una relación muy estrecha con la compasión de María al pie de la cruz.5

La historia de esta extensión no debe confundirse con la institución de la memoria actual del 15 de septiembre. Durante mucho tiempo coexistieron dos celebraciones:

  • Una conmemoración más antigua, vinculada especialmente al viernes de la semana de Pasión y centrada en la Compassio de María durante la crucifixión.
  • Una fiesta de septiembre, promovida inicialmente en el ámbito servita y dedicada de manera más explícita a los Siete Dolores.

La tradición litúrgica anterior llegó a celebrar los Dolores de María en dos momentos del año. La celebración de septiembre quedó vinculada al tercer domingo de septiembre y posteriormente al 15 de septiembre.6

La reforma del calendario romano

La reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II simplificó el calendario y conservó el 15 de septiembre como memoria de Nuestra Señora de los Dolores. La celebración actual no reproduce sin más la antigua fiesta de los Siete Dolores ni constituye una simple duplicación del viernes de Pasión.

Pablo VI presentó la conmemoración del 15 de septiembre como una ocasión adecuada para revivir un momento decisivo de la historia de la salvación y venerar, junto al Hijo elevado en la cruz, a su Madre dolorosa.7

La Compassio de María

La palabra latina Compassio significa literalmente padecer con. En la teología y en la espiritualidad marianas designa la participación interior de María en el sufrimiento de Cristo. No significa que María padeciera una pasión idéntica a la de Jesús ni que poseyera una capacidad redentora independiente.

La compasión de María comprende varios aspectos:

  • Unión afectiva, porque el dolor de Jesús alcanza profundamente el corazón de su Madre.
  • Unión de fe, porque María permanece junto a Cristo cuando muchos discípulos han huido.
  • Unión maternal, porque la víctima de la cruz es el Hijo que ella recibió y educó.
  • Unión obediencial, porque acepta el designio de Dios sin sustituir la acción salvadora de Cristo.
  • Unión eclesial, porque en el Calvario recibe una misión maternal respecto de los discípulos.

Benedicto XVI describió a María como la mujer que comparte la compasión de su Hijo por los pecadores. También relacionó el dolor de María con la misión maternal que Jesús le confía desde la cruz respecto de sus discípulos.8

La Compassio no glorifica el sufrimiento por sí mismo. El dolor adquiere sentido cristiano cuando queda unido al amor, a la fidelidad y a la esperanza pascual. María no permanece encerrada en el duelo: la Iglesia la contempla como la mujer que participa en el misterio de la cruz y vive después la alegría de la Resurrección.

Compassio y «corredención»

Un término que exige precisión

La palabra corredención y el título corredentora han aparecido en ciertos autores, himnos, oraciones y documentos pontificios de épocas determinadas. El término pretende expresar la cooperación singular de María en la obra salvadora de Cristo, pero puede inducir a error si presenta a María como una redentora paralela o situada al mismo nivel que Jesús.

La nota doctrinal Mater Populi fidelis, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en 2025, recuerda que los teólogos han entendido el título corredentora de maneras diversas. Algunas interpretaciones hablan de una cooperación muy cercana a la redención objetiva; otras la limitan a su consentimiento en la Anunciación; otras la entienden como una cooperación receptiva y representativa de la Iglesia.9

La doctrina católica mantiene siempre la primacía absoluta de Cristo. Jesús es el único Redentor: su encarnación, su cruz y su resurrección constituyen la obra redentora propiamente dicha. María recibe toda gracia de Cristo y coopera con él por gracia, subordinación y dependencia.

El sentido legítimo de la cooperación mariana

La cooperación de María aparece en distintos momentos de la historia de la salvación:

  • En su consentimiento a la Anunciación.
  • En su maternidad respecto del Hijo de Dios.
  • En su unión perseverante con Cristo.
  • En su presencia junto a la cruz.
  • En su acompañamiento de la Iglesia naciente.

Juan Pablo II explicó que María unió su sufrimiento maternal a la ofrenda sacerdotal de Cristo, pero también afirmó que permanecía subordinada a su Hijo, protagonista de la Redención.3

Por tanto, la Compassio es una expresión teológicamente clara para describir la participación dolorosa y amorosa de María en la Pasión. En cambio, corredención requiere una explicación precisa para evitar cualquier equiparación entre María y Cristo.

