El concepto de «memorial» en la tradición bíblica, conocido en hebreo como zikkarôn, es fundamental para comprender el memorial eucarístico1. No es simplemente recordar un evento que ya no existe, sino la proclamación de las grandes obras de Dios que, en la celebración litúrgica, se hacen presentes y reales1. En el Antiguo Testamento, el zikkarôn por excelencia de las obras de Dios en la historia era la liturgia de la Pascua del Éxodo2. Cada vez que el pueblo de Israel celebraba la Pascua, Dios les ofrecía efectivamente los dones de la libertad y la salvación2. En este rito pascual, la memoria divina y la memoria humana convergen: la gracia salvífica de Dios y la fe agradecida del hombre2.
Jesús mismo instituyó este memorial en la Última Cena, cuando dijo a sus apóstoles: «Haced esto en memoria mía» (Lucas 22,19; 1 Corintios 11,24-25)3,4. Estas palabras establecen la Eucaristía como el memorial por excelencia de la Pascua cristiana3.
