Antecedentes de las devociones mensuales
Durante la Edad Media, la vida litúrgica y la piedad de los fieles mantenían una relación muy estrecha. La participación en el oficio divino, la misa, las procesiones y otras celebraciones integraba buena parte de la vida religiosa cotidiana. Más tarde, especialmente desde el siglo XVI, numerosas prácticas devocionales adquirieron un desarrollo propio: el rosario, las letanías, los viacrucis, las novenas y los ejercicios vinculados a determinados días o periodos del año.
Dentro de esa evolución aparecieron las devociones mensuales, que dedicaban un mes entero a un misterio de la fe, a Cristo, a la Virgen María o a un santo. La tradición católica llegó a asociar distintos meses con devociones concretas: marzo con san José, mayo con la Virgen María, junio con el Sagrado Corazón y octubre especialmente con el rosario.,
Los colegios jesuitas del siglo XVIII
La forma moderna del Mes de María suele situarse en el ambiente de los colegios de la Compañía de Jesús. El relato histórico más difundido atribuye al padre Latomia, del Colegio Romano, la iniciativa de dedicar el mes de mayo a la Virgen para fortalecer la vida cristiana de los estudiantes frente a la irreligión y la inmoralidad. La práctica se extendió posteriormente a otros colegios jesuitas y, desde ellos, a numerosas iglesias del rito latino.
La datación exige cierta precisión. Algunas exposiciones históricas sitúan la adopción de la consagración de mayo a la Virgen ya en el siglo XVII, mientras que la forma organizada y expansiva vinculada a los colegios jesuitas corresponde principalmente al siglo XVIII y al tránsito hacia la época contemporánea.
Por tanto, conviene distinguir entre:
- Los antecedentes medievales y modernos de la piedad mariana y de las devociones vinculadas a determinados tiempos.
- La configuración del Mes de María como ejercicio mensual estable, impulsada por los colegios jesuitas.
- Su difusión generalizada por parroquias, congregaciones, asociaciones y familias católicas.
La tradición jesuita favoreció la educación religiosa de la juventud mediante congregaciones marianas, prácticas de oración y la colocación de los estudios bajo el patrocinio de la Virgen, a quien veneraba como Reina de la Pureza.
Difusión en la Iglesia latina
La práctica se propagó desde Roma y los centros educativos jesuitas a otras regiones de Europa y, posteriormente, a América, África, Asia y Oceanía. Su expansión recibió el apoyo de libros de devoción, manuales parroquiales, congregaciones marianas, escuelas católicas y asociaciones laicales.
Con el tiempo, mayo adquirió un carácter familiar y comunitario. Muchas parroquias organizaron altares marianos, rosarios vespertinos, procesiones y actos de consagración. En numerosos lugares, los niños participaron en la llamada coronación de mayo, que expresaba mediante una corona de flores el reconocimiento de María como Madre y Reina.