La nota doctrinal de 2025 recuerda además que, después de una consulta doctrinal celebrada en 1996, Juan Pablo II dejó de emplear el título corredentora. El título tampoco aparece en su encíclica Redemptoris Mater, dedicada especialmente a la función de María en la obra de la salvación.10

María, nueva Eva

El Martyrologium Romanum relaciona la obediencia de María con la figura de la nueva Eva: así como la desobediencia de la primera mujer quedó asociada a la entrada de la muerte, la obediencia de María queda asociada a la llegada de la vida en Cristo.1

Esta comparación no coloca a María al mismo nivel que Cristo. La analogía funciona de modo subordinado: Eva aparece como figura de la humanidad que participa en la caída; María, como mujer creyente que coopera con la gracia y acoge la misión recibida de Dios. Cristo conserva el papel único y decisivo de Salvador.

La presencia de María en el Calvario manifiesta esta obediencia hasta el extremo. Su fidelidad no añade una redención independiente, pero revela la fecundidad de la gracia y la posibilidad de unir la propia vida al sacrificio de Cristo.

La dimensión eclesial de la memoria

La memoria de Nuestra Señora de los Dolores posee un significado eclesial. María representa a la Iglesia que permanece junto a Cristo en la prueba, acompaña a quienes sufren y espera la victoria de la Pascua.

La Iglesia contempla en María:

  • La perseverancia cuando la fe atraviesa la oscuridad.
  • La fidelidad ante el sufrimiento injusto.
  • La maternidad espiritual recibida en relación con los discípulos.
  • La esperanza que no desaparece ante la muerte.
  • La unión entre la cruz y la resurrección.

La celebración también ofrece consuelo a quienes sufren. María aparece como madre cercana a los enfermos, a las víctimas de la violencia, a quienes han perdido a un hijo y a quienes experimentan abandono, persecución o soledad. La devoción cristiana no convierte a María en una figura de resignación pasiva, sino en testimonio de una fe que permanece activa en medio del dolor.

La Via Matris

La Via Matris dolorosae, o simplemente Via Matris, nació como una práctica devocional inspirada en el vía crucis. Consiste en meditar el camino de María desde la profecía de Simeón hasta la muerte y sepultura de Jesús mediante siete estaciones correspondientes a los Siete Dolores. Su forma actual quedó configurada principalmente en el siglo XIX y recibió aprobación de la Santa Sede.4

La Via Matris no sustituye a la liturgia. Pertenece a la piedad popular y puede armonizar con la celebración litúrgica cuando conduce a la contemplación de Cristo y evita presentar los dolores de María de forma aislada.

Una celebración de la Via Matris suele incluir:

  1. Una invocación inicial.
  2. La proclamación de un pasaje bíblico.
  3. Una meditación sobre uno de los Dolores.
  4. Un momento de silencio.
  5. Una oración mariana.
  6. Una súplica por quienes sufren.
  7. El canto de una estrofa del Stabat Mater u otro himno apropiado.

El Stabat Mater

El himno medieval Stabat Mater expresa la contemplación de María junto a la cruz. Su texto presenta a la Madre afligida y pide participar espiritualmente en el sufrimiento de Cristo. La tradición litúrgica lo vinculó especialmente a las celebraciones de los Dolores de la Virgen.5

El himno no pretende sustituir el anuncio pascual. La contemplación del dolor conduce a la conversión, a la compasión por los que sufren y a una unión más profunda con Cristo crucificado y resucitado.

Iconografía

La imagen más difundida de Nuestra Señora de los Dolores representa a María con:

  • El rostro afligido.
  • Las manos unidas o abiertas.
  • Una espada atravesando el corazón.
  • Siete espadas alrededor del corazón.
  • Vestiduras oscuras.
  • El corazón visible como signo de su amor herido.

Las siete espadas constituyen un símbolo de los siete Dolores. Algunas imágenes muestran a María al pie de la cruz; otras la representan con el cuerpo muerto de Jesús en sus brazos, como ocurre en las representaciones de la Piedad. También aparecen imágenes de la Virgen de la Soledad, que acentúan el dolor de María después de la sepultura de su Hijo.

La iconografía debe conservar el vínculo entre María y Cristo. El dolor mariano no constituye un tema autónomo desligado de la cruz, sino una forma de contemplar la profundidad humana y maternal del misterio pascual.

Significado espiritual

Nuestra Señora de los Dolores enseña que la fe no elimina automáticamente el sufrimiento, pero permite vivirlo en comunión con Cristo. María no recibe explicaciones completas sobre todos los acontecimientos que la afectan; camina en la fe y permanece fiel.

