La instauración del mes de mayo
El mes de mayo se reconoce como la primera devoción mariana extendida a lo largo de todo un mes. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando el padre Latomia de la Compañía de Jesús, preocupado por la inmoralidad entre los estudiantes, hizo un voto de dedicar el mes de mayo a la Virgen para contrarrestar la falta de fe y moralidad1. Desde entonces la práctica se difundió rápidamente a los colegios jesuitas y, posteriormente, a la mayor parte de las parroquias del rito latino, convirtiéndose en la devoción mariana más antigua que abarca un mes completo1.
Directrices de la Congregación para el Culto Divino
El documento Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia señala que la observancia de un «mes mariano» debe armonizarse con la liturgia y adaptarse a la madurez de los fieles2. En el caso de mayo, se sugiere que los ejercicios píos destaquen la participación de María en el misterio pascual (Juan 19, 25‑27) y en Pentecostés (Hechos 1, 14), resaltando su papel como madre del Señor y de la Iglesia2.