Su figura ofrece varias enseñanzas espirituales:

Fidelidad

María permanece junto a Jesús cuando la cruz revela la dureza del rechazo humano. Su fidelidad no depende del éxito visible ni de la aprobación de la multitud.

Compasión

La Compassio invita a mirar el sufrimiento ajeno sin indiferencia. María contempla el dolor de su Hijo y la Iglesia aprende de ella a acercarse a los heridos del cuerpo y del alma.

Esperanza

El dolor del Viernes Santo no constituye la última palabra. María, asociada a la Pasión, pertenece también a la comunidad de la Resurrección. La memoria litúrgica orienta desde el sufrimiento hacia la victoria de Cristo.

Maternidad espiritual

Desde la cruz, Jesús confía su Madre al discípulo amado y el discípulo la recibe. La tradición católica contempla en este gesto una dimensión maternal de María respecto de los discípulos de Cristo. El dolor del Calvario queda así unido a una nueva fecundidad espiritual.

Relación con otras celebraciones marianas

La memoria del 15 de septiembre guarda relación con varias celebraciones:

  • Presentación del Señor, el 2 de febrero, donde la profecía de Simeón anuncia el dolor futuro de María.
  • Anunciación del Señor, el 25 de marzo, donde María consiente libremente a la encarnación.
  • Viernes de Pasión, dentro de la Semana Santa, vinculado históricamente a la antigua conmemoración de la Compassio.
  • Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, que precede inmediatamente a la memoria.
  • Asunción de la Virgen, el 15 de agosto, que manifiesta la glorificación de aquella que permaneció unida a Cristo.

Pablo VI incluyó la memoria de Nuestra Señora de los Dolores entre las celebraciones que recuerdan acontecimientos salvadores en los que María aparece estrechamente asociada a su Hijo.7

Véase el sentido de la celebración en la tradición católica

La Memoria de Nuestra Señora de los Dolores no propone una devoción centrada en el sufrimiento por sí mismo. Su finalidad consiste en contemplar a María unida a Cristo en la hora de la cruz, reconocer la primacía absoluta de la redención realizada por Jesús y aprender de la Madre una fe perseverante, compasiva y esperanzada.

La antigua fiesta de los Siete Dolores y la actual memoria obligatoria del 15 de septiembre pertenecen a momentos distintos de la historia litúrgica. La primera tuvo expresiones diversas y estuvo inicialmente vinculada a la Compassio de María durante la Pasión; la segunda conserva la memoria mariana en el calendario romano y la sitúa junto a la celebración de la Santa Cruz. Ambas tradiciones convergen en una verdad central: María permaneció unida a su Hijo en el sufrimiento, y su dolor maternal quedó integrado, siempre de manera subordinada a Cristo, en el misterio de la salvación.

Citas y referencias

  1. B15 de septiembre, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Martyrologio Romano (2004), 15 de septiembre (2004). 2
  2. Viaje apostólico a los Estados Unidos de América y Canadá - Celebración eucarística para los fieles de la provincia eclesiástica de Los Ángeles, Papa Juan Pablo II. 15 de septiembre de 1987, Celebración eucarística para los fieles de la provincia eclesiástica de Los Ángeles, 2 (1987).
  3. María se unió a la ofrenda de Jesús, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 2 de abril de 1997, 2 (1997). 2
  4. Parte dos: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo cuatro: El año litúrgico y la piedad popular - Cuaresma - La via matris, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 136 (2002). 2
  5. Festividades de las siete dolores de la bienaventurada virgen María. Enciclopedia Católica, Festividades de las Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María (1913). 2 3 4
  6. B15: Las siete dolores de la bienaventurada virgen María, Alban Butler. Vidas de los santos de Butler: Volumen III, 558 (1990).
  7. Parte uno - Sección uno - La bienaventurada virgen en la liturgia romana revisada, Papa Pablo VI. Marialis Cultus, 7 (1974). 2
  8. Celebración eucarística para los enfermos en la explanada frente a la basílica de Nuestra Señora del Rosario en Lourdes, Papa Benedicto XVI. 15 de septiembre de 2008: Celebración eucarística para los enfermos en la explanada frente a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario en Lourdes, 1 (2008).
  9. Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Mater Populi fidelis - Nota doctrinal sobre algunos títulos marianos respecto a la cooperación de María en la obra de la Salvación (4 de noviembre de 2025), 20 (2025).
  10. Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Mater Populi fidelis - Nota doctrinal sobre algunos títulos marianos respecto a la cooperación de María en la obra de la Salvación (4 de noviembre de 2025), 21 (2025).
Modificado el 11 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.59 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/rmbz03gmv

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